El Carnaval Hurdano brilla por su arraigado costumbrismo local

Una gran comida a base de alubias y derivados del cerdo ibérico hacen las delicias gastronómica

El Carnaval Hurdano es una muestra de mitos y leyendas de estas gentes, que antes eran agricultores y ganaderos, y cuyos miedos intentaban sacar al exterior. Es difícil establecer el origen y lugar propio de esta fiesta, algunos estudiosos creen que nació en la alquería de Cerezal, una pequeña aldea del municipio de Nuñomoral, pero sin duda, es el marco geográfico en su conjunto el que le da un carácter especial, rodeado de naturaleza y entremezclado con la arquitectura vernácula de piedra y pizarra. La Junta de Extremadura hace dos años la nombró Fiesta de Interés Turístico Nacional.


La festividad carnavalera se desarrolló el pasado 22 de febrero en la alquería de Pedro Muñoz, término de Casar de Palomero, con las impresionantes corrobras de gran colorido y sabores tradicionales, caracterizados por personajes que todavía mantienen una dualidad hombre-animal, ya incluso desde tiempos de la prehistoria, explican los vecinos.


Entre sus míticos personajes estába el «Burru antrueju», el «machu lanú», «la mona»; de peleles como «la tarara», «el cenizu», el «obispu jurdanu», los «diabrilluh», y los «mozos del guinaldu», acompañados todos ellos por una corrobra folclórica de tamborileros, cuyas melodías de antañas coplas y romances, amenizaban los bailes y danzas de antigua interpretación, provocando cantes, risas y alborozos, y que durante todo el día se encargan de conseguir una fiesta integradora de todo el tejido social. Sin olvidar a los personajes más emblemáticos de la fiesta como el “Rey del Carnaval o de Antruejos” o “Las Tías de la Paja y de la Ceniza”, que recorrieron la aldea a lomo de un burro.

COMIDA DE HERMANDAD
Aparte del colorido folclorista, el carnaval hurdano tiene asociado una rica gastronomía propia del pueblo hurdano, que se centra en la celebración de una comida de fraternidad entre todos los componentes carnavalescos, productos que se han obtenido de los famosos «guinaldus» ofrecidos por las gentes de los pueblos.
El plato típico de estas fiestas consistía en un potaje de alubias blancas con berzas y patas y costillas de cerdo ibérico, regado con una buena polienta y acompañado de una gran hogaza de pan tradicional hurdano. Para reposar la comida, se ofreció a los presentes un buen aguardiente de madroños.