Ricardo Hernández

Uno de los ecosistemas más conocidos de España y más concretamente en Extremadura, aunque se encuentra en muchas zonas de la península, es la dehesa. Podríamos decir que esta surgió de un balance entre productividad, equilibrio y finalmente conservación. No hablamos de un bosque primigenio pero se mantiene la diversidad de especies y debido a su productividad agraria se ha procurado conservar de la mejor forma posible.
La dehesa no es una formación completamente natural, como pueda ser otro espacio protegido y no alterado, ni siquiera surgió con dicha intención pero la sabiduría del hombre de campo y la generosa madre tierra permitió dicha conjugación.
Las dehesas suelen ser antiguos bosques maduros de encinas y alcornoques que se han “aclarado” cortando algunos árboles y donde los arbustos se mantienen controlados para que puedan crecer los pastos. Al aclarar estas zonas la radiación puede llegar a lugares donde antes no tenía cabida y de esta forma “nutrir” de energía los suelos ricos en hierbas que finalmente utilizará el ganado.
La vegetación xerófila y esclerófila, característica de este ecosistema, está adaptada a periodos de sequia con hojas duras y tallos cortos que protegen frente a la evaporación, lo que también evita, en cierta medida, ser consumida por los herbívoros que podrán encontrarse con hojas coriáceas y en algunas ocasiones con espinas.
Especies como la característica encina presenta hojas perennes que en algunas zonas pueden comportarse como marcescentes de modo que van renovando las hojas de forma muy discreta con respecto a un verdadero árbol caducifolio. La encina no solo provee de alimento al ganado porcino con su conocido fruto, sino que tiene otros muchos usos: producción de herramientas, de carbón y leña, uso medicinal, taninos para los cueros y como alimento para las personas.
Los árboles de la dehesa son muy importantes ya que promueven las condiciones edáficas necesarias aportando nutrientes y agua al suelo y con ello también a los pastos, evitando la erosión y mitigando los vientos. Algunas de las especies arbóreas que nos podemos encontrar en una dehesa son: el quejigo, el acebuche, el algarrobo, etc.
Con respecto a la fauna, la dehesa presenta una gran variedad de especies que cubre muchos taxones, incluyendo invertebrados, peces, anfibios, reptiles, aves y mamíferos. Algunos ejemplos típicos y respectivos de cada tipo serían el escarabajo pelotero, el barbo ibérico, el sapo de espuelas, el lagarto ocelado, el búho real y el erizo.
Con este ejemplo vemos que en algunas ocasiones se puede fraguar un entendimiento entre hombre naturaleza y que no sólo hay un camino para el progreso sin contar con la naturaleza, siendo aun más beneficiosa la colaboración que la competencia con nuestro medio.