Economista y analista económico

El Coronavirus sigue expandiéndose por el mundo a la velocidad de la luz. Esta semana ha sido América la que ha tomado medidas de confinamiento y restricciones de movilidad desde Alaska hasta Tierra de Fuego. El estado de Nueva York y California han cerrado y eso tendrá un gran impacto económico mundial. En 2019 el crecimiento del consumo privado en EEUU evitó una recesión mundial, y el virus ha parado en seco su consumo y el único motor del crecimiento global.
EEUU ya está en recesión y ha finalizado el ciclo expansivo más largo de su historia, que comenzó en la primavera de 2009. Durante esos ciclos tan largos se generan excesos que luego necesitan tiempo para digerirse durante la recesión. El principal era la burbuja de la bolsa y especialmente del sector tecnológico. Y de nuevo emisiones masivas de bonos de mala calidad. En 2008 fueron bonos con garantía de hipotecas subprime. Ahora bonos con garantía de empresas con mala calidad crediticia. Desde 2009, la deuda corporativa de bonos basura ha aumentado exponencialmente y ahora buena parte de esa deuda impagará y se producirá una crisis de crédito muy intensa, igual que sucedió en 2001 cuando pinchó la burbuja del Nasdaq.
El índice de bonos basura ha perdido en las dos últimas semanas el 30% de su valor, la misma caída que la bolsa. El diferencial de bonos con rating BB, el primer escalón del bono basura, ha subido en dos semanas en vertical de 250 pb hasta 750 pb y todo es susceptible de empeorar. Es lo mismo que sucedió en 2008 pero ahora todo es más rápido. También ha colapsado el mercado de bonos de buena calidad crediticia subiendo su prima de 50 pb hasta 250 pb. La diferencia es que con tipos del 3% esas empresas siguen siendo solventes, pero la mayoría de bono basura con tipos por encima del 8% están en quiebra. Es muy probable que no puedan emitir más bonos para atender el pago de sus vencimientos de deuda anterior y si no lo consiguen, no podrán generar beneficios al tener que pagar todo su margen en devolver los intereses de la deuda.
A esto debemos sumar que en noviembre hay elecciones y Trump, que tenía casi asegurada su reelección, ve como su aprobación está cayendo en picado por negar la crisis y no anticiparse a la que venía. Igual que en 2008, las elecciones hacen muy complicado aprobar los estímulos que serían necesarios en el Congreso. Trump se ha ganado muchos enemigos en Washington, especialmente entre sus compañeros de partido. Otra dificultad añadida es que Trump está en guerra económica con China. Una crisis económica global de esta magnitud exige una actuación global liderada por EEUU. Esta semana se reúne el G20 y es difícil ser optimistas.
Será por videoconferencia y no permite las reuniones de pasillos que es donde se cierran los acuerdos. Los gobiernos están centrados en sus crisis sanitarias nacionales y la reunión la lidera Arabia Saudí, que ha iniciado la guerra del petróleo con Rusia perjudicando enormemente a EEUU. Trump sigue diciendo que el virus es chino para molestar a Xi y arengar a sus votantes. Y Xi ha expulsado de Pekín a cinco periodistas de los grandes medios de EEUU, la mayoría críticos con Trump, por pretender informar sobre la crisis del virus. Si la guerra continúa y cada uno toma medidas por su cuenta sin coordinar la crisis económica, seguirá cuando acaba el confinamiento.
El consumo privado de EEUU y el de la Unión Europea suponen aproximadamente la mitad del consumo mundial y ambos se han parado en seco. Si a eso sumamos el frenazo de la inversión de las empresas, nos enfrentamos a la peor recesión desde la Gran Depresión como ha advertido Ángel Gurría de la OCDE. Gurría pide un nuevo Plan Marshall Mundial para salir de esta crisis que fue para lo que se creó la OCDE. Sin duda será necesario, y un nuevo Bretton Woods para adaptar la gobernanza global a la nueva realidad geopolítica del mundo y al cambio climático.
China comenzaba a recuperarse de su confinamiento y a aumentar su producción. En Pekín, Shanghái y las grandes ciudades se han abierto los hoteles que operan al 50% de su capacidad y los restaurantes, que también siguen muy por debajo de sus ingresos anteriores al virus. Solo la zona de Wuhan sigue confinada. China provocó un desplome del comercio mundial en enero y febrero y ahora sus empresas exportadoras sufrirán el colapso del comercio mundial provocado por el cierre del resto del mundo. Por lo tanto, China -en el mejor de los escenarios- tendrán una recuperación en W.
La duda en China es: ¿resistirán sus empresas y su sistema financiero? Como te he advertido desde hace años una de las grandes vulnerabilidades de la economía mundial es el sobreendeudamiento de las empresas chinas. En 2008 suponía el 40% del PIB y hora es del 80% y más de la mitad es de mala calidad crediticia. El problema de China es su propaganda: les lleva a negar la realidad y nadie sabe responder a la pregunta de si estamos ante una de las peores crisis bancarias de la historia. La ventaja es que tienen enormes reservas de divisas y pueden resolverla solos sin el FMI. La duda es si sabrán resolverla o la reventarán como hicieron los japoneses en 1991.
Europa es una economía envejecida, con muy bajo potencial de crecimiento y muy dependiente de las exportaciones. En enero las exportaciones de la Eurozona se mantuvieron estancadas, igual que el año anterior. En febrero se espera una intensa caída y en marzo y en abril se desplomarán. Esto sumado al cierre en Italia y España en marzo -que son el 25% del PIB- se espera que en el 1tr20 el PIB y el empleo caiga. Y en el 2tr20 la caída será mayor.
