Volvemos del verano y el virus continúa entre nosotros, pero todo indica que está mutando y ha reducido su capacidad mortal. En Cataluña y Aragón han tenido un brote muy intenso en agosto y han conseguido revertir la curva con restricciones en fase 2, sin necesidad de confinamiento extremo. En Marzo el confinamiento fue forzado al estar los hospitales y las UCI colapsados y dos de cada tres muertos fueron mayores de 80 años que no pudieron acceder a UCI y a respiración asistida. Ahora el sistema de salud está preparado y en Cataluña y Aragón ha habido menos hospitalizados que en marzo, las UCI no se han saturado y, lo más importante, ha habido muchos menos fallecidos. El problema es Madrid donde la movilidad, especialmente en el metro, es el principal foco de propagación del virus.

En junio cuando envié mi último informe los datos anticipaban una recuperación de la actividad desde el suelo de la caída en abril. Los datos de julio mostraron una recuperación muy débil y en agosto la actividad se ha estancado desde la segunda quincena. El escenario que anticipé en marzo lamentablemente se está cumpliendo, con una caída del PIB próxima al 13% anual, un déficit próximo al 15% del PIB y la deuda pública al 125%. Ahora el riesgo es una recaída.

El principal riesgo que anticipé en marzo era la imposibilidad de emitir toda la deuda pública necesaria para financiar el déficit provocado por el desplome de ingresos públicos y el aumento de gasto sanitario, seguro de paro y ERTES provocado por la pandemia. La intervención del BCE ha sido exitosa y la prima de riesgo sigue en niveles de febrero, aunque desde entonces el Estado ha hecho la mayor emisión de deuda pública de su historia. El otro riesgo de recaída sería un nuevo confinamiento estricto mundial que provocará una caída del comercio mundial que a día de hoy es un escenario poco probable. Y el último gran riesgo sería un confinamiento estricto en España que no es el escenario más probable en este momento. Si cualquiera de estos tres escenarios se activaran, la W sería un hecho.

La recuperación va vinculada al final de la pandemia y a las vacunas o, al menos a antivirales efectivos que reduzcan significativamente la tasa de mortalidad del virus. Las dos pandemias de coronavirus en Asia duraron entre un año y medio y dos años. Por lo tanto, la recuperación

plena de la actividad comenzaría el verano del próximo año. Si la vacuna llega antes la recuperación, se podría anticipar.

La mayor duda es en el turismo, el ocio y la cultura. Tú puedes eliminar las restricciones, pero no puedes obligar a los turistas a volver a la normalidad, especialmente a los de mayor edad que son los que más riesgo asumen con este virus. Como anticipé, fue un error la decisión de la Comisión Europea, apoyada por la OMS, de permitir la llegada de turistas sin PCR en origen. Destinos limpios como Canarias o Baleares han recibido un 80% menos de turistas y han contaminado el destino. También parece increíble que siendo el país más afectado por el virus y con un segundo brote, nuestros sanitarios sigan haciendo rastreo telefónico y que la App desarrollada por el gobierno siga siendo voluntaria. Los países asiáticos que han usado con éxito esa tecnología sólo tienen la restricción de usar mascarillas, apenas han tenido muertos y su PIB y su empleo apenas han caído.

El Plan Europeo de recuperación, en el mejor de los escenarios, entraría en vigor el 1 de enero de 2021, el reglamento se aprobaría en abril y después habría que aprobar por parte de la Comisión los proyectos, licitarlos y empezar a ejecutar. Eso implica que el plan llegará seguramente a la vez que termine la pandemia. Aún así será un plan necesario para modernizar nuestra economía y reducir la tasa de paro. En agosto hay 700.000 afiliados menos en la SS, eliminando el efecto estacional y 700.000 en erte de causa mayor, ó sea el 10% del total de empleo asalariado en febrero. Y el 50% de autónomos siguen en cese de actividad. El otoño y el invierno serán muy largos y duros.

El mayor problema en este momento es la supervivencia de las empresas. Los ERTES alivian los costes salariales pero el resto de costes, especialmente en comercio, ocio, turismo Y los alquileres de los locales, hará que muchas empresas tengan que declararse en concurso de acreedores. El lÍmite de seis meses para despedir a trabajadores con ERTES acaba en septiembre. Por lo tanto, en el otoño muchos de los ERTES acabarán en ERES.

Esto anticipa un aumento de la morosidad y es la causa que ha acelerado la fusión de CaixaBank con Bankia. Parece que el Estado mantendrá su participación en la nueva entidad. Caixa tuvo en 2019 el triple de beneficios que Bankia. Por lo tanto, es más sencillo recuperar las ayudas públicas de 2012 en la nueva entidad resultante. En 2012, cuando se planteó por primera vez la fusión, Bankia no había recibido aún ayudas públicas. Si se hubiera producido entonces, habría puesto en riesgo la viabilidad de Caixa y el rescate y el riesgo de salida del euro habría sido mucho mayor. Ahora la fusión tiene sentido ya que, como vengo mucho tiempo anticipándote, los márgenes bancarios se han recudido por la reducción de la deuda de empresas y familias desde 2009, por los tipos al 0% del BCE y por la entrada de nuevos competidores tecnológicos en el sector bancario. Tanto Caixa como Bankia llevan años de transformación digital. El reto de la nueva entidad es digitalizarse y competir de tú a tú con los nuevos competidores digitales.