Son tantos los casos de corrupción que ya casi hemos perdido la cuenta. Hoy mismo una mujer me decía que ya no veía la tele porque sentía vergüenza. El problema ante esa actitud es que aunque cerremos los ojos, la corrupción sigue estando ahí y sigue corrompiendo nuestras instituciones y apoderándose de lo que es de todos. No podemos mirar hacia otro lado, no podemos resignarnos y normalizar algo que es absolutamente anormal en una democracia sana.
La corrupción no es sólo una cuestión moral, no es que algunos sinvergüenzas faltos de ética (igual va a ser que algunos sí que necesitan más clases de Educación para la Ciudadanía, a la vista de los hechos) se hayan enriquecido aprovechándose de sus cargos públicos. Oponerse a la corrupción va más allá de la defensa de la moral y la ética, es una cuestión de pragmatismo económico también. Cuanto más roban, menos dinero tenemos para sostener la educación, la sanidad, la protección social… los cimientos de nuestro estado de bienestar. Tardar más de una año en que te den cita para el especialista en la Seguridad Social, no poder hacer frente a la matrícula de la universidad, trabajar y no alcanzar a pagar el recibo de la luz… las cuestiones que cada vez son más comunes a toda la gente corriente tienen su raíz en esta corrupción estructural del PP, que llevaba muchos años poniendo en marcha políticas que son una alfombra roja para sus corruptelas y negocios.
La corrupción ha sido el leit motiv del partido popular; hacer negocio aprovechando su posición política como representantes de la ciudadanía. No son manzanas podridas, estamos hablando de una organización que tenía muy claro cómo engrosar sus cuentas y para ello los principios éticos se dejaban siempre a un lado. La semana pasada conocimos cómo Rajoy utilizó dinero público para sus actos de campaña. Han ganado elecciones dopados y como dijo la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil, “atentando contra los principios democráticos, como son el necesario equilibrio en la concurrencia electoral y un grado aceptable de pluralismo político”. El PP ha demostrado ser una grave amenaza a nuestra democracia.
A la indecencia moral que representa la corrupción y su consecuente empobrecimiento de las clases populares, en Extremadura tenemos que agradecerle además al PP no invertir lo mínimo para revertir esta situación de subdesarrollo económico en la que nos encontramos. Los últimos Presupuestos Generales del Estado vienen a agravar aún más nuestra situación de crisis estructural y hasta en la subasta de las renovables nos han dejado fuera condenándonos a ver desde lejos el desarrollo del nuevo modelo productivo asociado a la transición energética. Con Mariano Rajoy en la Moncloa Extremadura no levantará nunca cabeza.
Por decencia y dignidad ante esta emergencia democrática en la que nos encontramos, era una obligación moral presentar la Moción de Censura. Una obligación y un deber con la ciudadanía a sabiendas de que los números en principio no dan, según la aritmética parlamentaria, pero esta Moción de Censura va más allá de un parlamento que por desgracia cada vez tiene menos que ver con el pueblo al que dice representar. Esta Moción de censura es una Moción ciudadana, apoyada por sindicatos de trabajadores, organizaciones de consumidores, de jueces, asociaciones y colectivos sociales de todo ámbito. Una moción que trasciende las paredes de la sede de la soberanía popular y se ha convertido en un clamor popular. Miles de personas llenaron la Puerta del Sol el pasado día 20 de mayo apoyando esta iniciativa. Ningún periódico de gran tirada ni ninguna cadena de televisión abrió sus portadas o sus telediarios con esta noticia, la de que miles de personas exigían un gobierno decente a la altura de su pueblo que lleva mucho tiempo sufriendo las consecuencias de los recortes y la austeridad de esta estafa económica.
Ayer se conocieron los resultados de las primarias en el PSOE, si algo nos debe de quedar claro de ese proceso democrático es que la decisión de abstenerse a la investidura de Rajoy fue una decisión no legitimada por su militancia y así lo hicieron ayer ver sus bases. Hoy la pelota está en el tejado de Pedro Sánchez. ¿Comenzará su mandato como Secretario General presentando una moción de censura al gobierno más corrupto de Europa o seguirá tendiendo la mano al partido naranja, clara muleta del PP? ¿Estará del lado y a la altura de la ciudadanía o volverá a ser un lacayo del IBEX 35?