Enrique Julián Fuentes.

Ingeniero Técnico Forestal. Ex-director General de Medio Ambiente de Extremadura.

Sobre el Río Malvellido y en pleno corazón de las Hurdes, una sucesión de hermosos meandros encajados en la roca, ejerce de antesala sobre el pueblo de El Gasco; el lugar donde termina la carretera y comienza el viaje hacia las raíces de Extremadura.
Esta población, perteneciente al Municipio de Nuñomoral y localizada más allá de Martilandrán y de Fragosa, personifica el apego de sus paisanos con el territorio, así como la convivencia con una naturaleza en estado primitivo. Las pendientes escarpadas del terreno, sustentan los cultivos de un monte mediterráneo con claros deseos de prosperar, buscando la profundidad en el sustrato y la luz directa de un espacio quebrado por lo abrupto de sus valles.


Huertos imposibles y con dimensiones dignas de conocer, serpentean junto al Malvellido ganando terreno a la pizarra y sustentando parte del sector primario de la población, que marca la dureza del territorio y muestra el sacrificio de sus lugareños.
En este bello paraje, rodeado por un circo de montañas que emerge bajo la sombra de pinares de repoblación, surge la leyenda del Volcán de El Gasco. Un rincón encantado y alejado del bullicio en la plenitud de Las Hurdes, que durante años y por la existencia de un cráter, llevó a pensar que formaba parte de un volcán ya extinto o apagado.
Estudios científicos recientes de la Universidad, determinaron que el cráter, de unos 50 metros de diámetro aproximado, habría sido producido, hace más de un millón de años por la acción de un meteorito y que al chocar con el suelo, se habría alcanzado una temperatura tan elevada, como para ser capaz de fundir las rocas de sus inmediaciones y de esparcir material poroso a varios cientos de metros a la redonda.
El Volcán de El Gasco fue en el año 2003 y mediante Decreto, el primer lugar declarado en Extremadura como Lugar de Interés Científico y aunque poco se ha escrito sobre el mismo, parte de los restos de la resultante geológica ya enfriada, ha sido empleado en artesanía local, al gozar su material poroso de cualidades tecnológicas que facilitaban su tratamiento o moldeado. El hecho de que estas rocas tuvieran textura parecida a una piedra pómez, alimentó durante años dicha creencia derivada de la similitud con la lava de un volcán, a pesar de ser un material más grisáceo que el resultante del enfriamiento de la lava negruzca de los volcanes.
Pero el Volcán de El Gasco, al que se accede por una ruta a pie de singular belleza y dificultad media, no es el único reclamo de un valle horadado sobre pizarras y meandros. A media hora del pueblo y por camino empedrado de herradura, se accede a la cascada por excelencia de Las Hurdes, el Chorro de la Meancera. Un salto de agua cercano a los 100 metros de altura, que fluye desde lo alto de una pared vertical de roca madre y con aspecto de buitrera, que invita al descanso y la merienda acompañado del sonido que provoca el impacto del torrente sobre la piedra.
El trayecto hacia el Chorro de la Meancera, es un recorrido temático al aire libre en el que se transcurre a través de la piscina natural de El Gasco, los pequeños huertos cuidados al detalle y un paisaje natural combinado de afloramientos rocosos y desprendimientos procedentes de la fracturación del roquedo. Este pasaje se entremezcla con un monte mediterráneo raquítico, consecuente con la pobreza del sustrato, sobre el que tímidamente asoma algún nogal ligado a las fuentes de humedad.
Aunque no con poco esfuerzo se siguen manteniendo las tradiciones y costumbres que guardan la esencia de Las Hurdes, mucho ha cambiado este enclave rural en las últimas décadas, beneficiado por la mejora en el acceso por carretera pero también, por el crecimiento de un turismo de naturaleza y gastronomía cuidada que, como las cosas que de verdad lo merecen, se transmite de boca en boca.