Noam Chomsky, en su libro ¿Quién domina el mundo?, deja una serie de afirmaciones sobre la ambición por el poder, que podríamos trasladar a la actualidad política. Expone la hipocresía con la que se analizan las decisiones políticas de los Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial, que provocaron la invasión de países, guerras y dictaduras, edulcoradas con la lucha contra el terrorismo o contra el comunismo.
La actualidad política nacional, provocada por la moción de censura en la región de Murcia y el adelanto electoral en la Comunidad de Madrid, ha puesto en el centro del marketing político la lucha contra el comunismo, más aún tras el anuncio del vicepresidente segundo y líder de Podemos, Pablo Iglesias Turrión, de ser candidato a la presidencia de la Comunidad de Madrid.
Comunismo o libertad, vociferan los partidarios de Ayuso, que simplifica tanto la realidad, que la pervierte, puesto que la complejidad del escenario político actual, impide análisis simplistas y soluciones líquidas. El escenario actual, tras cumplirse un año del primer Estado de Alarma, por la pandemia de Covid-19, no puede considerarse trivial. La política debería estar a la altura para buscar las soluciones, los acuerdos y los consensos que se merece la ciudadanía.
En lugar de eso, lo sucedido está desprestigiando tanto la política, que no es extraño que el electorado se muestre hastiado por el espectáculo y apático para molestarse en acudir a votar. Precisamente algo de eso es lo que buscan los que convocaron las elecciones en la Comunidad de Madrid, porque los poderosos que defienden los grandes intereses, que controlan parte de la política, saben que de esa forma los que mayoritariamente no votarán serán las clases medias y bajas y los votantes más exigentes de izquierdas y socialdemócratas.
Chomsky arguye que la financiación de las campañas de los partidos políticos predice las opciones de esos partidos en la victoria electoral. Precisamente, durante estos días, los medios se llenan de noticias que no por repetidas son menos graves, de la financiación ilegal del PP, de sus cuentas en B, de sus sobresueldos y de gastos en la Comunidad de Madrid para las campañas de Aguirre pagadas con esa “contabilidad extracontable” que Bárcenas controlaba.
La sombra de la sospecha ya no es sombra, si tras conocer los detalles de la financiación ilegal del PP que se está enjuiciando actualmente, todos coinciden en que suponía una ventaja electoral. De igual forma, la mayoría recuerda y ve motivos de analogía de lo que ha sucedido tras la moción de censura en la Región de Murcia, con el tamayazo que aupó a Esperanza Aguirre a la presidencia de la Comunidad de Madrid.
En lugar de dar explicaciones sobre todo lo sucedido en el pasado reciente, en lugar de cumplir ese giro al centro, anunciado por Casado, el PP continua con su silencio mediático sobre ese pasado, se echa en manos de la estrategia “Trumpista” de Ayuso, copiando sus discursos y simplificándolos. Olvidándose de la moderación, pero lo que es más grave, olvidándose de las necesidades de la ciudadanía afectada por la pandemia.
La naturaleza humana, a veces, nos lleva a censurar nuestras propias conductas, la corrupción en política es el peor cáncer para el servicio público. La naturaleza humana también debería estar marcada por la lealtad, lealtad a las ideas, a las personas y también al compromiso que significa una firma.
Al parecer, en Murcia, la derecha ha olvidado esas cualidades y son ejemplo precisamente de lo contrario. Son ejemplo de deshonestidad y deslealtad.
Las plantas tienen la capacidad de dar felicidad, pero son los animales de compañía, especialmente los perros, los que, como afirma César Millán, famoso por sus programas televisivos para comprender la psicología canina, son siempre leales y honestos con sus amos. Millán ha creado una fundación que se dedica a recoger perros abandonados, los rehabilita y les encuentra un nuevo hogar, demostrando que en ocasiones los perros son más leales y honestos que algunos humanos incapaces de rehabilitarse.