Blanca Martín Delgado Presidenta de la Asamblea de Extremadura

John Lennon se imaginaba un mundo bastante diferente al que tenemos, sobre todo porque aspiraba a que la paz, la concordia y la convivencia no fueran enterradas por los dogmas políticos y religiosos. Hoy, la realidad parece haberle dado la espalda ¿definitivamente? Depende de nosotras. Depende de ti. Depende de los gobiernos.
A diferencia del gran músico nacido allí, donde hoy la sonrisa de Jürgen Klopp encandila más allá de los eternos días lluviosos, como representantes de la ciudadanía tenemos la obligación de convertir la esperanza de la gente en políticas reales y efectivas.
Contribuir a la elevación del debate, exigir a propios y extraños que estén a la altura para dar paso a los argumentos y desechar los ruidos del odio, converger en una nueva simetría continental y cohesionar con igualdad los territorios, deben ser, desde mi posición, mucho más que un deseo imaginario.
Lo de ser realistas y tratar lo imposible que decía el rosarino Guevara, hoy, dentro de nuestro agrietado, pero no roto -aún- marco de convivencia, ha de traducirse en un ejercicio de equilibrio y compensación justa que satisfaga a la población de todos los territorios de nuestro país.
Tan bajo mínimos estamos, según parece, que festejamos la normalidad de tener gobierno después de dos citas electorales. No, no está mal votar. Lo que en un futuro estará mal, será no aprender del bloqueo.
Es imprescindible, en esta época de atomizaciones, buscar soluciones constitucionales para que no se repita la inmovilidad. Una votación puede soportar el “no”, dos votaciones, valga la redundancia, no. Si no somos capaces de acordar por las buenas, que la ley nos obligue porque, en segunda instancia, sólo permita el sí y la abstención. No cansar más a la sociedad empieza por aliviar su hastío.
En 2020 espero no lamentar más asesinatos machistas, fuera o dentro del ámbito familiar. Para ello debemos profundizar en legislación y en educación. Acabar definitivamente con los roles de género y apostar por una educación pública que incluya dentro de sus programas, la obligatoriedad de una asignatura que se llame “igualdad de género”, sería un buen intento para remediar los coletazos de un patriarcado en franca retirada pero no derrotado.
Un 2020 que nos haga, como territorio, dar pasos de gigantes en nuestra lucha contra la despoblación, porque avanzar en esta materia, implicaría que hemos progresado en empleo, en repatriación de talento y en conseguir que Extremadura sea un ejemplo efectivo en esta pelea contra el tiempo y las necesidades.
Por tanto, éste debe ser un año de esfuerzos conjuntos que ganen a la mezquindad sectaria. Un año en el que nos encuentre delante de los retos en vez de ir a rebufo. Porque ir por delante, no es ni más ni menos, que construir acuerdos, potenciar la esperanza y aunar voluntades en un todo compuesto por la igualdad.