Hervás, a 2 de mayo de 2021.

Como anticipé, el ritmo de vacunación en España a mediados de abril cogería velocidad de crucero. Ya se están administrando más de 700.000 vacunas de promedio diario. A finales de mes habrá superado el millón. En pocas semanas se habrán vacunado toda la población de más de 70 años. Esta cifra es clave ya que el 85% de los fallecidos en España han sido mayores de esa edad. Por lo tanto, el escenario más probable es que siga aumentando la curva de infectados pero que las curvas de fallecidos sean muy inferiores a los de las tres olas anteriores.
En toda Europa sucederá lo mismo y la clave es cómo agilizan los países los certificados para que todas las personas que estén vacunadas o con una PCR reciente puedan viajar a otro país. Reino Unido es el país europeo que más rápido va en la vacunación y nuestro principal visitante turístico. Por lo tanto, España debería liderar en Bruselas esto. Escribo este informe en el avión volviendo de Lanzarote donde he estado trabajando y reuniéndome con el Cabildo y empresarios de la isla. Es dramático pasear por las zonas más turísticas donde antes de la pandemia estaban llenas de vida y ahora son lugares fantasmas. El mejor plan de recuperación era la vacunación y una vez conseguida es la recuperación de la movilidad segura del contagio.
La pasada semana el Gobierno ha publicado el documento de su Plan de Recuperación y ha provocado polémica. La acusación es que ya se había publicado antes, lo cual es cierto, pero el documento va tomando forma y lo más interesante es la polémica que han provocado las medidas propuestas. En plena campaña de elecciones en Madrid y con el candidato del PSOE prometiendo no subir los impuestos ha sorprendido que el propio Pedro Sánchez haya defendido la necesidad de subidas de impuestos.
La polémica ha demostrado el escaso conocimiento que tiene la sociedad española del funcionamiento de la Unión Europea y cómo la confrontación política empobrece el nivel del debate, nuestra democracia. Eso afecta negativamente a nuestra economía ya que no se habla de los temas importantes para mejorar el nivel de empleo y sobre todo los salarios, los asuntos que según el CIS más preocupan a los españoles desde hace ya demasiados años. Voy a explicar de forma sencilla la causa que explica que el Gobierno haya tenido que presentar en plena campaña electoral medidas que les pueden acabar provocando que su partido tenga menos votos.
Como todos los años los países tienen que presentar el 30 de abril un Plan de Estabilidad y un Plan Nacional de Reformas. Este año con la aprobación del Plan de Recuperación el dinero europeo que recibirán los países se doblará y como anunció el Consejo, ese aumento de gasto se financiará con deuda que pagaremos todos los ciudadanos europeos. Por esa razón, la Comisión Europea ha reforzado el Semestre Europeo y la evolución de los planes de los países. Los planes necesitan ser aptos o de lo contrario, el país no recibirá ni un euro del Plan de Reconstrucción. No hace falta sacar una excelente nota, ni presentar medidas muy drásticas para aprobar como le sucedió a Rajoy en 2012 cuando solicitó el rescate. Pero sobre todo no puedes aprobar medidas que provoquen un suspenso de la Comisión.
Las principales preocupaciones en Bruselas sobre España son la digitalización y la sostenibilidad y España ha presentado un plan muy enfocado a ambos temas. Los puntos de fricción con la Comisión serán: el déficit público estructural, especialmente en el sistema público de pensiones y el mercado de trabajo. Antes de la pandemia el déficit público estructural superaba los 30.000 millones, según la Comisión Europea, y no había parado de aumentar desde 2014 a pesar de estar en una fase expansiva de crecimiento y de aumento de los ingresos públicos. En mayo la Comisión presentará sus previsiones de primavera con una proyección fiscal del déficit público estructural a medio plazo.
