En la vida de un político hay mucha tensión, muchos momentos amargos, muchos problemas por resolver, muchas críticas pero también ocurren “pequeñas cosas” que hacen que todo sea más grato, como que el pueblo de Hervás haga un gran homenaje público al que fue uno de los alma mater de la villa, en los últimos años del siglo pasado y en los primeros de este siglo, como ya han hecho varias instituciones, la última el Ayuntamiento de Plasencia, curiosamente gobernado por el Partido Popular. Y me refiero al cariño que su alcalde Fernando Pizarro tenía al que fuera nuestro alcalde y buen socialista.
Un caro ejemplo de lealtad y amistad a un hombre que lo dio todo para hacer el bien a la sociedad extreneña, con sus pros y sus contras.
Me refiero claramente a Juan Ramón Ferreira, alcalde de Hervás y presidente de la Asamblea de Extremadura, que falleció hace más de dos años, pero su pueblo todavía no le tiene puesto su nombre a una calle, plaza o edificio público. ¿Para cuando un reconocimiento público?.
Desde La Aldaba ya lo reivindicamos por reconocer que Juan Ramón Ferreira fue uno de los alcaldes que más luchó y consiguió riqueza para su villa querida, Hervás.
Es muy difícil comprender como desde Hervás no se hace nada por recordar la memoria de este hombre que creó el Otoño Mágico y lo elevó a lo más alto, para que otros responsables continuaran su labor promotora.
También fue artífice de crear la festividad de “Los Conversos”, que tantos reconocimientos ha dado a la villa o la creación de la “Red de Juderías de España. Caminos de Sefarad”, por no hacer mención a cientos de proyectos que han beneficiado económicamente a villa de Hervás.
Desde aquí sólo pedimos un homenaje público de los vecinos de su pueblo, que los encabece el Ayuntamiento, donde comenzó su carrera política y donde dejó muchos proyectos iniciados que otros concluyeron después.