Hoy quiero dedicar estas líneas a una comarca marcada de forma inequívoca por su nombre, como si de un lugar extremo, árido y lejano se tratara, pero que por el contrario y gracias a su cultura, tradición y riqueza, merece todo un reconocimiento, La Siberia extremeña.
La Siberia, como atestiguan los Castillos de Herrera del Duque o Puebla de Alcocer, es una comarca repleta de historia, costumbres y recursos, tradicionales y naturales, que puede parecer a simple vista, escondida o desconocida para aquellos que no tengan la suerte de haberla visitado; pero tópicos aparte, no se encuentra lejos ni cerca de ningún otro lugar, sino más bien, en el centro de sí misma.
Y es que La Siberia, horadada como una roca por la acción del viento en el transcurso del tiempo, brilla con luz propia orgullosa de los tesoros que esconde en la amplitud de su vasto territorio.
Rañas y olivos, encinares y pinos, variedad y riqueza en sus cultivos.
Sus límites acogen tres de los principales embalses o pantanos extremeños que a principios de la década de los sesenta se levantaron sobre el Río Guadiana; Cíjara, García Sola y Orellana. El caudal de sus aguas, genera energía como para abastecer a miles de personas en decenas de poblaciones, transformando a la vez, eriales y labradíos en vergeles de cultivo.
El tomate y la fruta de Vegas altas, nace en la Siberia; una tierra solidaria y generosa, forjada por el oliveo y pastoreo, que ofrece su mejor recurso a las comarcas con las que linda.
Pulmón de Extremadura, luce con honor el monte mejor conservado de la Región, conviviendo en harmonía, el hombre y el agua, la fauna y la flora. Hombre y Biosfera, hombre y Siberia. Naturaleza candente, respetuosa y referente.
Dehesas centenarias como la de Siruela, comparten espacio con los pinares, resineros y piñoneros de la Comarca de los Montes. Tierra de pastores, resineros y labriegos. Apicultores, piñeros y queseros; Cazadores, pescadores y madereros. Oficios tradicionales mantenidos en el tiempo que muestran la simbiosis entre el hombre y un territorio, abrazado a la leyenda; romántica y con sufrimiento.
Pocos terrenos albergan tal cantidad de riqueza natural. Como el agua, embalsada y embotellada. Incontables recursos de calidad como la madera, resina, piñas, biomasa, setas, miel o polen, se dan en una superficie bien conservada a pesar del paso del tiempo, compartiendo espacio con la Reserva Regional de Caza de Cijara y con los mejores escenarios de pesca de interior que se conocen.
En La Siberia se puede disfrutar del ocio, practicando actividades al aire libre y en plena naturaleza como la navegación, las rutas en bicicleta o el senderismo, contemplando el espectáculo de la berrea del ciervo o disfrutando de la majestuosidad del manto de estrellas bajo un cielo sin apenas contaminación lumínica.
Poco más de 20.000 habitantes viven en un extenso territorio, referente de tradición y de respeto. Agricultores y ganaderos, conviven con el turismo en un escenario único que ha sabido posicionarse y ganar el corazón del viajero.
La Siberia trabaja para ser declarada por la UNESCO como Reserva de la Biosfera, un reconocimiento sin limitaciones ni restricciones de ningún tipo,que posicionará en el mapa mundial a una comarca repleta de valores, tradiciones y vivencias.
La declaración como Reserva de la Biosfera, traerá consigo el sello de calidad que será exhibido en multitud de los productos que en ella se generan; productos muchos y diversos como el agua mineral embotellada procedente de sus manantiales, la miel y el polen, el queso y el embutido, las carnes de caza o los dulces típicos, los alojamientos turísticos, así como un sinfín de elementos unidos con un denominador común, el respeto por la naturaleza y la tradición de su aprovechamiento.
El hombre y la tierra habitan en La Siberia. Hombre y biosfera, hombre y Siberia.