Abadía, la joya maltratada de la Alta Extremadura
Carla Martín Bouzón. Redactora Jefe de LA ALDABA.

Hace unos años visitaba los antiguos jardines y el palacio de Sotofermoso, en la población vecina de Abadía (Cáceres), para conocer la importancia histórica y arquitectónica que tiene entre sus maltrechas piedras esta joya de la arquitectura del Siglo de Oro español. Piedras milenarias que posiblemente fueron traídas por las bestias por el camino milenario de la Vía de la Plata, desde la ciudad romana de Cáparra para dar contenido a unos de los jardines renacentistas más importantes de Europa.
El conjunto monumental está formado por una gran finca que alberga árboles frutales y un gran olivar más que centenario homenaje a Carlos III, obra que realizó la Casa de Alba al monarca español y alcalde de Madrid. En el inmenso solar también se ubican varias casas y molinos, así como el majestuoso Palacio, con reminiscencia mudéjar, en cuyo claustro recitaron sus versos los literatos del Siglo de Oro Lope de Vega y Garcilaso de la Vega, por no citar a otras ilustres figuras de nuestra literatura.

Patio mudéjar del Palacio de Sotofermoso de Abadía.


Algunos historiadores ya citan al conjunto en época romana, pero lo más contratado es que el grupo arquitectónico fue una fortaleza musulmana, que fue cedida a los templarios, que más tarde, sobre el siglo XII se convertiría en una importante abadía cisterciense, dando nombre así a esta pequeña población del norte cacereño.
Poco a poco me adentro en la historia medieval y observo que una de las personas claves en estas tierras son los duques de Alba, una figura muy ligada a la corona castellana, por ser familiares directos del rey Fernando el Católico. Esta casa aristocrática, según observo en papeles que tiene mi padre, reproducidos de los archivos históricos, el Condado de Alba fue otorgado por Juan II, padre de Isabel la Católica, en 1444, a los Alba por la ayuda que estos nobles prestaron al monarca contra los Infantes de Aragón.
Años más tarde, el rey Enrique IV de Castilla, hermano de Isabel la Católica, otorgó, en 1472, el título de Ducado a García Álvarez de Toledo y Carrillo de Toledo, II conde de Alba de Tormes, al convertir su condado en un ducado, que hoy en día, y desde hace más de quinientos años, es uno de los principales y más tradicionales títulos del Reino de España.

Claustro del Convento de la Bien Parada.


Pero no es hasta el siglo XVI cuando el conjunto arquitectónico llega a su máximo esplendor, lo pone de manifiesto Fernando Álvarez de Toledo, III duque de Alba y consejero real. Su propietario manda construir un claustro con dos plantas y una galería doble, donde se ubicaban los aposentos privados. Pero sus señas de identidad no quedan sólo en el edificio palaciego, sino busca a los mejores arquitectos paisajistas de la época para que diseñen en la gran finca un enorme jardín renacentista que inspirase las tendencias de los Países Bajos y la cultura napolitana.
Hace unos días llegaba a mis manos una tesis doctoral realizada por Cristina Muñoz-Delgado de Mata, que tenía mi padre en su mesa de trabajo, que estudia el conjunto histórico con métodos innovadores de sistemas de libre diseño 3D Blender v.2.779b. Se trata, por tanto, de un novedoso estudio que aúna diferentes perspectivas desde la Historia, el Arte, la Literatura y la Arqueología.
Este trabajo pone de manifiesto la importancia del jardín de Abadía, atendiendo a su Historia, a los artistas italianos, flamencos y españoles que trabajaron en él, y a los escasos testimonios que han llegado hasta el momento. También se estudia el escudo de los Reyes Católicos de la Puerta de los Puños, acceso principal a la emblemática Plaza de Nápoles o las inscripciones romanas procedentes del vecino yacimiento romano de Cáparra, situado en la Puerta de la Corona. La edificación y sus jardines fueron declarados Monumento Histórico Nacional en 1931, por la II República española.
Y ya para concluir, decir que este espacio fue residencia de descanso de monarcas castellanos y españoles: Alfonso VIII de Castilla, Alfonso de León, los Reyes Católicos (en varias ocasiones, la última para redactar el último testamente de Fernando el Católico), su hija Juana I, la Loca o Felipe II, cuando acudía a contraer matrimonio en Valladolid con la princesa María de Portugal.

Convento de la Bien Parada, a las afueras del pueblo.


Fue también lugar de inspiraciones para ilustres literatos y poetas como Garcilaso de la Vega, Lope de Vega o más tarde, a finales del siglo XX, para el poeta hervasense Antonio Calzado Arias, que enamorado de una dama de palacio, se sentó en la ya maltrecha Plaza de Nápoles y junto a la escultura de Andrómeda escribió aquellos versos: “La pala y el azadón / herramientas sólo son / herramientas que trabajan / sólo de sol a sol.” Cuantas palas y azadones hacen falta ahora para reconstruir este inmenso conjunto histórico nacional propiedad privada de la familia Flores desde 1898.