No se puede negar que existe una gran brecha que separa a los más ricos, ese grupo al que a veces se denomina el 1%. Sus vidas son diferentes, tienen distintas preocupaciones, distintas angustias y estilos de vida.
A los ciudadanos corrientes les preocupa cómo van a pagar la universidad de sus hijos, qué pasará si algún miembro de la familia cae gravemente enfermo o cómo saldrán adelante cuando se jubilen.
En los peores momentos de la gran recesión hubo docenas de millones de personas que no sabían si iban a poder conservar su casa. Varios millones no pudieron. Los que pertenecen al 1% hablan de otras cosas, qué tipo de avión se van a comprar, cuál es la mejor manera de proteger su dinero para pagar menos impuestos. Esta gran brecha lleva mucho tiempo jugándose y la distancia entre el 1% y los demás cada día es más grande. En las décadas posteriores a la segunda guerra mundial creció a más velocidad que nunca y la de los pobres creció más deprisa que la de los ricos.
El número de personas dispuestas a leer más análisis de las desigualdades era limitado entre la población en general e incluso entre los economistas.
Para los economistas conservadores su argumento era que la mejor manera de ayudar a los pobres es incrementar el tamaño de la tarta económica y fijar la atención del problema fundamental como hacer que esa tarta fuera más grande.
Había y sigue habiendo una larga tradición económica que decía que era posible separar los dos aspectos, la eficacia y la distribución del tamaño de la tarta y cómo se reparte y que la tarea del economista era concretar cómo aumentar al máximo el tamaño y la forma de dividirla era una cuestión política. Un campo del que los economistas debían mantenerse alejados.
Dado que en la profesión estaba muy de moda, no es de extrañar que los economistas no prestaran prácticamente atención a las desigualdades crecientes en el mundo no les interesaba, el hecho de que el P.I.B aumentara las rentas de la mayoría de los ciudadanos estuviera estancadas. Esa diferencia hacía que no pudieran ofrecer una explicación de lo que estaba sucediendo en la economía y que no comprendieran el aumento de las desigualdades y no supieran diseñar unas políticas capaces de enderezar el rumbo del mundo.
Por desgracia el aumento de las desigualdades ha hecho que el modelo económico no haya atendido debidamente a grandes grupos de la población, las familias de clase media tienen menos dinero para hacer frente a sus necesidades, si se tiene en cuenta la inflación.
Termino en general en el Mundo, el segmento de la población que vive en la pobreza se ha incrementado, así como la riqueza está en el 1% de los privilegiados, ¡qué bien!, pero digo con ganas, si se hacen bien las cosas la desigualdad podría evitarse.