Granadilla, 24 de julio de 2021.

Granadilla mantiene aún el espíritu de lo que fue, una gran villa medieval

Si la visitas al atardecer, te enamorarás de sus vistas, pues desde el castillo se observa todo el pueblo y una impresionante puesta de sol ■ Los primeros fundadores fueron los árabes

Uno de los grades referentes turísticos de la comarca de Tierras de Granadilla es sin duda los yacimientos romanos de Cáparra y la villa medieval de Granadilla, antiguo señorío de Granada, en época de los Reyes Católicos.
Este mes nos vamos a adentrar en los entresijos de Granadilla, una población que fue obligada a abandonar sus tierras debido a la construcción del embalse de Gabriel y Galán, que hoy día riega y abastece las tierras de las comarcas limítrofes, y con un gran potencial para generar energía eléctrica.


Granadilla es una antigua villa amurallada de origen medieval ubicada en el noroeste de la provicnia de Cáceres, de gran valor artístico y turístico. En 1980 la población fue declarada por el Gobierno Conjunto Histórico Artístico y cuatro años después fue incluida en el programa de Recuperación de Pueblos Abandonados.
Este precioso enclave fue fundado por los musulmanes en los albores del siglo IX como avanzadilla estratégica en la zona y paso obligado de los ejercitos. La población contó con alcazaba, que siglos después se convertiría en castillo cristiano por el Duque de Alba.


En 1160 el rey leones Fernando II la conquista a los árabes, la rehabilita y repuebla para su reino, dotándola de una gran muralla y otorgándole el título de villa diez años más tarde. La idea principal del Rey fue utilizarla como fuerte para evitar más intrusiones de los árabes en la parte meridional de la Transierra leonesa y castellana. La población se convirtió en una gran fortificación estratégica al ser paso obligado de ejércitos y transeúntes entre Las Hurdes y la Vía de la Plata.
En 1191 la fortificación fue cedida a la Orden de Santiago por el rey Alfonso IX de León, volviendo a la corona de Alfonso X el Sabio, y en 1282, junto con otros señoríos la paso a manos de su hijo el infante Pedro de Castilla, señor también de Alba de Tormes, entre otros muchos señoríos. A la muerte de Pedro, la villa pasaría un año después a su hijo Sancho de Castilla, que falleció sin descendencia, pasando los terrenos a manos de Fernando IV, primo carnal del infante Pedro de Castilla.


La gran influencia de esta villa hizo que tuviera voto en Cortes en 1310 y un gran peso en las coronas de Castilla. Tras unos años muy duros y convulsos en la política, Juan II de Castilla, padre de Isabel la Católica, confiscó la villa al infante Enrique, maestre de Santiago y la entregó en 1446 a los Álvarez de Toledo, recien nombrados duques de Alba, quienes la regentaron por donación real hasta 1830, estos fueron los encargados de construir el castillo cristiano y numerosas dependencias públicas. La villa también fue sede del partido judicial y cabeza de comarca.
La villa comenzó su abandono en 1955, tras el Consejo de Ministro del General Franco declarando expropiados los terrenos para la posterior construcción del embalse de Gabriel y Galán.
La pieza principal de este entorno es sin duda el castillo fortaleza levantado sobre la antigua alcazaba por García Álvarez de Toledo, entre 1473 y 1478. Sus arquitectos fueron Tomás Bretón y Juan Carrera. El edificio fortaleza consta de un cuerpo prismático central y cuatro cuerpos semicilíndricos que se adosan a cada lado del castillo.
La edificación religiosa más notable es la iglesia parroquial de la Asunción, del siglo XV y la casa rectoral junto al castillo, de siglo XVI.
La población llegó a tener en 1842 más de 700 vecinos y más de 130 hogares.

LA CÁPARRA ROMANA
De origen incierto, la población de Cáparra llegó a ser municipium de Roma con el emperador Vespasiano. Su privilegiada situación en la Vía de la Plata impulsó su crecimiento.


