El futuro del campo extremeño

         Enrique Julián Fuentes

        Ingeniero Técnico Forestal y ex-director general de Medio ambiente de Extremadura.

         En fechas recientes, la Oficina Estadística de la Unión Europea (EUROSTAT), hizo público un estudio que recogía el número de personas que habita en ciudades o núcleos rurales de la UE. Según dicho estudio, el 40,2% de la población de la UE se concentra en ciudades, el 27,8% en zonas rurales y el 32% restante, lo hace en un entorno vinculado a pequeñas ciudades o franjas intermedias.

            Para el caso de Extremadura, una región española del tamaño de los Países Bajos, aunque 17 veces menos poblada y en la que se dispersan 388 municipios, la importancia de los núcleos rurales radica en que en ellos se concentra el 50% de la población total de la Comunidad Autónoma (según datos del MAPA), lo que viene a suponer el doble de la media de la Unión Europea.

            Hasta la fecha, es decir, antes de materializarse la salida del Reino Unido de la UE, la Política Agraria Común (PAC) absorbía el 40% aproximado del presupuesto de la UE, armonizando en mayor o menor medida los precios de sus productos agrícolas y ganaderos y tratando de garantizar la convergencia económica entre los estados miembros.

            En los últimos años, los objetivos de la PAC han estado ligados, entre otros, a la incorporación de jóvenes agricultores y la modernización de explotaciones agrarias, al tiempo que se ha apostado por un modelo de trabajo respetuoso con el medio ambiente, ayudando a mitigar los efectos del cambio climático y subvencionando a la vez, actividades agrarias desarrolladas en zonas con limitaciones naturales y por tanto, con riesgo de caer en el abandono y la despoblación.

            A pesar de las múltiples adversidades meteorológicas y costes fijos ineludibles que acaparan actividades ancestrales como la agricultura y la ganadería, en momentos en los que ni siquiera se discutía la posibilidad de recortar las ayudas en un 15%, el campo ha trabajado duro para sobrevivir, mostrando serios problemas para garantizar la rentabilidad de infinidad de productos agrícolas y ganaderos.

            Mientras el coste de insumos como el agua de riego, la luz, gasoil, piensos, fertilizantes, semillas, etc… e incluso salarios y seguros sociales, no han parado de subir, el valor de los productos obtenidos del campo, por el contrario, no ha hecho otra cosa que decrecer, manteniendo precios de venta de hace más de 30 años y poniendo serias trabas a la incorporación de nuevos agricultores, que en una gran parte de los casos, han tenido que afrontar rentas anuales enormemente difíciles de asumir.

            La grandeza de una tierra como Extremadura es directamente proporcional a la fortaleza de su agricultura; es decir, si se tambalea el sector primario, arrastra por completo a una región, vasta y rica en recursos naturales, que comprende un 30% de su superficie ocupada por terrenos agrícolas y que sirve de sustento a cerca de 60.000 familias.   

            Si nuestro campo no aporta un beneficio claro, dejarán de ser viables las explotaciones agrícolas y ganaderas, quedando condenadas al abandono y favoreciendo el éxodo de población. Mucha culpa de ello tiene la importación de productos procedentes de países en los que no se garantizan las condiciones mínimas laborales, así como las normas básicas de higiene, calidad y sanidad, que abaratan los costes de producción.

            No basta con que la próxima PAC pretenda implementar medidas eficientes en la utilización de recursos como el agua, la innovación en los materiales o la disminución paulatina del uso de fitosanitarios, pues, de seguir en la misma línea, llegará un momento en el que dejarán de ser necesarios.

            Si nuestros representantes políticos no pueden alcanzar acuerdos que garanticen un valor de nuestros productos, proporcionado a los costes de funcionamiento y acorde con su calidad, tendrán que entenderse para regular y establecer un precio máximo en los insumos, o incluso subvencionarlos, equilibrando la rentabilidad de las explotaciones, afirmando el pilar básico que representa el sector primario y garantizando el futuro del campo extremeño y por tanto, de nuestras cada vez menos pobladas zonas rurales.