Me comentan algunos lectores de La Aldaba que soy una mosca cojonera, opinando sin generalizar de políticos y de los malos ex directivos de las cajas de ahorros, siempre he dicho y no me cansaré de hacerlo que una gran parte de ellos están sentaditos dónde el pueblo los pone para servir a los ciudadanos, no lo contrario, para servirse.
Si todo lo mangado que es un montón de dinero se recuperara, otro pelo nos luciría, dónde está ese dineral que se han llevado todos los piratas: ERES, GURTEL, URDANGARÍN, RATO, BLESA, HONORABLES SINVERGÜENZAS, GRANADOS, etc. y miles de casos más. Este dinero tendría que estar en Sanidad, Cultura, Educación, investigación y tantas cosas más que son las que hacen grande a un País y así nuestros gobernantes podrían hablar del Estado de Bienestar.
Este mes quiero hablar de nuestra Sanidad Pública y de todo su personal sanitario que trabaja para que nuestra salud se vea como una de las mejores. Somos la envidia de muchos países. Hace unos días en un medio de comunicación oí decir que la madre del ex presidente de EEUU, Sr. Obama, murió porque al ser pobre no pudo pagarse el tratamiento que necesitaba. En nuestro país esto no ocurre, tenemos por tanto una buena Sanidad. ¡Esperemos que no llegue una cabeza loca de estas que piensan tanto y vea que es un buen negocio y la ¡escojone!.
Dicho esto, hablo de primera mano. El día 22 de julio de 2016 en el servicio UCAY (Unidad y Consulta de atención primaria del Hospital Clínico de Salamanca) me localizaron un tumor en la garganta. Tres días después tenía en mi poder los resultados. Esto se llama trabajar bien y rápido. Los pacientes necesitan tranquilidad y no esperar tanto sin saber si lo que tienen es bueno o malo. Con el estudio y valoración del Clínico de Salamanca, acudí al servicio de Otorrinolaringología del Hospital Infanta Leonor de Madrid y decidieron operar el día 8 de febrero de 2017.
Dice el refrán que el bien nacido tiene que ser agradecido y esto es lo que deseo hacer a través de este medio, agradecer la atención recibida a todos los profesionales del centro INFANTA LEONOR, al servicio de Otorrinolaringología, al servicio de cirugía sito en el edificio azul (dónde me operaron). Recuerdo a su anestesista, una chica joven con su gorrito de colores. Ella me dio lo que en ese momento necesitaba, tranquilidad. Y con sus palabras bonitas y su mirada transparente y alegría, fui al quirófano completamente tranquilo,¡ gracias!.
El día 8 lo pasé en la UCI. Todo el personal fue tremendamente generoso conmigo, no me dejaron ni un minuto sólo. Del 9 al 11 lo pasé a “la planta amarilla” para la recuperación y exactamente lo mismo, una atención exquisita. Todo el servicio, con sus enfermeras a la cabeza siempre pendientes del enfermo. Cuando cambiaban el turno, Teresa, Cristina, Eva, etc. todas me decían lo mismo, que estaban ahí para lo que necesitase. Esta es la razón por la que hablo tan bien de nuestra Sanidad y de todos sus profesionales. Hay que intentar por todos los medios que sigamos siendo en esto la envidia del mundo entero.
Termino diciendo a estas enfermeras que conocí en la “planta amarilla”, que no pierdan su sonrisa. Les diría: ¡quitarme el pan si queréis, quitarme el aire…. ¡Pero no me quitéis vuestra risa!.
Todos estos profesionales del INFANTA LEONOR de Madrid deben estar orgullosos por la labor que desarrollan, así pues, este opinador y paciente de la habitación 211 dice: para hablar de todos y cada uno de vosotros las palabras siempre se me quedan cortas y pequeñas.
¡Mil gracias a todos y que en la vida todo os vaya bonito!