Julio Llamazares: “La cultura no es un adorno, es un artículo de primera necesidad”

JULIO LLAMAZARES █ Escritor y periodista

El escritor leones Julio Llamazares, hace un par de años en Madrid.

Marciano Martín Castellano
Café Comercial. Glorieta de Bilbao
■ MADRID

— Comenzamos hablando de literatura donde veo que dominas la novela, el relato, los cuentos, los ensayos, los viajes…y la poesía también. Cuéntame cómo surgió eso de meterte en la literatura.
— Yo es que creo que la literatura es vocacional, que los verdaderos escritores escribimos por vocación, es decir, por necesidad. Cuando hablo de verdaderos no digo ni mejores ni peores. Digo esto porque, que parece una redundancia, porque ahora todo el mundo escribe, como sabéis. Ahora todo el mundo escribe, porque escribir, al contrario de lo que ocurría hace 30 o 40 años, cuando era un oficio marginal, ser escritor era sinónimo de bohemia y casi de hambre, ahora es que la literatura, el libro, parece que da prestigio, puede dar popularidad, puede dar dinero… En esta precisión te digo que concibo la literatura como algo vocacional, en mi caso es que ha sido así porque yo me crié en un pueblo de la montaña de León, un pueblo minero donde no había prácticamente libros, no había ningún ambiente culto a mí alrededor en el sentido tradicional. Había la cultura popular que es de la que yo vengo. Había los pocos libros que pudiera haber en la casa de mi padre, que era el maestro, y poco más. Yo nunca me planteé dedicarme a esto, simplemente, desde que tengo uso de razón, he estado escribiendo y así he seguido hasta hoy.

Julio Llamazares con Marciano Martín Castellano, durante la entrevista.

— ¿Por qué crees que el ser humano necesita historias para vivir? Le he oído decir esto algunas veces…
— Porque la vida que tenemos no es suficiente, la vida nos sabe a poco y entonces necesitamos vivir más vidas que la que nos ha correspondido por suerte o por desgracia, depende de cada cual. Y entonces lo que hacemos es inventar otras vidas o leer otras vidas que inventan otras personas y la gente necesita soñar otras historias, vivir las vidas que pudo haber vivido para vivir más intensamente, para vivir más, para saber más y para disfrutar más de la propia vida, lógicamente.

–Se dice que cualquier tiempo pasado fue mejor. Yo personalmente no lo creo. ¿Qué opinión tiene usted?
–Yo creo que cualquier tiempo pasado fue peor, salvo en una cosa, en que éramos más jóvenes, pero lo demás…, esa idealización que se hace del pasado siempre es falsa. A ver, en el año 1900 la media de edad en España eran 40 años. Con una apendicitis era el cólico mísere y te ibas. A nivel económico, con todos los saltos hacia atrás y hacia adelante, la humanidad ha ido hacia mejor. No quita que hayan grandes desequilibrios geográficos en el mundo, grandes desequilibrios sociales, pero vamos, pensar que en los años 50 se vivía mejor en España que ahora es engañarse uno a
sí mismo.

“Todo escritor es romántico, es un movimiento que nace de la filosofía existencial y del nihilismo”

— Su literatura está muy apegada a la tierra, al mundo rural. ¿Por qué?
–Porque vengo de ahí y porque yo tengo una pata en el mundo urbano, donde he vivido más de dos tercios de mi vida. Desde los 12 años yo he vivido prácticamente en ciudades, pero mi formación y mi arraigo viene de ahí, mi cultura viene de ahí como las dos terceras partes de los españoles pese a que algunos renieguen de ello o renuncien a ello por extraños complejos.

–Algunas veces le he oído decir que el escribir era como parar el tiempo…
— Sí, yo creo que lo que queda al final es lo que a veces pensamos que es superfluo y que es efímero. La cultura no es un adorno, la cultura es un artículo de primera necesidad. Cuando hablo de cultura no hablo de presentaciones de libros, ni de exposiciones, ni de conciertos, hablo de ese pozo añadido que te da a ti como persona el conocer los pensamientos de otras personas, los sentimientos de otras personas que tú accedes a ellos a través de la lectura. Si ahora tú preguntas quién era el rey de España cuando andaba Don Quijote por La Mancha, yo no te sabría decir quién era el rey de España y era la verdad, y Don Quijote que era la mentira ha sobrevivido hasta hoy. ¿Por qué? Porque ha alimentado los sueños de muchas personas y cuando eso ocurre…nadie sabrá dentro de 100 años quién era Rajoy, ni Zapatero, ni Aznar, salvo los estudiosos de historia.

