Una de las cosas que más agradezco a mis profesores de economía en la universidad de Alcalá es que me enseñaran a ver el mundo como una economía abierta. En el primer mes del primer curso recuerdo que Saturnino Aguado, formado en Harvard y en Chicago, nos enseñó el modelo de economía cerrada para aprender bien los fundamentos. Pero desde ese momento -y hasta el curso de doctorado en el que también le tuve de profesor- nos enseñó la economía abierta con flujos comerciales, migratorios y de capitales con el exterior. Recuerdo también como Paco Comín -profesor de Historia de España- y Antonio Torrero -de Estructura Económica de España- nos enseñaron los desastrosos efectos sobre el empleo y la pobreza del proteccionismo franquista durante la autarquía desde 1939 hasta 1960.

Lo que aprendí es lo que he enseñado en mis clases de macroeconomía internacional. Se critica que la universidad tiene poca utilidad práctica, pero no es el caso de la de Alcalá. Una pregunta típica de examen este año sería analizar las propuestas de Trump en un modelo de economía abierta con dos países (EEUU y Europa), y analizar si sus medidas conseguirán aumentar el empleo industrial en EEUU, que por cierto es el objetivo y la promesa electoral de Trump.

Las propuestas de Trump: bajar los impuestos y aumentar el gasto en infraestructuras

La propuesta es bajar los impuestos y aumentar el gasto en infraestructuras. Aún está por concretar para poder tener el sentido de la magnitud, tan importante en la vida y que los economistas hemos incorporado de la física y sus modelos para poder cuantificar. Ambas medidas provocan un aumento de la demanda interna en EEUU y un aumento del déficit exterior. Y ese aumento del déficit exterior aumentará las exportaciones europeas.

Por lo tanto, los trabajadores europeos sin aumentar su déficit y su deuda pública se beneficiarán de la política económica de Trump, lo mismo que sucedió con Reagan en los años ochenta. El déficit público en EEUU es elevado y estructural, como sucedió con Reagan, la tasa de paro está en el 4,5% y la inflación subyacente próxima al 2%. Por lo tanto, una política fiscal expansiva forzará a la Reserva Federal a acelerar su normalización de la política monetaria y subir los tipos de interés. Usando el modelo de Dornsbusch, nuestros alumnos anticiparán una apreciación del dólar. Y la apreciación del dólar encarece los salarios de los trabajadores industriales en EEUU y favorece a los europeos.

Las propuestas de Trump empeorarán las exportaciones y la industria de EEUU

La respuesta sería que las políticas propuestas empeorarán las exportaciones y la industria de EEUU y Trump no cumplirá su objetivo. El problema es que la democracia tiene sus reglas. Los estadounidenses han elegido a Trump como presidente y hasta dentro de cuatro años no podrán comprobar que sus promesas eran falsas, que el populismo nunca ha resuelto ningún problema y que genera problemas que no existían.

La solución que proponemos en nuestras clases es coordinar las políticas económicas. Si Europa aprobara un plan de inversión pública como propone la Comisión Europea, el BCE, la OCDE, el G20 y la ponencia económica del PSOE para su próximo congreso, el efecto sobre el déficit exterior estadounidense y sobre el tipo de cambio se atenuaría, y el resultado sería un mayor aumento del empleo en ambos casos. Para coordinar políticas hace falta respeto y diplomacia. Hablar de vieja Europa, apoyar el Brexit y el Grexit como hace Trump es la forma más segura de conseguir que no haya cooperación. Y los más perjudicados de sus políticas serán los obreros industriales de EEUU, a los que supuestamente intenta ayudar