A pocos kilómetros de la ciudad cacereña de Plasencia, en el término de Oliva de Plasencia y Guijo de Granadilla, se encuentra el cautivador yacimiento de Cáparra. Una ciudad que bajo el dominio de Roma llegó a convertirse en un importante nudo de comunicaciones en el eje norte-sur entre Emérita Augusta (Mérida) y Artúrica Augusta (Astorga) que forma la Vía de la Plata. Esta situación estratégica le aseguró un lugar preferente entre los municipios romanos de la Lusitania, impulsando su desarrollo y su paulatina monumentalización, de la que dan fe los numerosos restos arqueológicos que todavía hay en el lugar.
La ciudad tenía una extensión de entre las 15 y las 16 hectáreas de terreno, estando concentradas la mayoría de sus viviendas en la zona noroeste, pudiéndose mayor al perímetro de la zona amurallada. Su organización corresponde a un planeamiento octogonal, teniendo como eje principal la Vía de la Plata, que la atravesaba de norte a sur.


Amurallada en su totalidad, Cáparra tenía tres puertas de acceso, situadas respectivamente al sureste, este y oeste. Dos eran las vías principales que vertebraban la ciudad, el cardo y el decumano. Ésta última coincidente con el trazado de la Vía de la Plata a su paso por su trazado urbano, y delimitada en sus extremos por las puertas del este y el oeste.
Para hacer una visita al yacimiento, la Mancomunidad de Tierras de Granadilla tiene marcado un itinerario que comienza junto al centro de interpretación, en una de las tres necrópolis descubiertas hasta el momento. El recorrido llevará después al visitante hasta los restos del anfiteatro y la puerta suroeste.
Pero previamente al inicio del recorrido, en el centro de interpretación de la ciudad, se profundiza de forma amena y didáctica en los contextos históricos, arqueológicos y geográficos; para ello se dispone de una gran cantidad de piezas encontradas en las últimas excavaciones y que son explicadas en paneles, así como una gran maqueta que muestra la extensión que tuvo la ciudad.


Tras conocer todos estos datos, en el centro de interpretación se dispone de un audiovisual que guía al visitante por un recorrido visual a conocer como fue Cáparra en su máximo esplendor.
En el centro del yacimiento el visitante encontrará el arco de Cáparra. Símbolo indiscutible de la ciudad, este arco se levantó en el siglo I d. C, y sujeta sus cuatro arcos de medio punto en otros tantos pilares, dando lugar a una estructura cuadrifronte única en la Península Ibérica.
El monumento se encuentra muy bien documentado, gracias a las inscripciones conservadas en él y en concreto a una que está en el pilar de la derecha del frente al sur, en la que se alude a Marcus Fidius Macer, a un nuevo Fidius Macer, así como a Bolosea, hija de Pellus, su mujer. Se da a entender que este Fidius Macer fue la persona que mandó erigir el arco cumpliendo de este modo el testamento de sus padres. Por otras inscripciones se sabe de la relevancia de este ciudadano de Caparra, pues se le menciona tres veces como magistrado, dos veces dunviro y como praefectus fabrum, o jefe de los obreros municipales, y que estuvo casado con Iulia Luperca. En cuanto a la fecha de su creación, se le sitúa en la época Flavia, a finales del siglo I.
El arco da paso al foro, un espacio abierto que fue el centro político y religioso de la ciudad. En él aún son visibles los restos de los edificios principales: la basílica, la curia y otros tres templos. Donde en el mes de agosto se desarrollarán las obras teatrales del Festival Internacional del Teatro Clásico de Mérida, volviendo a dar contenido a la ciudad.
Junto al arco y el foro el turista encontrará las termas, también al pie de las dos vías principales. Aquí el visitante podrá ver el sistema de conducción de aire caliente, la palestra dedicada al ejercicio, y las tiendas o tabernae, adosadas al edificio y abiertas al decumano.
El decumano, resulta también interesante ya que en él los visitantes podrán apreciar todavía el enlosado de la Vía de la Plata, de la que forma parte, la línea de pórticos que la flanqueaban, y los restos de las fachadas de algunas domus romanas.
Cáparra es sin duda una de las mejores visitas que puede realizar el turista al norte de Cáceres, donde se encontrará también con las milenarias dehesas, uno de los ecosistemas más valorados de Extremadura.
El 3 de junio de 1931 fue declarado monumento histórico-artístico. En la actualidad tiene el estatus de Bien de interés cultural, en la categoría de Monumento.