— Desde que empezamos a hablar, me parece un escritor romántico. ¿Qué me dice al tema?
— Yo creo que todo escritor es romántico, porque el romanticismo, contra lo que mucha gente piensa, es un movimiento que nace de la filosofía existencial y del nihilismo, es decir, el romanticismo es un movimiento duro, no es un movimiento light, pero parece que ahora romántico es sinónimo de blando y cursi. El romanticismo es el descubrimiento que el hombre no es el centro del mundo. Si tú miras la pintura, la literatura, la pintura sobre todo se ve muy bien, a lo largo de la historia el centro del cuadro era el hombre, o los papa o los reyes…eran los que protagonizaban la vida de la humanidad, y de repente hay una quiebra que el hombre empieza a reducirse y a formar parte mínima del paisaje que es a raíz del romanticismo.

— La negación de toda creencia, como nihilista. Es la primera vez que lo oigo, pero es muy romántico…
— El romanticismo viene del nihilismo fundamentalmente. De repente, el hombre se replantea su posición en el mundo. Ya no es el centro de la vida, es un elemento más y no el más importante y a merced de todos los vendavales, ya digo, del tiempo y la historia y a partir de ahí cambia el mundo. El paisaje deja de ser un decorado amable, que se pone detrás de los cuadros de los reyes o de los cardenales, etc., y el paisaje pasa a ser prácticamente el protagonista. Y lo que te están contando es que nosotros pasamos, dejamos una huella más o menos grande o pequeña, pero lo que continúa es el paisaje.

— ¿Por qué no ha vuelto a escribir poesía?
— Seguramente porque no he dejado de escribirla como concepto, es decir, como género prácticamente he dejado de escribirla hace mucho pero todos mis textos yo procuro que tengan un halo poético porque para mí la diferencia entre la escritura y la literatura es la existencia de un halo de poesía en la literatura que hace que las palabras tengan música. Esa música en las palabras es para mí la poesía., y es lo que más trabajo lleva, conseguir contarla de la mejor manera posible y pulir las palabras como si fueran piedras para que produzcan un ruido como hacen los ríos que las cambian de sitio y las moldean a base de pasar y pasar es lo que los escritores tratamos de hacer con el lenguaje.

Julio Llamazares con los colaboradores de La Aldaba, Pepe Blanco y Sebastián Caballero.

“Los libros son fotografías del alma que responden a tu manera de pensar y de escribir en aquel momento”

— Hablemos ahora de los cuentos. Creo que se están volviendo a reeditar sus cuentos. ¿No ha hecho ningún cambio en los nuevos textos?
— En los cuentos no. Probé una vez cuando reeditaron dos libros, “El río del olvido” y “Escenas de cine mudo”… Yo no me releo nunca porque como le doy tantas vueltas al texto, el único que no lee sus libros soy yo. Y los libros son fotografías del alma que responden a tu manera de pensar y de escribir en aquel momento. Hay gente que piensa al revés y está corrigiendo siempre, cada uno…tiene su librillo.

— Pasemos a hablar ahora de su última novela “Distintas maneras de mirar el agua”. ¿Cómo surge?
— Bueno, pues yo creo que iba a surgir en algún momento de mi vida y que estaba condenado a escribirla. Es la novela de mi vida, pero no porque sea mejor ni peor, sino porque es la que más hondamente refleja mi espíritu, por decirlo de una forma muy solemne. Yo nací en un pueblo que está debajo del agua, y esa experiencia, que conocí mi pueblo ya muchos años después cuando lo vaciaron, lo desenterraron, y es algo así como si tú conoces a tu padre o a tu madre cuando desentierran su sepultura y sacan los restos. Así conocí yo mi pueblo y esa experiencia te marca y yo sabía que en algún momento escribiría sobre eso. Lo que no tenía previsto es que fuera ahora. Ahora yo tenía previsto hacer otras cosas, pero a veces las novelas son como los enamoramientos. Tú no piensas en enamorarte de alguien y vas por la calle y te encuentras con alguien y ya…como todo.

— ¿Cuéntenos un poco de qué va la novela?
— Mira, la novela tiene dos temas fundamentales que uno es el desarraigo, el destierro en grado final, el de la gente que no puede volver ya a su lugar de origen. Porque los emigrantes, los exiliados pueden volver, aunque lo que se encuentren ya no sea lo mismo. Yo conozco mucha gente que se ha pasado la vida en Alemania o en Madrid deseando volver a Jaraíz de la Vera o a no sé dónde y cuando vuelven se dan cuenta de que ya allí son forasteros también, osea, aunque el paisaje sea el mismo, tú ya no eres el mismo, la gente ha cambiado e incluso los pueblos cambian…y ya no eres el mismo. Incluso hubo algún exiliado que se pasó la vida soñando con volver a España cuando muriera Franco y hay caso de gente que volvió y se volvió a ir, porque se dio cuenta que aquella España que él recordaba y soñaba no era la España real, habían pasado 40 años. Yo creo que el éxito de una novela, porque una novela se puede contar de muchas formas, el éxito de un autor es conseguir contarla del mejor modo posible y eso depende mucho de la creación de personajes y depende mucho sobretodo de la arquitectura de la novela, de la estructura. ¿Por qué? Porque determina la manera de contarla. La podía haber escrito un guardia civil, un testigo que recordaba, un guerrillero que volvía después del tiempo…Cuando yo decido que lo escribo en primera persona me convierto en protagonista, sin saberlo. También te limita, tú no puedes decir “a aquella hora en el cuartel de la guardia civil” o “el cabo tal”, porque tú solo puedes contar lo que ves, piensas y sientes. Eso lo determina la estructura que te da unas cosas y te quita otras como una estructura de un edificio o de lo que sea.

