Ingeniero Técnico Forestal. Ex-director General de Medio Ambiente de Extremadura.

En este 2020 tan aciago, en el que hasta las opciones de movilidad se han visto notablemente reducidas, aparecen a su vez momentos para la satisfacción y la esperanza.
Como si de un claro entre las nubes se tratara, hace unos días por casualidad, me adentré en el corazón peninsular y descubrí un enclave encantado; El punto que muchas fuentes vinculan con el origen y nacimiento del Río Guadiana, es decir, las Lagunas de Ruidera.
Este humedal, formado por un complejo de 15 lagunas naturales y situado aguas arriba del Embalse de Peñarroya, fue declarado como Parque Natural en 1979, perteneciendo por tanto, a la Red de Espacios Naturales Protegidos de Castilla la Mancha, Comunidad Autónoma en la que se encuentra.
Su ubicación concreta, se localiza en la Comarca del Campo de Montiel, en una franja limítrofe entre las provincias de Albacete y Ciudad Real, ocupando principalmente superficies de los términos de Ossa de Montiel y Ruidera, localidad que además presta el nombre al complejo lagunar de singular valor y belleza.
Si para encontrar el espacio es necesario atravesar un paisaje quijotesco de antiguos molinos y extensos viñedos, los últimos tramos hasta destino se desarrollan circulando por pastizales de secano, carreteras sinuosas y terrenos acarcavados que resultan a la vez, hermosos y tentadores.
Las Lagunas de Ruidera, forman parte también de la denominada “Mancha Húmeda”, Reserva de la Biosfera de la UNESCO, que considera al eje central de las lagunas como zona núcleo o de especial interés, gracias a la gran diversidad de valores ambientales que atesora.


Al tratarse de un complejo lagunar de importancia internacional, las Lagunas de Ruidera están incluidas también en la lista de sitios o humedales auspiciados igualmente por la UNESCO, bajo el convenio de Rámsar; la ciudad Iraní en la que se celebró la convención de protección de los hábitats de especies acuáticas y que incluye la conservación y el uso racional de los recursos naturales asociados.
La importancia del lugar es tal, que el acuífero 24 sobre el que se sustentan las lagunas, se encuentra en una zona de clima muy seco y que es recargado principalmente con agua de lluvia y no a través de aportes hídricos laterales procedentes de gargantas o arroyos que recojan el flujo de otros cauces fluviales.
Las lagunas se enclavan sobre un trazado de 20 kilómetros de longitud aproximada. Un trayecto en el que el agua, ya sea a través de cascadas o mediante flujo subterráneo, va descendiendo laguna a laguna un desnivel que ronda los 150 metros de altitud entre la laguna superior y la inferior, lo que produce a su vez una continua depuración natural de sus aguas por filtración y acumulación de sedimentos.
El sustrato sobre el que se asientan es de naturaleza caliza, de ahí su tonalidad blanquecina que provoca con la luz solar el efecto turquesa sobre sus aguas y que convierten este espacio en el paraíso interior de agua dulce por excelencia.
La base de las lagunas se compone de materiales impermeables como arcillas, margas y yesos, que actúan reteniendo la lámina de agua y sirven de desarrollo a especies de flora lacustre como carrizos y cañas, que emergen a su vez sobre las aguas transparentes y anegadas, permitiendo vislumbrar la profundidad de la laguna como si de un acuario artificial se tratara.
La fauna de las lagunas es rica y diversa, encontrando especies endémicas de peces como el pez fraile, el barbo comiza o la colmilleja, así como una gran variedad de urodelos y anuros ligados al hábitat que proporcionan los humedales entre los que se encontrarían diversas especies de tritones, ranas y sapos.
La fauna avícola es excelsa, debido a la gran diversidad de hábitats asociados al complejo lagunar y entre los que podrían citarse por su interés el martín pescador, el aguilucho lagunero, el somormujo lavanco o la focha común entre otros.
Pero además, en el entorno de las lagunas, se ha desarrollado también un amplio catálogo de actividades ligadas al turismo y a los deportes de naturaleza acuática que ayudan a conocer mejor el complejo y a abrazar, como establece la base fundamental de toda Reserva de la Biosfera, la relación simbiótica secular, que existe entre el hombre y la naturaleza.