Preocupa especialmente Italia, una economía que lleva 20 años sin apenas crecer y que tiene un déficit público del 3% del PIB y una deuda pública del 140% del PIB antes de comenzar la crisis. Si divides 100 entre 12 meses cada mes supone el 8% del PIB anual. La caída del PIB en cada mes que dure el confinamiento en Italia provocará un descenso del PIB entre el 2% y el 4%. Si asumimos una elasticidad de uno con el empleo y con los ingresos públicos, la tasa de paro, el déficit y la deuda pública aumentarán con fuerza. Si el mundo y Europa no crece en el segundo semestre, Italia no podrá hacer frente a sus compromisos de deuda. Lo mismo que sucedió con Grecia en 2010 pero ahora con el segundo país con más deuda pública del mundo sólo por detrás de EEUU y con diez veces más deuda que Grecia en euros.
Se entiende que el primer ministro Comte dedica la mitad de su tiempo a gestionar la crisis sanitaria en su país y la otra mitad a hacer lobby en Bruselas y en Frankfurt para evitar el rescate o la suspensión de pagos que sería aún peor y pondría en riesgo el futuro del euro. Sus presiones han surtido efecto. La prima de riesgo de Italia en las dos últimas semanas se duplicó hasta 300 pb y la pasada semana aumentaba 40 pb cada día. El BCE anunció un programa extraordinario de compras de deuda de 750.000 mill que, además de triplicar las compras que ya hacía, permite superar el límite de cada país en el capital del BCE. Eso explica que el miércoles el BCE consiguiera bajar la prima de riesgo italiana de nuevo a la mitad.
La política monetaria permite ganar tiempo pero no es capaz por si sola de evitar una crisis de deuda. Si Italia no vuelve a crecer no podrá pagar. Y para crecer debe poder financiar el aumento del déficit y aprobar un plan de estímulo. Este lunes se reúne por tercera vez de urgencia el Eurogrupo y se debatirá de nuevo que el ESM pueda financiar a los países con la condición de que el dinero vaya a luchar contra el impacto económico de la crisis. Sería un rescate pero, en vez de exigir recortes como en 2010, permitiría financiar los planes de estímulo para frenar el impacto de la crisis sobre la tasa de paro y la deuda pública.
En el análisis de antes donde pone Italia pones España y todas las estimaciones sirven. Un descenso del empleo del 6% en los próximos tres meses situaría la tasa de paro en el 20%, y el déficit público subiría hasta niveles próximos al 10% por el desplome de los ingresos públicos y el aumento del gasto por desempleo. España comienza la crisis con la deuda pública en el 96%, más de 40 puntos de PIB menos que Italia. Eso explica que nuestra prima de riesgo subiría pero con menos intensidad y que tras la decisión del BCE, bajará a 100 pb. Por lo tanto, España no será la causa del terremoto financiero. Pero se verá afectada por la onda expansiva del tsunami italiano en caso de que se produzca. Se entiende que el presidente del Gobierno, con buen criterio, se haya posicionado junto con Italia pidiendo que el ESM actúe.
Igual que en la crisis sanitaria, en la respuesta para frenar la crisis económica el gobierno español va muy por detrás de la realidad. El jueves de hace dos semanas anunció un plan de estímulo para el sector turístico de 400 mill. El turismo supone el 12% del PIB que son unos 150.000 mill al año o sea 12.000 mill al mes. Supongamos dos meses de cierre completo serán unos 25.000 mill. Dotar sólo 400 mill refleja lo alejado de la realidad que estaba el gobierno hace sólo diez días.
El martes pasado anunciaron un plan que incluía como medida más destacada una línea de avales de 100.000 para financiar a las empresas, especialmente a las pymes y los autónomos. Escribiendo hoy domingo por lo noche aún no se ha publicado la orden ministerial con los detalles del plan. Es clave que el plan pueda financiar líneas de factoring para que las empresas pueden disponer de sus facturas pendientes por cobrar para hacer frente a su pagos. El crédito comercial entre cliente y proveedor supone el 30% del PIB en España y si se activa una cadena de impagos y retrasos de pagos generalizada la crisis se convertirá en depresión y la tasa de paro superará con creces el 20%. Otro detalle que es necesario conocer es si el Estado asumirá la primera pérdida en caso de impago o la asumirá el banco. Eso condicionará el éxito del plan. Y otro detalle es el porcentaje de pérdida que asumirá el estado y el banco.
Donde el gobierno sí ha estado más acertado y diligente es en la protección a las familias, especialmente las más vulnerables. En 2008 la tasa de paro era del 8% y ahora es del 14%, uno de cada tres parados son de larga duración y han perdido la prestación y la encuesta de condiciones de vida nos dice que el 3% de la población vive en pobreza severa. El 30% de la población sufre la precariedad laboral y bajos salarios y desigualdad pero pobreza severa implica que no pueden dar el alimento necesario a sus hijos, estos no tienen calzado y ropa adecuada para ir al cole, así como tampoco un lugar y un ambiente adecuado para estudiar. Son muy necesarias las medidas del gobierno para proteger a esta parte de la población española que será la que más sufra de nuevo la crisis y que lamentablemente irá aumentando en los próximos meses.