Montehermoso, 2 de octubre de 2021.

El campanario de la Iglesia de Villasbuenas, emerge sobre el monte adehesado de rebollos que envuelve la carretera principal de la comarca. Dos kilómetros más adelante y antes de atravesar la Rivera de Gata, se alza el “Lote del medio”, un bosque insigne de pino resinero, que presume de ser uno de los mejor conservados de todo el norte de Extremadura.
Dejando atrás el cruce de la Fatela, que divide el sentido de la marcha hacia Coria, Gata o el Puerto de Perales, continuamos de frente rumbo a Acebo; uno de los pueblos más hermosos en patrimonio natural y arquitectónico de la Sierra de Gata.
Acebo, al igual que el arbusto que le da su nombre, es especial. Bello, longevo, persistente y tenaz. Basta con cruzar el umbral de la población, para respirar una calma y una paz tal, que incita al descanso, la lectura, el paseo o la práctica de algún deporte relacionado con la naturaleza. Entre sus paredes de piedra y sus calles bien pavimentadas, desaparecen los ruidos cotidianos de la actividad diaria y surge la conversación entre sus vecinos acebanos.
En agosto de 2015, los montes de Acebo y de los municipios colindantes de Hoyos y Perales del Puerto, sufrieron uno de los incendios forestales más voraces y espeluznantes que se recuerdan en la región extremeña.
Durante varios días ardieron más de 8.000 hectáreas de pinar y monte bajo, siendo precisa la evacuación de la población para evitar males mayores.
El daño provocado por el fuego, borró de un plumazo la sombra de los pinares y el color verde de la vegetación que envolvía un entorno natural sacado de un libro de cuentos, destruyendo el patrimonio natural y poniendo en jaque al turismo rural, un sector emergente en el entorno.
6 años después de aquel trágico suceso y tras año y medio de pandemia, Acebo se recupera de las heridas del fuego mostrando un renovado tapiz de cubierta vegetal de matorral autóctono y pinar, fruto de su propia regeneración y de las actuaciones de repoblación forestal que la administración regional llevó a cabo sobre las laderas de la zona afectada.
Tras esta obligada mención de lo acontecido, sin la que no podría entenderse la vida de esta hermosa población durante la última década, es justo destacar las bondades de un lugar enclavado a media ladera de una de las comarcas más increíbles de Extremadura, la Sierra de Gata.
Pero este resurgimiento, llega además gracias a su mejor recurso, el agua. En Acebo hablar de agua es hablar de vida y hablar de la Rivera epónima.


El Jevero y Carreciá, es decir, 2 piscinas naturales de gran tamaño, conservación y belleza, ofrecen al visitante el mejor de los baños en un entorno inigualable y con una gastronomía típica de la comarca.
Sustanciales son también los caminos y senderos naturales existentes en torno a la Rivera. Una red de pontones y senderos empedrados que adentran al viajero en el corazón de la naturaleza primitiva de la Sierra de Gata y que conducen hasta los 1.492 metros de altitud del pico de Jálama, el techo de la Sierra.
El turismo rural de Acebo, es, gracias a la arquitectura tradicional, la multitud de alojamientos rurales de calidad, el encaje de bolillos o la gastronomía asociada a productos naturales como la miel, el cabrito y el vino de pitarra, un recurso económico que emplea a su población y genera riqueza y valor añadido en toda la comarca.
Descansar en Acebo e incluso practicar yoga o meditación, es posible gracias al Campus Phi del proyecto “Las Siete Fuentes”. Un centro de armonización y de reciente creación, levantado en un edificio sostenible que persigue el equilibrio entre el cuerpo, mente, espíritu y entorno.
Acebo es un lugar de obligado conocimiento y bien merece una visita. Un lugar preciado, que como el arbusto que le cede el nombre, resiste y se consolida con el tiempo, al amparo del ambiente umbrío en el que se asienta.