La pandemia lo ha aumentado y exige más esfuerzo de ajuste estructural a medio plazo que el que ya exigía la Comisión antes de 2019 y que ni el Gobierno de Rajoy durante cinco años, ni el de Pedro Sánchez en su primer año y medio fueron capaces de cumplir. Recordemos que la bajada de impuestos de Rajoy prometida en la campaña electoral provocó una apertura de sanción a España que podría haber alcanzado los 5.000 millones y que nos perdonó el Presidente de la Comisión Juncker exigiendo unas mínimas medidas de ajuste y subidas de impuestos en 2017 que aprobó el PP de Rajoy.
Por esa razón el Gobierno ha anunciado las medidas de subidas de impuestos incluso a sabiendas que perjudicaban a su candidato en Madrid. Las medidas son puramente cosméticas y solo afectan a impuestos que tienen mínimo nivel de recaudación y no solucionan el problema. Por ejemplo, la normalización del impuesto de Patrimonio en Madrid aumentaría la recaudación unos 500 mill o sea el 0,01% del déficit estructural total.
El problema es que enfrente tiene al PP que lleva los niveles de demagogia fiscal al límite de los Republicanos en EEUU. Díaz Ayuso ha tomado medidas de aumento de gasto durante la pandemia que incrementan el déficit público estructural de Madrid y la Comisión Europea exigiría subir los impuestos para financiar ese incremento. Pero el PP vuelve a prometer bajadas de impuestos sabiendo que incumplirían las leyes europeas y dejarían a España sin acceso a la mayor llegada de fondos europeos de la historia.
Díaz Ayuso tiene de asesor a Miguel Ángel Rodríguez, el asesor de Aznar que importó a España la demagogia fiscal de los neocon americanos. Llevan dos años gobernando en Madrid y han sido incapaces de aprobar ningún presupuesto. Por lo tanto, ni han subido ni han bajado los impuestos que solo se pueden modificar cambiando la ley en el parlamento. No ha aprobado los presupuestos porque Vox se los ha tumbado varias veces y las encuestas anticipan que el PP gobernaría con Vox. Por lo tanto, el escenario más probable es que ni sean capaces de aprobar esa bajada de impuestos que provocaría una multa millonaria. Pero da igual cómo la pagaremos los madrileños. Como diría Aznar: “Viva el vino”.
El problema es que el PSOE y, sobre todo Podemos, también hacen demagogia fiscal prometiendo que se puede reducir un déficit estructural de 50.000 millones solo subiendo los impuestos a los ricos. Los supuestos ricos son solo el 3% de la población y pagan el 33% de la recaudación del impuesto sobre la renta. El problema de recaudación en España tiene que ver con nuestra elevada economía sumergida, con nuestra baja tasa de empleo derivada de nuestra alta tasa de paro y con los agujeros que desde 1978 se han ido aprobando en el IRPF, el IVA y el Impuesto de Sociedades que bajan significativamente su capacidad de recaudación. Pero también proponen subir la gasolina y poner peajes en sombra por el uso de la red de autovías que pagarían la mayoría de los españoles.
La otra alternativa es recortar gasto estructural que es lo que ha comenzado ya por fin a hacer el ministro de Seguridad Social. Recordemos que es el mismo ministro que el año pasado en el Pacto de Toledo dijo que el sistema de pensiones era sostenible y que se podían subir de nuevo las pensiones vinculadas al IPC, lo cual aumenta el déficit estructural más de 10.000 millones. Ahora ha dicho que el cálculo de la pensión debe ir vinculado a la esperanza de vida. Eso traducido al castellano llano significa recortar las pensiones para todos los nuevos entrantes en el sistema que tengan una pensión por encima de la mínima. Podemos ya ha dicho que no apoyará esa medida. Pero si llegara al Congreso el resto de los partidos tampoco la apoyaría.
En mercado de trabajo la Comisión es consciente que la fragmentación del parlamento complica la aprobación de una nueva regulación, pero sí han puesto una línea roja para no retroceder en las reformas de 2010 y 2012. El pasado lunes inauguramos en la Universidad de Alcalá las jornadas con la Asociación de Periodistas de Información Económica que he tenido el honor de organizar desde la cátedra Orfin que dirijo. La invitada fue la vicepresidenta Yolanda Díaz y a pregunta de un periodista negó que vayan a derogar la reforma laboral y habló de “modernización” de la regulación. Pidió máximo consenso y era evidente que en su reciente viaje a Bruselas quedó clara la posición de la Comisión para aprobar la llegada de fondos a España. Hacer política desde las televisiones y los mítines es más fácil que tener que aprobar leyes y decretos que salen publicados en el BOE. Podemos ha pasado de los platos de TV al BOE y ya son un partido igual que los que criticaban en la época del bipartidismo.
