José María Pérez “Peridis”: “No hay nada ni peor gobierno que aquel que divide a los pueblos y hace de uno varios”

 

JOSÉ MARÍA PÉREZ “PERIDIS”  █ Dibujante, escritor y arquitecto

 

Por Marciano Martín Castellano y José Blanco Blázquez

Estudio del entrevistado ■ MADRID

 

José María Pérez “Peridis” (Cabezón de Liébana, Cantabria, 1941) es el autor de la novela “La reina sin reino” que recientemente ha publicado la editorial Espasa. La primera de esta trilogía fue “Esperando al rey”, que obtuvo Premio Alfonso X el Sabio de Novela Histórica 2014 y el año pasado “La Maldición de la reina Leonor”. Peridis se acerca cada día a los lectores de El País con su tira cómica sobre los poderes de España, un trabajo que lleva realizando desde la fundación de este diario hace cuarenta años.
Este arquitecto es también el presentador y director del programa de TVE “Las claves del románico y de la serie “La luz y el misterio de las catedrales”. Es un gran especialista en la historia del arte románico en España. Su legado de dibujos ha sido donado a la Biblioteca Nacional.

 

José María Pérez “Peridis”, en su estudio de Madrid.

 

— ¿Cómo le dio por pasar de la arquitectura y la viñeta a la literatura histórica?
— Me gusta contar cosas, en esa época hay un arte primoroso que es el románico, hay una historia riquísima que es la Reconquista. Como había rehabilitado el monasterio de Aira, yo quería contar la aventura de unos frailes que querían echar a otros frailes, empecé a tirar de los hilos y salió el rey Alfonso VIII, que era dueño de la mitad del monasterio, y los Lara que eran los regentes de aquella época. La historia entonces se hacía en los pueblos, y además, en aquella época yo estaba pensando en la escritura cuando murió mi hija Marta de cáncer, y ella me había dicho: “papa tienes que escribir”. Me gustan las cartas que escribía, aunque era ingeniera. Tras su fallecimiento hicimos su hermana María y yo un librito con sus cartas, porque queríamos hacer 50 ejemplares para la familia. Ella decía en una carta: “papa, tienes que escribir”, y entonces lo entendí casi como un testamento, un mandato, una última voluntad.

— ¿Lo hace entonces casi por un mandato de su hija Marta?
— A partir de ahí le fui cogiendo gusto a la escritura, que exige un enorme esfuerzo, porque luego después de hacer “Las claves del románico” y “La luz y misterio de las catedrales” vinieron a buscarme los de Espasa Calpe, habían ido a televisión y les preguntaron que tenían de nuevo. Peridis ha hecho una serie sobre el románico, y me pidieron un librito sobre las catedrales. Y me dije, mira, te dan una oportunidad, aprovéchala. Fue bien el libro y luego me dijeron, ahora tienes que hacer una novela, pues bueno, si me piden una novela, voy a hacer una novela.

— Pero, ¿se centra mucho en el medievo?
— Era un poco la forma de aprender y de contar un poco como era la otra parte de lo que tanto me ha gustado, que ha sido el románico, el gótico y el arte medieval. Todo esto me gusta porque el monasterio en el que yo jugaba de niño era un monasterio de aquella época, era mi juguete de la infancia, lo tenía en la sangre, y le he dedicado toda mi vida.

