Por Jose Carlos Diez. Economista y analista económico

El temor a una recesión en EEUU que acabe arrastrando a la economía mundial es la principal causa. Pero Trump es un foco de incertidumbre. En diciembre cargó con la Reserva Federal por subir tipos diciendo que son lo peor de la economía de EEUU. Y ahora se enfrenta con el Congreso amenazando con congelar el gasto público lo cual provocaría la recesión inminente.

El pasado viernes se publicó el empleo de diciembre, que aumentó más de 300.000 nuevos puestos de trabajo y fue más intenso que en meses anteriores. Por lo que la economía lleva mucha inercia y la recesión no sería antes del verano, salvo que la provoque Trump.

Pero la debilidad del comercio mundial anticipa menor inversión y los salarios aumentan un 5% muy por encima de la productividad y de la inflación, minando los márgenes empresariales. Los tipos a 10 años de la deuda pública están al 2,7% y el PIB nominal crece al 5%. Por lo tanto, la política monetaria sigue siendo expansiva a pesar de las subidas de tipos. Trump vuelve a demostrar una vez más su ignorancia supina en temas económicos y, lo que más preocupante, que nadie le asesora correctamente en la Casa Blanca o no hace ni caso a ninguno de sus asesores económicos.

El dato de empleo debería relajar los temores de recesión y las bolsas deberían subir tras el desplome del último trimestre de 2018. No obstante, según los datos de Shiller de PER ajustado está próximo a 30 veces, el segundo nivel más alto de su historia sólo por detrás de 2001 cuando pinchó la burbuja tecnológica. Pero está al mismo nivel que en 1929 y por encima de sobrevaloración de 2007 a pesar de las caídas de los últimos meses. Especialmente preocupante es la sobrevaloración de las empresas tecnológicas de nuevo y de las empresas de mediana capitalización cuyo índice cotiza al doble de los máximos de 2007. Por lo tanto, tras el rebote, las bolsas podrían continuar en tendencia bajista.

En Europa la economía se ha parado en seco y el escenario es más complejo aún. Los modelos anticipan que la economía de la Eurozona siguió prácticamente estancada en el 4tr18, igual que en el 3tr18. Alemania, la economía más dependiente del comercio mundial y con Merkel ya de salida sin el control de su partido, es un barco esperando a que sople el viento de fuera para crecer de nuevo. Francia, con su presidente en mínimos de popularidad del 20%.

Pero el caso más preocupante es Italia. Como anticipamos su gobierno cedió ante el pulso con la Comisión Europea y bajaron su déficit previsto para 2019 al

2% del PIB. Eso supone que no habrá ajuste estructural como exige el mecanismo preventivo pero tampoco habrá expansión fiscal como pretendía Salvini.

La economía está estancada y el BCE ha empezado el año rescatando un banco italiano. El banco central ya ha finalizado su programa de compras de deuda y la prima de riesgo del país trasalpino aumentó 20 pb el pasado jueves y el viernes. Italia debe emitir en 2019 270.000 mill de deuda pública y ya no contará con la ayuda del BCE. Por lo tanto, la volatilidad en su mercados de deuda pública es la nueva normalidad.

En España conocimos el dato de afiliados a la Seguridad Social de diciembre y se creo el doble de empleo que en diciembre de 2018. Eliminando el efecto estacional, se crearon 180.000 empleos en el cuatro trimestre, más que en los dos primeros trimestres de 2018 y el triple que en el tercer trimestre. Eso explica que el modelo de la Airef anticipe un PIB del 0,8% de crecimiento trimestral del PIB en el 1tr19, aunque aún no hay datos y es prudente esperar. De nuevo la economía española  vuelve  a  demostrar  que  es  muy  agradecida  y  que  con  condiciones estables de financiación y tipos de interés bajos tiene elevado potencial de crecimiento, algo que le pasa a nuestros socios europeos.

El debate debería estar en la calidad del crecimiento, aunque lamentablemente desde el entorno económico de la derecha, mayoritario en España, se sigue contaminando la información y hablando de desaceleración, a pesar de que la economía ha acelerado su crecimiento desde el pasado verano. El problema es que es un crecimiento en empleos de poca productividad y eso no permite subir muchos los salarios y mejorar el nivel de vida de los españoles, reduciendo la desigualdad que es de las más altas de la OCDE.