China creció en el 1tr21 un 18,5% anual. La cifra es positiva pero engañosa y por eso conviene explicarla ya que pasarán cosas parecidas en la mayoría de los países. Al comparar con el mismo trimestre del pasado año en el que estaban las medidas más restrictivas del confinamiento la tasa anual no es un buen indicador, como lo había sido hasta diciembre en China y hasta febrero en España y Europa. Ahora conviene mirar las tasas trimestrales filtradas del componente estacional. En el primer trimestre en China el crecimiento fue del 0,6% o del 7% anualizado. En el 4tr20 la tasa fue del 2,6%, seis veces superior. La causa de esta desaceleración es el menor crecimiento de las exportaciones mundiales, pero también de un menor crecimiento del consumo interno.
En el gráfico anterior se observa el fuerte crecimiento de los precios industriales en China, la línea roja, que también están distorsionados por la comparación con el año anterior cuando se desplomaron los precios del petróleo y de las materias primas. Sin embargo, el IPC, sin energía y alimentos, sigue próximo al 0% y muy lejos de registrar una espiral inflacionista.
Lo mismo está sucediendo en EE.UU. El IPC general aumentó por encima del 2,5% pero el IPC subyacente, eliminando energía y alimentos, que es el que sigue la Fed como objetivo de estabilidad de precios para su política monetaria, sigue por debajo del 2%. Esto ayuda a explicar que la rentabilidad de los bonos a 10 años en EEUU siguiera bajando la pasada semana hasta niveles del 1,6% y el dólar se depreciara hasta niveles próximos al 1,2 con el euro. Eso indica que las expectativas de inflación de los inversores han disminuido.
La semana pasada Martin Wolf entrevistó en FT a Laurence Summers, catedrático de Harvard, uno de los economistas referentes en macroeconomía internacional y quien fue secretario del Tesoro con Obama y subsecretario con Clinton. Summers ha sido el gran defensor del estancamiento secular desde 2008 y de la necesidad de políticas fiscales expansivas. Sin embargo, ahora advierte que los planes de Biden son excesivos. Su estimación es que la brecha potencial es de unos 4 puntos de PIB y hay 10 millones menos de empleos que antes de la pandemia. Los planes de Biden son de 15 puntos de PIB de estímulo y podrían llegar hasta 25 puntos. Destaca la necesidad de aumentar el tamaño del estado y de subir los impuestos, pero critica que las subidas de impuestos sean menores a las políticas de gasto estructural. Eso puede despertar de nuevo el fantasma de los déficits gemelos, fiscal y exterior, y el dilema del economista Triffin que anticipó en los años sesenta que si EEUU hace una política que provoque inestabilidad macroeconómica e insostenibilidad de la deuda pondría en riesgo al dólar como moneda de reserva.
Ya se nos ha olvidado que la crisis de 2008 fue provocada por un exceso de deuda y en el gráfico anterior se ve cómo la deuda mundial, tanto en dólares como en porcentaje de PIB, ha aumentado 80 billones desde 2013, 50% del PIB mundial. La intervención de los bancos centrales ha evitado una grave crisis de deuda mundial pero el problema lejos de resolverse ha aumentado. Por esta razón, es importante no minusvalorar los riesgos que advierte Summers y que este economista observador lleva muchos años advirtiendo en este comentario semanal. Los tipos de interés de la deuda están en mínimos históricos y no hay una crisis de deuda a la vista. No obstante, sus efectos sobre el desempleo y la pobreza mundial serían tan desastrosos que conviene hacer políticas macroeconómicas prudentes que minimicen ese riesgo.