Enrique J. Fuentes. Ingeniero Técnico. Ex-director G. de Medio Ambiente de Extremadura

Hace unos días, despertamos con las conclusiones de un informe suscrito por varios expertos de la ONU, en el que se instaba a cambiar los hábitos alimenticios del planeta para combatir los efectos del cambio climático, optimizando el consumo de alimentos para reducir el desperdicio que se genera, así como por emplear dietas compuestas de alimentos procedentes de fuentes más sostenibles que las derivadas del consumo de carne; foco importante, según dicho informe, de emisiones de gases de efecto invernadero.
Aunque el informe y sus conclusiones, leído sin detenimiento y desde un punto de vista ejecutivo o urbanita, puedan parecer a la larga beneficiosos para la salud del planeta, resulta necesario discutir una serie de consideraciones que ayuden a mitigar la inestabilidad provocada en los núcleos rurales, por una noticia de tal calibre; Núcleos por cierto, que con su entorno natural, vegetación y prácticas agrarias cada vez más avanzadas, sostienen la salud de un planeta que se destruye, precisamente en las grandes ciudades donde se toman tales decisiones.
El ganado vacuno y su ciclo de reproducción, por citar algún ejemplo clarividente, representa el más claro modelo de una economía verde y circular, adalid de la sostenibilidad y de las corrientes ambientalistas que hoy en día se prodigan desde los altos estamentos.
Por empezar la justificación, la cabaña ganadera pasta en terrenos naturales saludables, ejerciendo una actividad tradicional desarrollada durante siglos y contribuyendo, entre uno de sus muchos beneficios, a reducir los incendios forestales que serían inevitables en caso de abandono de tierras, así como a combatir el grave problema de la despoblación que sufren los núcleos rurales y sobre el que tanto inciden los diferentes gobiernos.
El ganado vacuno consume piensos orgánicos naturales, producidos a base de cereales mezclados y molturados, donde especies como el maíz y sus extensas superficies de cultivo asociado ocupan un lugar destacado, aglutinando, en función de la especie, grandes praderas de regadío o de secano que verían mermada su producción e incluso su viabilidad, en el caso de disminuir el cupo de cabezas de ganado que lo empleasen como base de su cadena alimenticia.
Lo mismo ocurre con el forraje o ensilado de especies vegetales palatables como la avena, cebada, trigo u otras especies incluidas en las múltiples combinaciones de praderas polifitas que se cultivan en los terrenos de secano y regadío que, al ver reducido el número de explotaciones ganaderas en las que recaer como destino final, perderían el sentido de su aprovechamiento y por tanto, quedarían igualmente abandonados a la suerte de la indiferencia y el riesgo de sufrir incendios forestales. Un verdadero foco de emisiones de CO2 a la atmósfera.
Una Región como Extremadura, con la elevada dispersión y reducida densidad de población que ostenta, donde cerca del 25% de su superficie es terreno agrícola en producción y donde el 68% de su superficie está ocupada por terrenos forestales, que depuran el aire que otras regiones y lugares más urbanizados contaminan, gracias a los más de 500 millones de árboles que atesora, puede sufrir terribles consecuencias sociales, económicas y ambientales si se siguen las recomendaciones del informe de la ONU.
Reducir la producción en los miles de explotaciones ganaderas en las que pastan, de forma sostenible y cada vez más controladas, las cerca de 400.000 cabezas reproductoras existentes en Extremadura, provocaría un enorme desequilibrio en la sostenibilidad del medio rural, así como cuantiosos daños en la economía de una región que contribuye a la cadena alimentaria del planeta a través de un sello de calidad inigualable como es la ternera de Extremadura.
Avanzar en la gestión del compostaje y optimizar el tratamiento de residuos orgánicos procedentes del residuo alimenticio, debe ser un objetivo prioritario para quienes establecen las recomendaciones del planeta, en lugar de recomendar una dieta saludable a sus habitantes, sin pensar de antemano, en las verdaderas consecuencias para la población.