Estoy harta de que nos digan cómo y dónde, el qué y por qué, ante quién y de qué manera, se debe o no hablar, quejarse, reivindicarse y denunciar la lacra con la que convivimos día a día.
Estoy harta, como mujer, de protocolos y circunstancias en las que el gran público, según algunos, debe ver y oír lo positivo; es decir, alfombras, vestidos, trajes, peinados y joyería prestada por las grandes marcas.
Por el contrario, creo, radicalmente, que cualquier espacio público ha de servir de influencia positiva para que la sociedad, les guste o no a los defensores del nunca cambiaremos nada, se acostumbre a entender la realidad con los elementos concretos que la realidad ofrece.
Es que nos están matando a ritmo industrial y el mundo de la cultura, más que ningún otro, vehiculiza todo aquello que requiere transformación, desde la denuncia en el caso más obvio -tipo Loach-, desde lo documental-realista -tipo Eisenstein- o desde la transgresión pura y dura -estilo Kubrick-.
Porque el arte con mayúsculas, la cultura con mayúsculas, esa misma que potenciamos con subvenciones públicas, existen para subvertir las conciencias que otros intentan adormecer.
Pues sí, estoy harta de ser juzgada y vilipendiada como mujer porque a un hombre detrás de un micrófono se le ocurra que no es pertinente herir las sensibilidades con salpicaduras de sangre, la de las mujeres que son asesinadas por un machismo que, exponencialmente, está viviendo, en cuanto a época, sus últimos coletazos.
No, no será mirando para otro lado como enseñaremos -gran verbo para acabar con el machismo- a nuestras hijas e hijos a ser ecuánimes sin importar el género ni la orientación sexual, a ganar lo mismo por el mismo trabajo y a hacer del hogar lo que el hogar debe ser, un grupo de personas trabajando por ser felices.
En consecuencia, defenderé siempre cada espacio público como un escenario desde donde, siendo veraces, exponer lo que nos ocupa y preocupa, lo que nos amarga y entristece, lo que somos si ignoramos y lo que seremos si conocemos. Una sociedad abierta, libre, sin sangre por género, sin sangre por dominio, sin sangre por explotación.