Para mejorarlo es necesario aumentar la calidad empresarial y sus intangibles, principalmente marca, posicionamiento internacional e innovación. Y mejorar la inversión en infraestructuras. En Extremadura se queman los trenes. Zapatero invirtió en esa comunidad 1.200 mill entre 2004 y 2011. En 2011 en plena recesión invirtió 160 mill que supera toda la inversión realizada por Rajoy desde 2012 a

2016. En 2016 con la economía creciendo un 3% la inversión en Extremadura fue de  tan  sólo  30  mill.  Lo  mismo  pasa  en  los  trenes  de  cercanías  de  Madrid  y Barcelona que por falta de inversión tienen averías más frecuentes que afectan a la calidad de un servicio básico en la movilidad de ambas ciudades.

En 2018 la inversión en infraestructura sobre PIB en España era similar de la de 1980 en mínimos. Rajoy recortó un 70% la inversión y lamentablemente

en 2019 eso no va a mejorar. Los presupuestos ya se han prorrogado y las inversiones ya realizadas en 2018 no se pueden repetir, por lo que la caída de la inversión total será intensa. Si se aprueban, la mayor parte del aumento de gasto se concentra en la subida de las pensiones y el salario de los funcionarios que ya habían aprobado PP y Ciudadanos con el PNV y los partidos canarios en los presupuestos de 2018. Y la inversión en el mejor de los escenarios seguirá en mínimos históricos. Si esto no se revierte, pronto se empezarán a caer puentes como sucede en EEUU y como ha sucedido en Italia recientemente. El ministerio de Fomento ha intentado abrir el debate de pagar un tasa por el uso de las autovías como en Alemania pero es una medida muy impopular y es poco probable que salga adelante. En Renfe el nuevo gobierno tiene previsto aumentar significativamente la inversión pero se tarda al menos tres años en licitar y fabricar los nuevos trenes.

En cuanto a mejorar la calidad empresarial y la inversión en intangibles, el experimento andaluz es muy preocupante. En Andalucía, Ciudadanos ha abrazado el Three Party de Aznar abandonando la centralidad. Albert Rivera, de nuevo, manda una señal peligrosa para futuros pactos. En 2014 estaba negociando un pacto con Rosa Díaz y la abandonó cuando una encuesta de El País le daba una fuerte subida en votos. En 2016 pactó con Pedro Sánchez y ahora dice que lucha contra el sanchismo. Luego pactó con Rajoy y precipitó la moción de censura al romper el cuerdo de gobierno. También precipitó las elecciones en Andalucía y tras gobernar en armonía con el Psoe durante tres años aprobando todos los años sus presupuestos, desde el primer día de campaña dijo que no volverían a pactar con el Psoe. Luis Garicano criticó duramente a Moreno Bonilla por falsear su CV y por no tener méritos para ser candidato del PP. Ahora le van a votar para ser Presidente del Andalucía con el apoyo de la extrema derecha. Por lo tanto, Ciudadanos es un foco de inestabilidad para la gobernabilidad.

En clave económica, el pacto si se acaba materializando es muy preocupante. Supondría un aumento del déficit público e incumplir la ley de Estabilidad que aprobó el PP. Andalucía tiene las cuentas equilibradas, cumple sus objetivos de déficit, ha salido del FLA, ha hecho una emisión de deuda en los mercados en diciembre con una prima de riesgo mínima con el Tesoro y las agencias de rating han valorado muy positivamente tanto la emisión como el esfuerzo de consolidación  fiscal  durante  la  crisis.  Romper  esa  dinámica  supondrá mayores tipos de interés para las futuras emisiones y más pagos de intereses que tendrán que recortarse de la sanidad y la educación.

Más preocupante es la demagogia del Thre Party anunciando el cierre de Extenda, Invercaria y las agencias públicas que ayudan a las empresas andaluzas a mejorar su calidad, su innovación y posicionamiento en mercados exteriores. Se puede debatir de mejoras pero el Three Party ha prometido cerrarlas. Ese fue el modelo que siguió el PP en Valencia. Después de haber gastado el dinero como si fuera público en Copa América, Ciudad del Cine o nuevos campos de fútbol que los equipos nunca pagaron, desmantelaron el sistema de banca promocional durante la crisis dejando a las pymes valencianas abandonas en la cuneta.

