Enrique Julián Fuentes. Ingeniero Técnico Forestal. Ex-director General de Medio Ambiente de Extremadura.

Se llama despoblación a la pérdida masiva de habitantes de una región como consecuencia de la muerte, envejecimiento o simple desplazamiento hacia otros lugares en los que el desarrollo de la vida resulta más propicio.
El pasado 31 de marzo, miles de personas celebraron en Madrid una manifestación en contra de la “España vaciada” y por consiguiente, en contra de la despoblación que sufren los núcleos rurales de nuestro País en general y de una Región como Extremadura en particular.
Representantes de todos los partidos políticos, no dudaron en enfundarse la indumentaria ocasional y ponerse detrás de la pancarta para clamar contra un enemigo común, la despoblación en el medio rural; olvidando quizás, que la solución a este problema pasa por el diálogo y entendimiento entre ellos mismos.
Sea como fuere, comparando los datos de población de numerosas poblaciones y comarcas en los últimos 50 años, lo cierto es que se está produciendo una pérdida constante y paulatina de habitantes en el medio rural del interior de España.
Es necesario destacar que existen al menos, dos tipos de despoblación. La primera y con difícil solución, está relacionada con el éxodo deliberado, alentado por la búsqueda de alternativas educativas y sanitarias, de aquellas personas que intentan alcanzar una cobertura sanitaria o formativa más amplia y con mayores garantías, así como un empleo en una gran capital, una vez descartado el emprendimiento a nivel local, plagado de costes fijos, obligaciones y tributos.
El segundo tipo de despoblación y más preocupante, consiste en la huida inducida por las dificultades de desarrollo y está íntimamente vinculada con las restricciones normativas y falta de oportunidades para poder desempeñar una actividad profesional en el entorno del lugar de nacimiento.
La desmesurada legislación vigente, auspiciada en directivas europeas que se transponen en leyes nacionales y autonómicas, retrasan hasta la extenuación el desarrollo de múltiples actividades y actuaciones en nuestro medio rural.
Los problemas comienzan con la elección del lugar y la superficie que posea la parcela designada, vinculada sin remedio a la edificabilidad que permita la normativa urbanística correspondiente, así como al resto de informes sectoriales preceptivos.
De igual modo, en un gran número de proyectos y dependiendo de la entidad del mismo, debe superarse una fase de información pública, así como el traslado de la información a las organizaciones ecologistas para que emitan sus correspondientes observaciones. Cumplir el régimen de distancias con los núcleos de población, actividades similares y por supuesto con ríos, arroyos y demás corrientes de agua, suponen, junto a la compatibilidad de la actuación con los valores ambientales existentes, un proceso administrativo que se demora en el tiempo y que debe a la vez, superarse de manera favorable.
En múltiples ocasiones, cuando llega la autorización, la oportunidad de negocio ha perdido su sentido, condenando al abandono el proyecto y por tanto, alimentando al monstruo que ocupa el encabezado del presente artículo.
La despoblación es un problema transversal que no entiende de derechas ni de izquierdas, sino del sentido común de las personas para solucionar a nivel de país, un grave problema futuro que ya está llamando a la puerta y que no es otro que el de la falta de personas en edad de cotizar.
Es tan sencillo como que, si la suma de la burocracia con la legislación vigente impide o dificulta la actividad, no se generará empleo y por tanto, disminuirá el número de trabajadores cotizando, que garanticen el cobro de las pensiones de nuestros mayores. Dejarán igualmente de liquidarse impuestos derivados de la actividad económica y disminuirán los recursos suficientes como para poder afrontar el pago de las nóminas de quienes hoy, se encuentran trabajando amparadas dentro del presupuesto público.
Urge por tanto, al nuevo ejecutivo que resulte de las urnas en los próximos comicios, revisar y actualizar los procedimientos administrativos y la normativa vigente, estableciendo las prioridades que considere oportunas y ordenando los recursos naturales de tal forma que, con agilidad pueda compatibilizarse el desarrollo económico de una región con el cuidado de los valores ambientales de una tierra tan extensa y despoblada como la nuestra. Una tierra con idéntica superficie que países como Holanda o Suiza, pero con 17 y 9 veces menos población respectivamente y con un evidente menor nivel de desarrollo.
Si no se actúa pronto, de nada servirá seguir clamando detrás de la pancarta.