José Carlos Díez Economista y analista económico

El terremoto político que generó el pleno del Congreso para prorrogar el estado de alarma ha cambiado radicalmente la estrategia del Gobierno en la desescalada. De gradual, asimétrica y sin fechas, a simétrica y con fechas. En julio según el Presidente todos los españoles podrán irse de vacaciones y todos los extranjeros podrán venir.
La pasada semana el PSOE y Podemos negociaban a varias bandas para conseguir el apoyo de la prórroga. El Gobierno quería un mes pero nadie les apoyaba. Bajaron a una prórroga de 15 días para conseguir el apoyo de Ciudadanos y el PNV. Pero terminado el pleno se filtró un documento firmado por el PSOE, Podemos y Bildu para derogar la reforma laboral y aumentar la regla de gasto de los ayuntamientos.
Bildu es la primera vez que exige en sus negociaciones con Madrid derogarla. Sus prioridades siempre han sido: libertad y acercamiento de presos y autodeterminación. Por lo tanto, parece un movimiento de Podemos para reventar el pacto con Ciudadanos y meter la derogación de la reforma que siempre ha estado en sus prioridades.
Bildu sí tiene mucho interés en aumentar la regla de gasto de los ayuntamientos y en firmar el acuerdo. Le quita el monopolio al PNV de conseguir mejoras para los ciudadanos vascos en sus negociaciones en Madrid, tanto con el PP como con el PSOE desde hace décadas. Y recordemos que ya estamos en campaña para las elecciones vascas; un acuerdo tripartito Bildu, PSOE y Podemos probablemente no sume para conseguir que Arnaldo Otegui sea Lendakari pero sí daría un vuelco al mapa político y territorial en los ayuntamientos y las diputaciones forales. La petición de aumentar la regla de gasto la hice yo en marzo en este informe y la lleva pidiendo la federación de Municipios mucho tiempo. Darle esa baza política a Bildu perjudica principalmente al PSOE, un partido que gobierna en miles de ayuntamientos.

Pincha y conoce más de la asesoría de empresa…


Lo que todavía es un misterio es por qué Pedro Sánchez accedió a esta jugada política de alto voltaje, ya que no necesitaba los votos de Bildu para sacar la prórroga. El acuerdo con Bildu supone una declaración de guerra al PNV en plena campaña, revienta el diálogo social con patronal y sindicatos y provoca una grave crisis interna en su partido. El sábado el Presidente justificó su decisión diciendo que es culpa del PP que no le apoya. Pero ¿qué tipo de apoyo quiere Sánchez del PP? ¿Un acuerdo de gobierno? ¿De legislatura? ¿Presupuestos y elecciones anticipadas en 2021? ¿O apoyo incondicional y sin contrapartida?
Los mentideros de Madrid fueron una olla a presión de rumores y desmentidos el miércoles y el jueves. Nadia Calviño amenazó con dimitir y por eso el PSOE sacó una rectificación del Pacto a las pocas horas negando que fueran a derogar la reforma laboral. Y mientras, Pablo Iglesias amenazando con dejar el Gobierno él y todos los ministros de Podemos. Etcétera. Cuando se inició la investidura ya advertí que era el Gobierno más débil de la democracia, que no estaba pensado para gobernar, con cuatro vicepresidencias sin competencias claras y que este tipo de conflictos serían recurrentes. La pandemia y la grave crisis económica que ha provocado hacen mucho más insostenible este gobierno.
La parte más positiva vino de Europa. Como te anticipé, Merkel no dejaría romper el Euro y el pasado lunes lo demostró presentando un plan de reconstrucción con Emmanuel Macron. “El estado nación no tiene futuro y para que a Alemania le vaya bien a largo plazo es necesario que a Europa le vaya bien.” En 14 años de Canciller Merkel nunca fue tan explícita en su apoyo al proyecto europeo. Aunque era previsible cuando estaba viendo la rueda de prensa y leí el comunicado detallando el plan, reconozco que me emocioné y sentí una sensación de calma y alivio. Hay Vida Después de esta maldita Crisis.
Varios medios europeos hablaron del ‘momento Hamilton’. Hamilton era secretario del Tesoro de EEUU con George Washington en 1789 y lideró el diseño del sistema federal que quedó refrendado en su Constitución y se ha mantenido hasta nuestros días. La comparación es excesiva ya que aún estamos lejos de ver los estados Unidos de Europa, pero el lunes los europeos asistimos a un hecho histórico donde los dos grandes países decidieron avanzar hacía la unión fiscal, el tesoro único y los eurobonos, el sueño de los padres fundadores.


