En el año 2002 una mujer joven luchando por salir adelante, aterrizó en España para buscarse un futuro mejor que en su país, uno de los más pobres del sur de América.

Sola y sin recursos, comenzó a buscar empleo y a duras penas, lograba salir adelante. Descubrió que se había quedado embarazada y el padre no quiso saber nada del “problema”.

Fue abandonada a su suerte y “su problema” comenzó a crecer en su vientre.

Dudas y miedos, soledad y desánimo, todo junto en medio de una gran ciudad que le hacía sentirse totalmente desamparada, sola, sin motivos para luchar.

Por indicación del Servicio de Asuntos Sociales de la Comunidad de Madrid, se encaminó a la calle Limonero 26, en pleno centro de la capital.. buscando a la Fundación Madrina. La ayuda estatal no podía acoger su caso y las puertas se le cerraron.

Encontró ayuda y fue atendida desde el primer momento, siendo acogida en un piso donde compartío su embarazo con otras mujeres en su misma situación.

Sin reproches, preguntas, exigencias, pagos, compromisos… Ayuda desde el corazón, hacia ella y su bebé.

Pasaron los meses y nació un bebe precioso.

La Fundación se encargó de buscarle unos “Abuelos Madrina”, quienes, casualidades de la vida, eran de Hervás.

Un matrimonio sin hijos, noble, honesto, sencillo , que se enamoraron de la madre y su bebé desde el primer momento de conocerse.

Y hasta hoy, esos abuelos le proporcionaron un piso para poder vivir dignamente, se ocuparon de ella y el bebé con todo lo que esto significa y encontraron esa familia que no habia podido ser de manera natural. La madre salió adelante ,trabajando y disfrutando con  su nueva  familia. Volvió a su país con el bebé y mantiene un contacto muy estrecho con el otro lado del Atlántico.

Hoy en día, ese bebé sigue con nosotros,ya adolescente casi adulto y esa madre y esos abuelos, aunque la abuela ya ha fallecido. La madre vive feliz y la familia con ella.

Así funciona Fundación Madrina, que ni una sola mujer sienta que un hijo es un problema , un estorbo, una carga. Un hijo siempre es vida y la vida debe acogerse  como se merece cualquier cachorro.

Proporciona casa, comida, acompañamiento, busca trabajo, acompaña a las mujeres en el momento del parto,todo funcionando a base de voluntarios, personas que se organizan sus vidas en función de a quién se debe ayudar, sin mirar, de manera totalmente generosa y altruista.

Por eso pedimos ayuda, para nuestros bebés, porque los Bancos de Alimentos no proporcionan este tipo de necesidades y cuando una madre notiene para dar de comer a su hijo, es capaz de cualquier cosa si no encuentra ayuda.

Tenía que contar esta historia, porque me parece que hay muchos héroes cerca de nosotros que ni salen en las noticias ni se dan cuenta del valor de sus gestos.

Porque siempre hay razones para seguir, y más cuando el corazón te lo pide.

M.ª Cruz Corrales.