Miguel Ángel Morales Sánchez. Vicepresidente Primero de la Asamblea de Extremadura y Secretario Provincial del PSOE de Cáceres

La política es el arte de lo posible y lo posible se alcanza siempre que hay voluntad de diálogo. Las fuerzas políticas que componen el Congreso, a excepción de la ultraderecha con su sangrante y consentido odio, están, por historia y abanico de votantes, en la obligación de asumir los resultados electorales, sentarse, hablar y no caer en el determinismo de una mezquindad que afecta, negativamente, a todo el sistema democrático.
Porque si en España no somos capaces de poner sobre la mesa los problemas de la gente y construir un futuro en materia de cohesión territorial, educación y sanidad pública, dependencia e infraestructuras, no estaremos a la altura de la ciudadanía que votó en abril y mayo con ilusión y decisión clara de parar al neofranquismo que aspiraba y sigue aspirando a devolvernos a un tiempo en blanco y negro.
Esa voluntad ciudadana, plasmada por la enorme participación y refrendada por la victoria clara de la izquierda, no puede ser traicionada ni por el reduccionismo partidista, ni por la insoportable ambición de ocupar cargos en vez de protagonizar políticas de transformación e inclusión que, en definitiva, es de lo que se trata: traducir en decisiones la mayoría parlamentaria progresista.
Como PSOE, aunque una nueva cita electoral nos hiciese crecer aún más en escaños, sentimos como propio el imperativo de la sociedad que exige acuerdos para seguir construyendo una sociedad más justa, acuerdos para formar un gobierno que sea reflejo de la voluntad de la ciudadanía expresada el pasado 26 de abril.
La gente está harta de que quienes cobran para acordar destrocen la convivencia, harta de ver cómo se intercambian insultos y titulares vacíos quienes, en teoría, están formados y capacitados para ser los responsables de la construcción del consenso imprescindible para que, como país, seamos más fuertes en la mesa de las decisiones globales.
En el PSOE, con las convicciones democráticas que hemos acumulado en más de 140 años de historia, tenemos razones objetivas para no sucumbir ante la incapacidad de los que quieren jugar con el destino de España y anteponer caprichos personales a los intereses colectivos.
El tiempo nos ha enseñado que la vocación democrática y la profunda devoción por el diálogo, siguen siendo nuestros grandes aportes para alcanzar realidades que antes creíamos utopías.
España necesita avanzar porque cada una de sus ciudadanas y ciudadanas lo pide a gritos y al borde del hastío. La democracia se fortalece en el encuentro, cediendo y avanzando con el aporte y los matices de quienes, de verdad, creen primero en la patria, que no es, ni más ni menos, que creer en las necesidades de la ciudadanía. Acordar pensando en la gente es el más sagrado de los deberes encomendados.
Quien no lo entienda así no está a la altura de las circunstancias y, no me cabe duda alguna, que la sociedad se lo hará pagar en las urnas, como debe ser, cuando se antepone el sectarismo al interés general.
España no necesita otras elecciones, España necesita que 350 diputados y diputadas cumplan con el mandato salido de las urnas el pasado 26 de abril y que de una vez por todas entiendan que ese día la ciudadanía cumplió con su deber y ahora les toca a sus señorías cumplir con el suyo, porque… ya está bien!