Madrid, a 24 de julio de 2021.

Este será el último informe y como es habitual os dejaré descansar en julio y en agosto. Así este economista observador también descansará que ha sido un año muy intenso. Haremos un repaso del primer semestre empezando por el mundo, pasando por Europa y acabando en España. El nacionalismo avanza pero es imposible entender tu pueblo o tu ciudad si no entiendes las dinámicas globales que te afectan y no controlas.
La noticia positiva es que la recuperación de la economía mundial es muy intensa, especialmente desde abril ya que se ha sumado la Unión Europa, la mayor área de consumo privado del planeta. En el gráfico anterior comparo las exportaciones mundiales de la crisis de 2020 con las de 2008. En 2008 la caída fue más intensa y duradera en meses, casi un año, y no se recuperó el nivel previo a la crisis hasta 33 meses después, en 2011. En esta crisis la caída fue muy corta, apenas 5 meses, y en otros 5 meses ya se había recuperado el nivel previo a la pandemia.
He mantenido el nivel del índice base 100 en 2010 para ver que en abril de 2021 las exportaciones mundiales siguen aún por debajo de las de 2011. El mundo ha vivido una década de desglobalización intensificada por Trump y sus políticas proteccionistas. Biden ha desmontado buena parte de los desastres generados por Trump en apenas seis meses y ha recuperado el multilateralismo en la gobernanza global. Pero no sólo ha mantenido las medidas proteccionistas de Trump sobre China sino que está intensificando su política exterior aislando a los chinos. Lo está haciendo en Asia recuperando el Asean y el área periférica china con el apoyo de Japón. Y lo ha vuelto a hacer con Putin cediendo su presión sobre Rusia para no entregarla a la influencia china.
Biden está decidido en acabar con el paradigma ultraliberal que ha regido el mundo desde Reagan en 1982 y avanza hacia un multicapitalismo con más compromiso social y ambiental. Su frase de esta semana replicando a los empresarios que paguen más a sus trabajadores es una señal más en este nuevo paradigma. No obstante, como nos enseñó Aristóteles y citó el gran economista Alfred Marshall en sus principios “la naturaleza no cambia a saltos”. El programa de Biden de estímulo fiscal ha pasado por el Senado y ha sufrido un intenso recorte. Biden ha tenido que comprometerse a mantener las bajadas de impuestos de Trump, la mayor parte en el impuesto de sociedades, decisión que va radicalmente en contra del anuncio en el G7 de poner un suelo a ese mismo impuesto del 15%. Mi consejo, como siempre, es que no te creas todo lo que sale en los medios. En la era de la comunicación cada vez es más necesario análisis de datos y criterio propio independiente.