“Todos los políticos que se consideran capaces de salvarme a mi de algo, me produce cierta sospecha”

— ¿Para cuándo una segunda parte de “La Rosa de Piedra”?
— Estoy con ella. Quería haber seguido cuando acabé “Las Lágrimas de San Lorenzo” y se me cruzó esta… Esto es como cuando atropellas a alguien, se me cruzó en el camino y de hecho ya tengo la mitad de la segunda parte incluida toda Extremadura, Plasencia, Coria y Badajoz, las tres catedrales que tenéis, porque la de Cáceres es concatedral, me queda ahora el Levante, Andalucía y las islas que quiero ponerme ya en cuanto me deje el tsunami este de las entrevistas y la promoción de la novela.

— Va a ser mucho más relajante. Me da que se lo monta bien
— No, yo lo que pasa, que cuando sale un libro pues lo apoyo, luego llega un momento que cierro y ya me dedico a escribir otra vez.

— También he oído que va a salir el Eensayo de Jeromín…
–El 26 de marzo, va a salir una edición preciosa con ilustraciones, un libro antiguo que estaba por ahí medio descatalogado…
Sale en Alfaguara y también con unas ilustraciones con 20 grabados de un amigo que es pintor. Va a ser una edición preciosa. Está a punto.

— ¿Qué escritores le gustan ahora?
— Pues todos los que me conmueven. No tengo autores preferidos ni marginados.

— John Verguer, por ejemplo, dice que el mundo campesino no deja registro prácticamente, la cultura moral que se transmite está condenada a desaparecer si no hay unos eslabones necesarios que la sostengan.
— Hombre, es que la literatura es la memoria de un pueblo cuando pasa el tiempo, y ahí por eso hablo de un deber moral, pero yo no lo hago no solo por un deber moral si no, por ejemplo, esta novela que habla de la gente de los pantanos.

El escritor nos habla de su pueblo abandonado en León.

— En ciertas entrevistas que le he ido siguiendo, he leído que habla siempre de que todavía tenemos en España un déficit democrático. ¿A qué se refiere?
— Es que salta a la vista, nada más tiene que ver a la gente en los bares hablando…En España, por ejemplo, la gente no conversamos, la gente discute. Se trata y a los dos minutos ha aumentado en 50 revoluciones el tono de voz. La gente no deja que le convenzan de nada, la gente lee los columnistas que le van a decir lo que ya piensan. Yo cuando leo la columna de un periódico quiero que digan algo que a mí no se me ha ocurrido. Pues la mayor parte de la gente lo que quiere es que le reafirmen sus ideas

— ¿Qué opinión tienes ahora de los políticos?
— A mí por principios todo el que se considera capacitado para salvarme a mí de algo, me produce cierta sospecha. Luego en España también tenemos una casta de políticos que vienen de la falta de práctica democrática.

— ¿Cómo interpretas lo del IVA cultural del 21%?
— Bueno, es muy acorde con lo que piensa el Partido Popular. Al Partido Popular la cultura le importa tres…, pero además es que no engañan, ellos no engañan. Lo que no de rentabilidad económica no les interesa. A los partidos conservadores la cultura les estorba y además parten de la base de que es una cosa de rojos y saben que el noventa y pico por cien de la gente que nos dedicamos a la cultura, no somos precisamente de derechas.

— Como decía Borges, ¿cree que nuestro paso por la vida es como una fábula?
— Sí, bueno, esta es una idea muy antigua, ni siquiera de Borges, es ya de Calderón, “La vida es un sueño”…sí, es una fábula que vivimos, somos personajes de una fábula, que nos contamos además continuamente unos a otros, y que cuando se acaba se acabó. Colorín colorado, esto fue lo que hubo. Por eso lo mejor es vivir la fábula con la mayor intensidad posible y si está en tus posibilidades y en tu capacidad engrandecer un poquito, aunque solo sea un poquito, esa fábula que es la vida, pues mejor que mejor, y si no…