Las agallas o cecídias, llamadas popularmente gállaras o gallarones, son malformaciones en las plantas inducidas frecuentemente por insectos. Las más conocidas son aquellas que aparecen en los robles, con forma esférica y del tamaño de una ciruela. Estas son producidas por insectos pertenecientes al orden Himenóptera y la familia Cynipidae (avispas).
Normalmente el estímulo en la formación de la agalla, lo proporciona el insecto al alimentarse, pero también cuando la hembra ovoposita en la planta, o lo que es lo mismo, cuando pone sus huevos en esta. El insecto segrega una sustancia que regula el crecimiento de la planta, y que afecta a esta de tal manera que se forma la agalla. Si el insecto muere o abandona la planta, esta reanuda su crecimiento normal. Lo que distingue a las agallas de otras formaciones anormales en las plantas, es que siempre se producen fenómenos de hipertrofia (crecimiento anormal de las células), e hiperplaxia (multiplicación anormal de las células). Otras formaciones, como por ejemplo, las producidas por los lepidópteros trotrícidos (mariposas), en las que se produce un enrollamiento de las hojas, y estas dan cobijo y nutrición a la larva, no se consideran agallas, puesto que no hay un crecimiento anormal que incluya los fenómenos antes comentados de hipertrofia e hiperplaxia.
Antiguamente, hace unos 50 años, las agallas eran recolectadas por los niños de los pueblos extremeños y con ellas realizaban diversos juegos, entre ellos, uno muy común era el de utilizarlas como piezas de ganado, siendo el mas afortunado aquel que poseía mas ovejas o vacas, según la cantidad de gallarones conseguidos.


A lo largo de la historia, las agallas han tenido diversos usos, en la sociedad grecorromana hay documentos de Plinio, Hipócrates y Teofrasto que acreditan su uso para fines médicos y curativos, concretamente en el tratamiento de inflamaciones bucales, diarreas y hemorroides. Otras agallas de cinípidos (avispas gallaritas) de la cuenca mediterránea, como las producidas por Andricus gallaetinctoriae (agalla de Alepo), fueron utilizadas para curtir pieles y para elaborar tintes, debido a su elevado contenido en ácidos tánicos. También se han utilizado como adornos en ciertas tribus de África Oriental y Amazonía, a la vez que de alimento, como es el caso de la agalla producida por Salvia pomifera, en la isla de Creta.
Son miles las especies de insectos (gallícolas) que inducen las cecidias y por lo tanto miles las diferentes estructuras que los árboles producen. La naturaleza es extremadamente diversa en todos sus aspectos y no duda en derrochar medios para crear vida a través de energía que luego a su vez reutiliza en un ciclo continuo y lento que va cambiando, con épocas de crisis que finalmente se equilibran, para dar lugar a nuevas formas de vida más evolucionadas con respecto al medio en el que se desarrollan, siendo este a su vez dinámico y cambiante a lo largo del tiempo.