Irene de Miguel. Presidenta y portavoz del Grupo Parlamentario Unidas Por Extremadura

No sabemos cuánto tiempo tardará el Levante español en recuperarse de las lluvias torrenciales que han asolado sus campos y muchos de sus pueblos. Lo que sí sabemos es que la tremenda magnitud de estas lluvias se engloban en un fenómeno mayor denominado cambio climático. Mientras unas zonas se ahogan otras ven cómo sus cultivos se agostan y sus suelos se resquebrajan fruto de la escasez de agua. El cambio climático es una realidad que ya pocos se atreven a desmentir y al que tenemos que ponerle freno porque nos va el futuro en ello.
Llevamos meses asistiendo a una movilización estudiantil sin precedentes por todo el mundo. Son los y las más jóvenes los que están poniendo encima de la mesa la urgencia del debate. Nos están diciendo que no existe un planeta B al que marcharnos cuando hayamos acabado de destrozar éste.
Lo cierto es que el cambio climático está de moda, quizás porque sus efectos son cada vez más palpables. Vemos como en ayuntamientos y parlamentos por toda la geografía se aprueban declaraciones de emergencia climática. La semana pasada mismamente se aprobó en la Asamblea de Extremadura. ¿Podemos pensar que es suficiente? En absoluto, afrontar la emergencia climática no consiste en hacer grandilocuentes discursos ni escribir sesudos artículos, se necesitan medidas claras y urgentes. No nos valen medias tintas ni maquillajes.
Y no nos valen medias tintas porque, aunque PP y Cs intentaron minimizar en el debate los efectos del cambio climático, lo cierto es que Extremadura es una de las regiones más vulnerable a la desertización que acaba con la tierra fértil de nuestros suelos. En los próximos años veremos como las lluvias torrenciales serán cada vez más habituales y pondrán en riesgo nuestras cosechas, el aumento de las temperatuas generará olas de calor que afectarán a los cultivos y hará que algunos de los que actualmente tenemos en Extremadura sean inviables. No sólo el campo, también la salud pública se verá afectada. El futuro de Extremadura depende en gran medida de cómo seamos capaces de afrontar el cambio climático.
El debate no es si energías renovables sí o no, que ya tenemos todos claros que avanzar en ese sentido es indiscutible. El debate es qué modelo vamos a poner en marcha, uno que democratice los recursos y beneficie a las PYMES, autónomos y familias u otro que siga engordando los bolsillos de las grandes eléctricas como está defendiendo el PSOE extremeño. El debate es también cuándo. Cuándo vamos a frenar las emisiones y quien antes se conciencie será el que lidere el nuevo paradigma que tiene que nacer. Seguir pensando que el desarrollo viene de la mano de la contaminación es seguir anclados en el siglo pasado y dar la espalda a toda una tecnología y un modelo que está llamando a gritos a nuestra puerta.
Es hora ya de que los políticos asuman cambios radicales y valientes y las administraciones públicas adopten medidas que traten de atajar esta catástrofe con contundencia. La declaración de emergencia climática que aprobamos en el pleno de la Asamblea nos exhorta a llevar a cabo compromisos coordinados, vinculantes y efectivos, no consintamos que se quede en papel mojado.
Por empatía y responsabilidad con las futuras generaciones, es una obligación ética y moral ponernos ya manos a la obra.