Recientemente hemos visto como el anuncio de la implantación de una Universidad privada en Plasencia hacia cumplirse los deseos más profundos de su excelentísimo alcalde. Una Universidad privada que aumentara el número de pobladores, de consumidores en los bares, de inquilinos en sus viviendas de alquiler…el sueño de todo regidor municipal.
¿Pero intentemos ver un poco más allá? ¿Creemos que el fin de implantar una universidad son los mismos que poner una fábrica de jamones? ¿todo es economía? ¿no existen intereses comunes, el bien común, la educación como servicio público?
¿La educación, servicio público? No parece que sea un planteamiento que se esté teniendo presente cuando se quiere implantar una universidad local en nuestra tierra, aun cuando la base de la educación debe ser su universalidad, gratuidad y accesibilidad. La Educación tiene que tener en cuenta factores económicos, para su implantación sin duda, pero no puede ser la piedra que mueva a la Educación. No todo es mercado, no todo es libre mercado. La educación no, por favor. Ésta debe estar garantiza por los poderes públicos, debe garantizarse su accesibilidad, debe obligarse a su universalidad. A todos los niveles, también en el ámbito universitario.
La parte empresarial de la Iglesia, que sí, que la tiene, con sus obispos-administradores de fincas a la cabeza, se unen a alcaldes dispuestos a conseguir la gloria terrenal por medio del acercamiento a lo divino. Se unen intereses terrenales con religiosos, intereses económicos y fe -unidas tantas veces a lo largo de nuestra Historia-, dispuestas a facilitar al catolicismo-empresa el empujoncito necesario para instalarse entre nosotros, por medio de apoyos, por medio de ayudas, por medio de donaciones de terrenos públicos o edificios que podrían mejorar nuestras bibliotecas, centros asistenciales, etc. En fin, las posibilidades son tan amplias como ganas de alcanzar la gloria terrenal –política, más que religiosa- tengan los dirigentes locales.
Confundidas nos hayamos, cuando mezclamos lo divino y lo terrenal en forma de universidad privada; confundidas andamos, cuando mezclamos intereses empresariales con principios educativos.
Y valga esta reflexión no sólo para universidades privadas (que no nos engañen, empresas) de índole religioso, sino que también en el ámbito meramente empresarial, los intereses son económicos y no educativos. El fin de las universidades privadas no es socializar conocimiento, sino ganar “pasta” por medio de la Educación. No es el fin, sino el medio.
La creación de empresas es absolutamente legítima; la posibilidad de elegir centros está contemplada y amparada, pero déjenme al menos que les diga que este sistema huele mal, huele a intereses, huele a “dinero”, huele a adoctrinamiento, y al menos hemos de decir muy alto, que se nos escuche y se nos entienda, con dinero o ayudas públicas NO.