— En la novela se centra en la reina Berenguela, ¿la gran tejedora de la historia de España?
— Es la que hace el gran tapiz. Berenguela se encontró que la dan un hilo, que es que la casan con el enemigo de su padre, que es su tío segundo, el rey de León. Alfonso VIII de Castilla, las Navas de Tolosa, Alfonso IX de León, pórtico de la Gloria, son enemigos mortales, porque el abuelo ha repartido el reino entre sus padres malamente, en vez de dejárselo al primogénito, y ahí surge una pugna que debilita enormemente a los dos reinos para enfrentarse con el imperio almohade en todo su esplendor, porque había dos grandes líderes en el mundo musulmán, Saladino en la parte de Egipto, Siria y demás, y Yacub en lo que es Argelia, Túnez, Marruecos, y en el sur de España. Hasta que Castilla y León no se reúnen bajo Fernando III el Santo, gracias a Berenguela, en el momento que se dividen los almohades, no hay manera de avanzar la Reconquista e incluso estaba en peligro Toledo, porque lo que hicieron los almohades, fue una reconquista suya de todo lo que habían avanzado los cristianos hacia el Sur. España tenía cinco reinos, Portugal, León, Castilla, Navarra y Aragón. Porque tener muchas hijas para ellos fue una suerte, porque eran mensajeros de paz, a Urraca con el rey de Portugal, a Berenguela con el rey de León, a Leonor con el rey de Aragón que es Jaime el Conquistador, y a Blanca con el rey de Francia.

 

“La mujeres han trabajado como mulas, eran el cuerpo diplomático para hacer la paz, cansando a sus hijas con el enemigo”

 

— ¿Buenas estrategias matrimoniales?
— Vaya tejido que montan entre la madre y la hija, pero lo que hace Berenguela es intentar la paz con su exmarido, porque les separa el Papa por consanguinidad, y en el momento que les separa el Papa vuelven a la guerra. Alfonso de León esta con los almohades prácticamente en dos grandes batallas. Berenguela es capaz de tejer un tapiz con todos los reinos de España, principalmente heredando Castilla contra la voluntad de los nobles, cuando muere Enrique el de la Teja, dejando el reino de Fernando, y luego esperando que muera su exmarido para conseguir León. Ella sigue siendo correinante y con los dos reinos ya tiene fuerza suficiente como para avanzar hacia Córdoba, de forma que a los cinco años de morir su padre ya conquista Córdoba y después Sevilla.

–¿Por qué ahora empieza a darse a conocer este tipo de mujeres?
— Las mujeres han trabajado como mulas, y a nivel de gobierno tenían un papel fundamental, eran el cuerpo diplomático, para hacer la paz, mandabas a una hija a casarla con el enemigo. Berenguela durante la batalla de las Navas de Tolosa

en 1212, se ocupa de la intendencia, de que no le faltase nada a aquel ejercito enorme, de negociar con los banqueros, de negociar con los nobles para que no se rebelaran, es decir, tenían un papel en las sombras extraordinario.

— William Shakespeare hubiera sido un gran retratista de las historias de estas mujeres…
— Shakespeare ha sacado personajes, aunque no les ha dado título, de una gran brillantez en sus tragedias. Yo creo que a nosotros nos ha faltado una literatura equivalente, no solo para las reinas o las hijas de las reinas, también para algunas mujeres destacadas en poesía, o en medicina, que casi no conocemos, tanto en el mundo musulmán como en el cristiano, porque no hemos tenido un dramaturgo que se ocupara de esas cosas al nivel que lo hizo Shakespeare.

 

Marciano Martín y José María Pérez “Peridis”, en su estudio de Madrid.

 

— ¿Cómo se documenta, visita los archivos históricos españoles?
— Una de las cosas más interesantes que he tenido, son los documentos que Julio González, un gran historiador, hizo de los reinados de Alfonso VIII, Enrique I y de Fernando III, el día a día. La corte era itinerante, tenía canciller y tenía notario, y cada día que el rey viajaba, recogía el viaje, el sitio, en un documento de donación, una escritura, y a partir de ahí, va diciendo que nobles van con él, quien le acompaña, y va dando muchos datos, pero luego hay muchos historiadores que han trabajado a fondo la edad media.

 

“Shakespeare, ha sacado personajes, aunque no les ha dado título, de una gran brillantez en sus tragedias, yo creo que a nosotros nos ha faltado una literatura equivalente”

 

— Así que no visita los archivos…
— No, para nada, porque hay historia, no hay novela. Ya hay historia suficiente. Lo que pasa es que hay un elemento, que tú tienes que sacar de entre la historia, aquellas conexiones que la historia no te cuenta, a ti no te dicen que tal rey es primo de tal otro, tienes que buscar en un árbol genealógico, por eso el anterior libro tenia dibujado un árbol genealógico para ver las relaciones entre ellos, y luego en la novela, tienes que meterte dentro del corazón y del alma de los personajes en determinadas situaciones reales, históricas o ficticias para que el personaje coja volumen.

