Puerto de Béjar, a 30 de noviembre de 2021.

Pepe Blanco

CUANDO CONTRIBUYO a que dos personas se conozcan o hagan algo juntas, no busco una recompensa, me basta saber que “he sumado”.
Es mi manera de hacer amigos. Y entiendo el ayudar como una forma de “construir amistad” y “crecer”. Es “un regalo” que recibo, sin dar nada a cambio. No soy yo él que ayuda, sino que otros me brindan la oportunidad de ayudar. Y esto no lo digo por “quedar bien” ni porque tenga espíritu de misionero, sino porque lo siento así. Creo que los nuevos vaivenes del tiempo nos están reclamando y exigiendo un cambio de chip urgente y necesario; un cambio que tenemos que experimentar todos para mejorar nuestro entorno de relaciones en particular y…la sociedad en general.
Hace tiempo un compañero y “amigo”, al que le diagnosticaron una enfermedad grave – no diré su nombre por discreción – me pidió que le acompañara a una sesión de quimioterapia. En lugar de verlo como “un marrón”, me sentí agradecido y honrado, pues pensé que si me lo pedía era porque me consideraba una persona a la que tenía una estima muy especial. Por desgracia, no podemos curar a los demás; pero, al permanecer junto a una persona enferma, nos quedamos con un trocito de su enfermedad y se la hacemos más llevadera. Al que tiene una dolencia grave, si alguien le ayuda a llevar su carga, se sentirá un poco más ligero… al menos durante un tiempo.
Un día, cuando regresábamos del hospital hacia su casa, me dice: “Amigo, tu compañía me es más beneficiosa que las sesiones que me dan y estimo que tu actitud en este duro momento me ayudará a superar mi enfermedad mejor”. Palabras emocionantes para mí, que después de más de veinte años sigo recordando al pie de la letra como “un auténtico regalo”.
Es posible que te cueste ver esto “como un regalo”; pero, si practicas la empatía, lograrás no solo que los demás se sientan mejor a tu alrededor, sino que también tú te sentirás mejor. Y ahí, precisamente ahí, es donde radica la felicidad.
Hazte este planteamiento, porque a lo mejor te estás olvidando de lo más importante: El trabajo o los negocios pueden tener una recompensa económica; pero, si alguien te abre la oportunidad de ayudarle en una situación “oscura” y “complicada”…es “un regalo real e instantáneo”.
Si al principio no eres capaz de “dar sin esperar nada a cambio”, al menos sé generoso por puro egoísmo. Piensa que, si le ofreces tu mano y tu corazón a alguien zarandeado en el trajinar de la vida, no sólo te tendrá reservado un hueco imperecedero en lo más hondo de sus sentimientos, sino que además otros harán lo mismo contigo.
O sea, tómatelo como si estuvieras invirtiendo en una especie de “anuncio” de ti mismo, en el que se va a resaltar tu condición de persona noble, fiable e implicada en inyectar claridad, aunque sólo sea una ráfaga, en el túnel que, a veces, la vida nos obliga a atravesar.
SIEMBRA, si puedes, trigo candeal en el campo de tus relaciones con los demás. APOYA el día a día de todos. AYUDA a subir la cuesta a aquéllos que no pueden con el duro peso de sus mochilas.
¡AYUDA! y ¡AYUDA SIEMPRE! o ¿Acaso crees que nada malo te va a ocurrir nunca?.

SIEMBRA buena semilla y serás feliz al recoger de cosecha…