La propuesta es doblar el presupuesto europeo en los próximos tres años desde 2021 a 2024 y concentrar los fondos en inversión vinculado al Green Deal ya presentado por la Comisión: digitalización y sostenibilidad. La Comisión emitiría deuda para financiarlo y ese sería el embrión de los eurobonos. Las condiciones para acceder a los fondos son: Pacto de estabilidad y medidas de consolidación fiscal y reformas para aumentar el potencial de crecimiento y hacer sostenible la deuda a largo plazo.
Ya sabemos que las negociaciones de los presupuestos europeos son muy duras y llevan mucho tiempo. Los pitufos -nombre de la liga hanseática de países pequeños unidos: Holanda, Finlandia, Suecia, Austria, etc- ya han dicho que no lo aceptan. El proyecto seguirá adelante pero si algunos países se descuelgan seguramente se reducirá la cantidad de la inversión. La mayoría de alemanes apoyan el Plan según las encuestas pero el 80% de los votantes del partido fascista Alternativa y el 30% de los votantes de la CDU de Merkel lo rechazan.
Merkel asume riesgos de nuevo, como hizo cuando aceptó a los refugiados sirios, por eso el resto de países deberíamos dar señales para evitar los recelos de esos votantes. España debería aspirar a ser un apoyo de estabilidad para Francia y Alemania como consiguió Felipe González en los años ochenta y no convertimos en el país que más fondos estructurales y de cohesión ha recibido desde entonces, el 1% del PIB de promedio anual. En este escenario lo sucedido en España esta pasada semana es aún más grave. ¿Imaginas la sensación cuando Merkel, la presidenta de la Comisión, o del BCE cuando leyeron la crisis política y el lío que hubo con el Pacto? Esto es lo que hacían los griegos o Berlusconi en Italia en la crisis anterior.
Las señales y la información que recibo del BCE es que ampliarán su programa de compras a pesar de la presión del Tribunal Constitucional alemán. El discurso de Merkel alivia extraordinariamente esa presión. Eso permitiría que Italia y España se sigan financiando hasta el otoño. El Tesoro público ha emitido 7.000 mill con tipos a 3 años al 0%, el de 10 años al 0,71% y ha conseguido colocar bonos a 50 años.
España se la juega en otoño con los presupuestos. Llevamos desde 2018 sin unos presupuestos y recordemos que los de ese año se aprobaron en mayo y aumentaron el déficit estructural, como ha reconocido la Comisión Europea. El debate que yo pedía sobre la necesidad de adaptar la política económica a una crisis profunda y duradera y no a una corta y de recuperación rápida como defendía el Gobierno, Bruselas y el BCE ya ha comenzado. El informe del Semestre Europeo de la Comisión lo explicó: el déficit y el aumento de deuda pública este año es inevitable para luchar contra la pandemia y la crisis económica que ha provocado. Pero las medidas deben ser compatibles con la sostenibilidad de las finanzas públicas en el medio plazo. El mismo mensaje del Gobernador del Banco de España en el Congreso la pasada semana.
La clave, como llevo dos meses pidiendo, es presentar un plan de consolidación creíble a medio plazo para que la reducción del déficit en 2021 sea mínima y no ponga en riesgo la frágil recuperación económica. El déficit estructural primario, excluyendo intereses de la deuda, estimado por la Comisión en 2021 es del 3% del PIB. Por lo tanto, el ajuste debería ser de esa magnitud y debería hacerse en tres o cuatro años. El máximo ajuste anual debería ser 1% del PIB.
En 2012 Rajoy presentó unos presupuestos que no tenían una senda de ajuste creíble y tuvo que pedir un rescate al mes. El ajuste fiscal ese año fue de 4,5% del PIB y en 2013 de 2% del PIB y en esos dos años se destruyeron 1 millón de empleos. Los mismos que se han destruido en marzo y en abril con el confinamiento. Ese es el escenario a evitar.
