Enrique Julián Fuentes. Ingeniero Técnico Forestal. Ex-director General de Medio Ambiente de Extremadura.

Cada noche, cuando observamos la bóveda celeste, contemplamos una fotografía del pasado.
Corría el año 1588 cuando el Rey Felipe II de España entraba en su último decenio de reinado; una etapa a la vez, marcada por la puesta en marcha de la Armada Invencible; una flota creada con el objetivo de derrotar a Isabel I de Inglaterra y su influencia.
Esta noche, cuando observemos el firmamento y localicemos la luz que emite la Estrella Polar, estaremos viendo las imágenes que nos llegan desde aquel año. Polaris, como así se conoce también a la estrella con luz propia más brillante de la constelación de la Osa menor, está catalogada como una amarilla supergigante, con un tamaño estimado 50 veces mayor que el Sol y localizada a una distancia de 431 años luz del Planeta Tierra.
Esta anécdota, que no deja de ser una simple curiosidad, ilustra las noches del Parque Nacional de Monfragüe; un espacio natural sobradamente conocido por la riqueza de sus valores ambientales, pero, quizá hasta la fecha, menos renombrado por la nitidez y excepcionalidad de su cielo nocturno, carente de contaminación lumínica.
Hace un par de años, la Reserva de la Biosfera de Monfragüe, fue certificada como “Destino turístico Starlight”, el primer reconocimiento de su categoría otorgado en territorio extremeño.
Conforme a los requisitos establecidos por la propia Fundación Starlight, organismo que acredita la idoneidad de tales espacios turísticos, se reconoce a estos lugares por resultar visitables y alejados de los núcleos urbanos que, en ausencia de contaminación lumínica, disponen además de excelentes características para la contemplación de las estrellas; siendo idóneos por tanto, para llevar a cabo actividades recreativas relacionadas con este atractivo natural en sus inmediaciones.
Observar las innumerables especies protegidas de aves que habitan en el Parque, recorrer a pie sus senderos, divisar la inmensidad de la dehesa extremeña desde el Castillo, escuchar la berrea del ciervo tras las primeras lluvias del otoño, examinar con detenimiento las pinturas de sus abrigos rupestres, navegar en barco por el Río Tajo y ahora, un nuevo atractivo turístico que viene a cerrar el círculo de la riqueza y majestuosidad del Parque Nacional de Monfragüe y las dehesas de su entorno, como es contemplar en las noches cerradas, los cuerpos celestes desde los lugares habilitados y recomendados.
Desde el Observatorio Astronómico de Torrejón el Rubio, donde se ubica un telescopio de última generación, protegido a la vez por una cúpula de 4 metros de diámetro, puede interpretarse el firmamento con sus galaxias, sistemas y constelaciones, al tiempo que pueden acercarse y distinguirse con facilidad, el anillo de Saturno, la composición de las constelaciones más populares o multitud de detalles de la Luna, no apreciables a simple vista.
Monfragüe y su entorno, ofrecen diversos astrositios donde poder captar en la oscuridad y con la tranquilidad de no tener que mirar el reloj, la densa e iluminada belleza de la Vía Láctea. Enclaves como el Castillo, Peña Falcón, la Era De los Santos, los jardines de la Hospedería, el Arroyo Malvecino o el mismo Observatorio de Torrejón entre otros, suponen todo un complemento alternativo al elenco extraordinario de fauna y flora que se percibe durante el día.
El Parque de Monfragüe nos acerca al Espacio. Un lugar vivo y en permanente expansión desde el que nos llegan cada día imágenes de cuerpos celestes de tiempos de Copérnico y Képler, los padres de la Astronomía que, a buen seguro, hubiesen estado orgullosos de conocer la realidad de nuestra puerta a las estrellas.