Invercaria entró en el expediente de los EREs de la juez Alaya que llegó a imputar a presidentes de bancos y empresas solo por estar en el Consejo, aunque luego le sacó. Trump ha aprobado los Promotional Fund para reactivar las inversiones en zonas con menor renta. China y todos los países asiáticos tienen fondos de fondos. El  Plan  Juncker  aprobó  un fondo de fondos. Macron ha aprobado un fondo de fondos de 20.000 mill. PP y Ciudadanos prometen cerrar la banca promocional en una región con menor calidad empresarial y menor capacidad tecnológica y por eso tiene menor renta por habitante.

Invercaria es un vehículo que toma participación de capital en empresas para promover su crecimiento y la creación de empleo. En la peor crisis desde la Guerra Civil, Invercaria no ha dado pérdidas, no le ha costado ni un euro a los contribuyentes andaluces. Por lo tanto, es falso que cerrándolo vayan a reducir el gasto público. Esas inversiones han permitido que muchas empresas creen empleo, mejoren su posicionamiento y ayuda a explicar que Andalucía sea la región donde más han crecido las exportaciones durante la crisis superando a Madrid y sólo superada por Cataluña. Como en cualquier fondo de capital riesgo privado, hay inversiones que van bien y dan beneficios y otras mal y dan pérdidas. Los jueces en el caso Invercaria han acusado a sus gestores de prevaricación por perder dinero de los contribuyentes. Si se aplicasen esos mismos criterios en el mundo, esos mismos jueces habrían imputado a Macron, a Trump, a Juncker o a Xi.

Si cierran Invercaria o Extenda, cometerán el mismo error que cometió el PP en Valencia y ya sabemos cómo acabó la historia. Pero la demagogia va más allá. La derecha siempre ha culpado al PER rural de ser una red clientelar del PSOE. Lo normal sería eliminarlo pero nadie habla de ello en la negociación del gobierno.

En Málaga el PP ha controlado la Diputación muchos años y ha creado un amplia red clientelar. En Marbella perdieron la alcaldía en 2015. La recuperaron dos años después tras una visita de Javier Arenas a la ciudad, gracias al apoyo de un partido independiente  que  forzó  una  moción  de  censura.  Eligieron  a  una  alcaldesa imputada por corrupción que lejos de haber sido apartada del partido la hicieron senadora en Madrid. Del PP podemos esperar que haga cualquier cosa por conseguir el poder y usarlo en su propio beneficio como ha demostrado tantas veces. Lo que no era previsible era que Ciudadanos se lo permita pactando con Vox que gracias a los votos del partido de Ribera tiene ya representación en la mesa del parlamento de Andalucía.

España necesita cambios, como he propuesto en mi reciente libro De la indignación a la esperanza, para ser un modelo ganador en la era de la tecnología global. Eso requiere consensos que cada día la fragmentación del voto hace más complejos, como estamos comprobando en Andalucía. Hablamos mucho de la Guerra Civil de

1936 pero antes hubo tres guerras carlistas que también fueron enfrentamientos entre españoles. Vox representa al Carlismo más rancio que se opone al progreso y a la era de la tecnología global con una visión autárquica y hacia adentro. Y en la izquierda también hay muchas presiones para ir a un Frente Popular y a la confrontación.

La mayoría de españoles no están en el frentismo y deberíamos exigir a nuestros políticos que no nos lleven de nuevo a él. El círculo de convivencia y desarrollo económico y humano es la Constitución. Se puede debatir sobre sus cambios pero si no hay mayoría para cambiarla, se cumple como pilar principal de orden y estabilidad. Los que estén dentro del círculo de la Constitución pueden ser de izquierdas, de derechas o de centro, catalanes, gallegos o castellanos pero se pueden llegar a consensos como se hizo en 1978. Los que no respeten ese círculo se mantendrá el diálogo con ellos pero deben quedar fuera de los consensos y las instituciones hasta que respeten las reglas básicas de convivencia que la mayoría de españoles nos hemos dado.

Esperemos que haya vida inteligente para seguir progresando y mejorando la vida de los españoles que están, los que están por venir y honrar el esfuerzo de tantos que ya no están entre nosotros y que fueron héroes anónimos del Espíritu de la Transición.