— ¿Qué es lo que más le gusta, buscar la información o redactar el contenido?
— Todo es un juego, yo lo veo como un juego, la búsqueda es como una investigación policial, y luego tienes ahí un puzle que tienes que coserlo, si la clave de esto es que es un puzle, te dan un rey, una batalla y por otro lado tienes otro rey, y como lo colocas, y como lo conectas, y que siente y que piensa. Entonces es buscar y a través de la búsqueda ir encontrando joyitas e imperdibles, para coser y tramar todo aquello como la vida entrelazada igual que un tapiz. Yo hago de tejedor de los hilos que me voy encontrando, pero esos hilos allí había gente que los tejía.

 

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–¿Se puede decir que la novela histórica se empezó a poner de moda con “El Nombre de la Rosa” de Humberto Eco y ahora con todas las series?
— Sí, la verdad es que no hay más que ver la serie de televisión Juego de Tronos, es un sucedáneo de luchas medievales con elementos fantásticos como los dragones y con una carencia para mi ensordecedora que es la religión, el poder de la iglesia y lo que hacían los templos. En mi segunda novela ya se están haciendo las catedrales. Bueno, es una proeza en la que participa la iglesia, y la iglesia era un poco el armazón social e ideológico de la sociedad y aportaba una cosa muy importante a nivel de papado, que era que el papa tenía que recibir todos los testamentos de los reyes y darles el visto bueno, bendecir al heredero, porque en el cristianismo, en los reinos cristianos heredaba el primogénito, en el mundo árabe no, y eso fue su perdición, porque podía ser un notable de la familia, y a la muerte del califa o del visir se mataban entre ellos. El éxito de la Reconquista en la época de Alfonso VIII, es que, en cien años, hay dos reyes, salvo en el paréntesis de Enrique el de la Teja.

— Le había oído hablar también del fracaso que tuvieron los papas en las cruzadas, ¿a qué se debe?
— Pues porque los reyes cristianos iban a lo suyo, lo que querían era abrir puertas al comercio y enriquecerse, y los papas en la cruzadas, aparte de pretender reconquistar Jerusalén, lo que querían era que los reyes cristianos en vez de enfrentarse al vecino, se enfrentaran al de la religión contraria. Es decir, había una doble finalidad, la primera, visible y aparente, reconquistar los santos lugares y la segunda, cambiar la atención, el punto de atención de los reyes cristianos y mandarles a pelear a otro lado en vez de pelearse en casa.

–¿En qué deberían fijarse los políticos actuales de los antiguos reyes?
— En la novela yo pretendo dar una visión de una realidad, que la unión es positiva y ya lo dijo Platón. No hay nada ni peor gobierno que aquel que divide a los pueblos y hace de uno varios. Es decir, para Platón la división del reino era una catástrofe y lo hemos visto en nuestra historia, en el momento que los reinos estaban divididos, el avance musulmán era brutal. Desde el inicio de la reconquista ha habido una traición de don Rodrigo y una rebelión la aprovechan para pillarte dividido, entonces, en el momento que Castilla y León se unen, en el momento que a través de matrimonios se conciertan acuerdos, hay una fortaleza.

— Para ir terminando, ¿continua con la arquitectura?
— No, lo deje hace dos o tres años. Considere que como yo trabajo o trabajaba ya no se puede trabajar por la tecnificación y porque tendría que haber empezado otra vez a disputar el trabajo a los chicos que empiezan, no me parecía. Por otro lado, empezaban ahora a jubilarse toda la gente que me había acompañado a la largo de mi historia como arquitecto, y dije, se jubilan, la arquitectura ya es otra cosa, hay poco trabajo, gané algunos concursos que no se hizo la obra y ni me lo pagaron, y va la ruina también.