Béjar, a 3 de enero de 2020

Fernando Sáenz de Miera Pastor.

Todo se prepara con predeterminación, cada Navidad. Ya desde hace unos cuantos años, se adelantan los acontecimientos, para que los ciudadanos, las ciudades de muchas partes del planeta, promuevan los eventos de la Navidad: Adornos, Luces, Villancicos. Tradiciones, costumbres, consumismo…Con el paso de los años, al sentido verdadero de estas fiestas religiosas, que tienen sus días señalados el 25 de diciembre, con el nacimiento de Jesucristo y el día 6 de Enero la adoración de los Reyes Magos, se le fue añadiendo la noche buena del 24, la despedida del año viejo del día 31 de diciembre, para pasar a la noche del día 5, donde se desbordan las ilusiones de infinidad de niños, con sus padres abuelos y hermanos.

En mis reflexiones cotidianas de los viernes, con motivo de esta Navidad del 2021-2022, que nos toca vivir, se me ocurre algún que otro pensamiento y pregunta, que dejo en el aire. ¿Qué sentido tiene la Navidad? ¿Con el paso de los años, se está desvirtuando el verdadero sentido de la Navidad? ¿La Navidad, es un periodo de consumismo desmedido? Bueno, pues ahí dejo las preguntas, y que cada amigo, amiga oyente de la cadena Ser, conecte en su interior este binomio de reflexión y pensamiento.

La Navidad, que por cierto se celebra en más de la mitad de los países de nuestro mundo, con infinidad de costumbres y maneras diversas de ser, tiene un significado muy especial, para los que nos sentimos cristianos católicos. Y con el nacimiento de Jesucristo, celebramos el encuentro de nuestras familias, la convivencia con nuestros semejantes, con un sentido de paz, de reconciliación, amor, prosperidad, donde la sensibilidad de nuestros corazones, recorre un sentimiento de generosidad y de cercanía hacia otras personas más desfavorecidas que nosotros, con necesidades de todo tipo. Es un tiempo, donde nos estimulan y nos estimulamos, para pensar que a nuestro alrededor, también hay personas, ciudadanos en pobreza extrema. Y nos conformamos, comprando solidaridad, y con eso nos sentimos satisfechos, por una sola vez al año.

Los que hemos vivido otras Navidades, en otros tiempos, y conservamos esa ingenuidad o nostalgia, de nuestra niñez, juventud… nos vamos dando cuenta de que cada Navidad se va transformando en un consumismo despiadado, en un modelo de continuo gasto. Cambiamos el amor, por los regalos. El paso de los años y los avances tecnológicos se van instalando en un derroche continuo, en una sociedad capitalista, donde el marketing del consumo tiene una única meta, la del dinero.

Cada año se adelanta más la Navidad con grandes adornos e iluminaciones en las avenidas y calles… Las ciudades y los dirigentes de las ciudades compiten, en la ornamentación. Transformamos la Navidad en un culto a la vanidad. Nos llegan modelos y costumbres de otros lugares, donde el consumismo y otras tradiciones, nos las implantan sin darnos cuenta. Y siempre alrededor de la Navidad. Las rebajas anticipadas, con el Black Friday, Halloween… el olvido de los camellos de los Reyes Magos con los renos y Papá Noel  etc…

¿No os parece amigos y amigas oyentes, que el bombardeo publicitario, que sufrimos en Navidad, son anzuelos para que derrochemos, para que consumamos más y continuamente? Observemos los telediarios de estos días. Observemos la subida de los precios en los mercados. Cómo están los precios del tostón, del cabrito, de los mariscos… Que yo sepa, esto siempre ocurre en estas fechas, y con razón se habla de la cuesta en enero. Pero no importa, mientras se tire de las tarjetas bancarias, no nos damos cuenta que nos endeudamos. No nos damos cuenta que por desgracia, desde una sociedad que nos estimula más a gastar, que a reflexionar en un mundo de generosidad y altruismo, la Navidad, la riqueza de la Navidad, se irá perdiendo  en favor de un materialismo que cada vez nos puede ahogar más. Y mientras sigamos pensando en consumir, más que en vivir verdaderos valores de la Navidad, tendremos que cambiar la letra de los villancicos tradicionales de esta manera: “Esta noche es noche buena, y mañana Navidad, saca la VISA BANCARIA, que me voy a comprar.”