Las empresas ajustaron bruscamente su capacidad de producción el pasado año debido a la pandemia y los confinamientos, y la recuperación está siendo tan intensa que les está costando atender todo el crecimiento de la demanda. Como nos enseña la teoría económica y la historia, cuando las empresas tienen el uso de su capacidad instalada al máximo tienen más poder de fijación de precios. Solo así se puede explicar el boom de precios que se observa en el gráfico posterior de las materias primas excluyendo los combustibles. El índice está ya próximo a máximos históricos y por encima de niveles de 2007. Eso supone una intensa transferencia de renta de países consumidores, como Europa, China o EEUU, a países productores: principalmente, América Latina, Australia y África.
El problema de cuellos de botella no está sólo en la producción de materias primas, también en la logística y especialmente en el transporte marítimo. En el gráfico posterior se observa el índice que mide el coste de transportar un contenedor en el puerto de Shanghái. Os daré datos reales que me facilita PV Solar, una empresa de autoconsumo fotovoltaico con la que colaboro. En diciembre de 2020 traer un contenedor de placas desde Shanghái al puerto de Valencia costaba 3.000 euros. La pasada semana costaba 13.500 euros y tardan un mes más en entregarlo.
Si a esto le sumamos que la política monetaria sigue siendo ultraexpansiva en la mayoría de principales economías, que sobra dinero en circulación y que se invierte donde las expectativas de rentabilidad son más elevadas tenemos la tormenta perfecta para explicar la vuelta de la inflación 13 años después de la crisis de 2008. Los bancos centrales han priorizado el pleno empleo y la estabilidad financiera a la inflación desde 2008 y ahora les pilla con el viento en contra y todas las velas desplegadas. El mayor problema lo tienen la Reserva Federal y el Banco Central chino. En Europa la economía es menos dinámica y las presiones inflacionistas están más contenidas. China además ha apreciado su divisa en el último año hasta 6,45 contra el dólar, niveles no vistos desde 2017 y próximos a los de principios de los años noventa. Esto les permite contener la inflación importada pero no la subida tan intensa de las materias primas. El mayor temor es que la Fed anuncie el fin de sus compras de deuda. Es lo que sucedió en 2014 y provocó una mini crisis financiera que le obligó a rectificar.
Esto es clave para países altamente endeudados con el exterior como España. Dentro del euro estamos más protegidos y no es previsible que el BCE modifique su política de compras antes de marzo de 2022 como ha afirmado recientemente su presidenta. No obstante, el Consejo del Banco Central está revisando su estrategia y los halcones alemanes y centroeuropeos están muy duros y aún no hay consenso. La pretensión es acercarse más a la Fed y tener un objetivo de pleno empleo explícito y equivalente al de estabilidad de precios. Pero parece que se conseguirá matizar el objetivo actual permitiendo más simetría y tasas de inflación por encima y no alejadas del 2% durante periodos prolongados, igual que llevamos más de una década con tasas muy por debajo del 2%.
Para España si el BCE reduce sus compras aumentará los tipos a los que emitimos la deuda pública. Y si la retirada de la Fed provoca otro episodio de inestabilidad financiera tendrá el mismo efecto. Emitimos unos 300.000 millones anuales de deuda pública por lo que cada aumento de un punto de los tipos de interés aumentaría el gasto público en intereses en 3.000 millones Eso complicaría el proceso de consolidación presupuestaria que vendrá seguramente en 2023. Como hemos podido comprobar esta semana va a ser muy complicado reducir el déficit en España. Podemos lleva desde su creación criticando que España tiene 7% de PIB menos de recaudación que el promedio Europeo. Suben los precios del gas en los mercados internacionales, sube el precio de la luz en España y presionan para bajar el IVA, algo que nos aleja de su promesa de aumentar la presión fiscal. De momento han anunciado que la bajada es transitoria hasta diciembre.
El Gobierno, como cualquier otro, está centrando su política de comunicación en la recuperación económica que está siendo muy intensa. Es lógico y necesario tras un año tan duro donde la pandemia afectó negativamente a nuestras expectativas. Más optimismo ayudará a intensificar la recuperación y la reducción de la tasa de ahorro de las familias fomentando el consumo este verano y compensando la aún débil temporada de turismo internacional. En el gráfico anterior se observa la diferencia de las dos últimas crisis sobre los trabajadores y sobre las empresas. La crisis anterior afectó brutalmente a las familias con una destrucción de empleo sin precedentes y también a las empresas, pero con menor intensidad.
En esta crisis la destrucción de empleo ha sido menos intensa y los ertes han compensado las rentas de las familias. Sin embargo, el confinamiento provocó un desplome de las ventas de las empresas y la caída de márgenes ha sido el doble que en la crisis anterior, que fue la peor en ochenta años recordemos. La vacunación ha permitido reducir las restricciones y lo que estamos viendo es una normalización de las ventas que permitirá recuperar el nivel de empleo previo a la pandemia, salvo en turismo, ocio y cultura que siguen con restricciones de aforos y movilidad, sobre todo por avión. Los beneficios empresariales son determinantes para que las empresas inviertan y creen empleo. Los fondos europeos ayudarán a aumentar la inversión pública y arrastrarán a la inversión privada en España, lo cual es una excelente noticia.
Pero las empresas están muy tocadas de solvencia y necesitan recapitalizarse y eso les impide subir los salarios. El problema, como advertí durante la recuperación de 2015 a 2019, es que las empresas congelaron salarios y aumentaron mucho los beneficios. Ahora está justificada la congelación de salarios pero los trabajadores no lo entenderán. Más aún cuando desde el Gobierno se anuncia que el PIB crece al 6-8%. Los trabajadores y los sindicatos dirán “¿Qué hay de lo mío?” La presión sobre el Gobierno de más demandas sociales y la dificultad para subir los impuestos irá en aumento.
Conclusión, salvo que la variante delta del Covid fuerce a nuevos confinamientos o a un episodio de inestabilidad financiera que son más probables en verano cuando los inversores se van de vacaciones y hay menos liquidez y actividad en los mercados, el escenario más probable es que el PIB y el empleo crezcan con fuerza en el 2tr21 y también en el 3tr21. En el mundo, en Europa y en España.


Disfruta del verano y en septiembre retomamos el análisis de la economía.