Como cada 21 de marzo y coincdiendo con la entrada de la primavera, se conmemora el Día Forestal Mundial; un día que bien podría denominarse el Día del Pulmón del Planeta.
En los tiempos que vivimos, agotados de escuchar en los medios y a todas horas, infinidad de citas y referencias vinculadas con el cambio climático, poco se percibe sin embargo sobre la importancia de conservar y de realizar inversiones en nuestros bosques, los verdaderos agentes de lucha contra el cambio climático.
Como si de un axioma matemático se tratara, los bosques depuran el aire; así de categórico. Una masa forestal bien conservada absorbe el dióxido de carbono (CO2) que se genera en las industrias y ciudades, convirtiéndolo en oxígeno y mitigando el efecto invernadero.
La inversión en los montes aumenta su higiene sanitaria, genera empleo, combate la despoblación, disminuye el riesgo de incendios forestales, protege las cuencas hidrográficas, evita inundaciones, reduce la desertificación y minimiza los efectos del tan manido cambio climático. Todo son ventajas.
Para que nos hagamos una idea y de forma aproximada, 1 millón de euros invertidos en el monte, que no gastados, equivalen a 10.000 jornales de trabajo directo y a una actuación de mejora y conservación en 1.000 Has de superficie forestal. Por no hablar del empleo indirecto que se genera en las localidades donde se ubican dichos montes y en sus negocios asociados, tales como talleres, hoteles, restaurantes o ferreterías entre otros muchos.
La inversión forestal aporta además beneficios directos por la venta de los productos obtenidos de sus aprovechamientos, es decir, venta de madera, leñas, astillas y serrín para biomasa, resinas, piñas, corcho, etc., pues no hay que olvidar que un número indeterminado de productos elaborados, tienen como materia prima a la madera, los productos forestales y sus múltiples derivados.
La Directiva 2004/35/CE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 21 de abril de 2004 sobre responsabilidad medioambiental en relación con la prevención y reparación de daños medioambientales, establece en su consideración segunda que “La prevención y reparación de los daños medioambientales debe llevarse a cabo mediante el fomento del principio con arreglo al cual «quien contamina paga”.
Aplicando un silogismo, resultaría evidente por tanto que, si el que contamina paga, el que depura el aire que cobre; en este caso los montes.
La mejora de las condiciones ambientales del planeta se consigue invirtiendo en la gestión de los montes, gracias a los recursos obtenidos con los impuestos gravados sobre aquellos que contaminan; es decir, aplicando medidas coherentes sobre los focos de emisión contaminante, como por ejemplo los productos generadores de gases de efecto invernadero, destinando 1 céntimo de euro por cada litro consumido y revertiéndolo en inversiones directas sobre el pulmón verde que suponen nuestros bosques. Según datos del CORES (Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos), en los últimos 2 años se consumieron de media en España 55 millones de toneladas/año de productos petrolíferos en sus distintas variedades (gasóleos, gasolinas, fuelóleos, querosenos,..).
Derivar un céntimo de euro sobre el precio de venta de este volumen de combustible y revertirlo directamente en inversión forestal, equivaldría a una mejora aproximada de 600 millones de euros sobre los montes y bosques españoles.
La puesta en marcha del céntimo forestal equivaldría a la inversión y mejora de 600.000 Has de superficie arbolada y a la generación directa de 6 millones de jornadas de trabajo, activando notablemente nuestra economía.
Apostar por nuestros bosques es apostar por la salud de nuestro planeta y por supuesto, por la salud de quienes habitan en él. La buena salud de nuestros montes es nuestra mejor tarjeta de visita como país y como no puede ser de otra manera, la de quien lo administra.