La mayor parte del déficit estructural se concentrará en la Seguridad Social y en el sistema de pensiones. La reforma de 2010 aumentó la edad de jubilación a 67 años en 2027. Se podría adelantar la jubilación obligatoria a los 67 años en 2024 lo cual supondría una significativa reducción del déficit. Los trabajadores cotizan durante más meses y la Seguridad Social se ahorra el pago de sus pensiones ese periodo. Hay que incluir una cláusula de cálculo de pensión sobre toda tu vida laboral lo cual reduciría el ratio de la primera pensión sobre el último salario que en España es del 80%, de los más altos de la OCDE. Congelar todas las pensiones en 2021 (que apenas habrá inflación) y que las pensiones más altas crezcan menos que el IPC en los próximos años.
La alternativa sería el rescate, recortar una paga extra a los pensionistas y reducir el salario a los trabajadores públicos, como le pidió la Troika a Rajoy en el verano de 2012. La pregunta del millón de dólares es ¿quién apoyaría esos presupuestos en el Congreso? Parece evidente que Podemos y Bildu no. La alternativa sería con el PP y ni está en la cabeza de Sánchez, ni parece hoy que Casado esté por la labor de apoyarlos. La idea de consolidación fiscal ya está llegando al Consejo de Ministros. Escrivá hace dos meses decía que costaría 5.000 mill, ahora se ha reducido a 3.000 mill. Será complementaria a las de CCAA y no tendrá fondos adicionales para políticas activas de empleo. Al final será muy similar a un impuesto negativo sobre la renta como propuso Milton Friedman, pero incomprensiblemente lo pagará la Seguridad Social y no la Agencia Tributaria, aumentando el déficit estructural del sistema público de pensiones.
El Gobierno, según la ley del presupuesto, deberá presentar en el Congreso el techo de gasto y la senda de déficit para 2021. Con el escenario del Programa de Estabilidad enviado por el Gobierno a Bruselas se podrá saber el esfuerzo fiscal de consolidación que el Gobierno pretende hacer. Luego faltaría presentar el proyecto de presupuestos en septiembre en el Congreso con las medidas detalladas para conseguir esos objetivos. Esta es la clave de la política española en los próximos tres meses. De momento la estrategia para conseguir esos apoyos ni está, ni se la espera. Eso exigirá una reforma fiscal en profundidad y creíble para los próximos tres años que supondrá subidas del IVA y eliminación de deducciones en el IRPF y en sociedades, y armonizar el impuesto de patrimonio y sucesiones en las CCAA que los dan una exención completa del impuesto.
Los datos de actividad de marzo y abril van confirmando lo que anticiparon los datos de afiliados a la Seguridad Social. La actividad del sector servicios y el sector industrial en marzo cayó un 20% mensual eliminando el efecto estacional con respecto a febrero. Teniendo en cuenta que el confinamiento comenzó a mediados de mes, en abril la caída será aún mayor. El BBVA publica datos de pago en tarjetas de crédito y se ve una recuperación en las CCAA que han pasado a la fase 1 la pasada semana. Es lógico, no obstante, esos datos están muy relacionados con las ventas minoristas de consumo que suponen menos del 20% del PIB y el empleo. Con varias empresas que he contrastado esta semana del sector logístico y sectores claves de nuestra economía aún no perciben recuperación. Veremos esta semana con Madrid y Barcelona en fase 1.
Las pernoctaciones en hoteles en abril fueron cero, sin duda la peor crisis que podríamos imaginar para la economía española. El Gobierno, con buen criterio, ha rectificado la cuarentena obligatoria unilateral para turistas y ha mandado un mensaje que en julio el turismo en España estará permitido. Ahora falta conocer los detalles del plan que debe mantener nuestras playas como destinos seguros de COVID-19 e identificar a los turistas que llegan con el virus para evitar que entren y mantener la pandemia en nuestras localidades turísticas bajo control. El plan debe ser coordinado con Bruselas e igual para los países del los que recibimos turistas.

Conclusión: hemos pasado lo peor pero el escenario sigue siendo muy incierto y nuestros políticos en Moncloa y el Parlamento de Madrid hacen todo lo posible para que lo sea aún más.