El motor está apagado, pero el limpiaparabrisas sigue oscilando, limpian el cristal y despejan la vista, al momento vuelve a verse borroso. La imagen de ella frente a él, aparece y desaparece al compás de la lluvia; al tiempo que el cristal es transparente y se torna vidrioso.
Las manos sobre el volante y los pies aún sobre los pedales. El freno de mano está puesto. No quiere irse, y mientras le piensa humedece sus labios, quiere saborear el instante en el que se han besado.
Ha de salir del coche, ponerse el abrigo y dejar que la lluvia y el frío le golpee y sacuda para volver a su vida, pero camina muy despacio y deja que el agua le cale; y se quede dentro.
Al otro lado de la carretera, ella ha parado su coche. La música suena alta y se repite una y otra vez la misma canción, y en cada una de las veces, atrapa el sabor de esos labios.
Fuera ya, una tímida sonrisa, le lleva de nuevo a ese recuerdo y deja que la lluvia le cale muy dentro.