Los habitantes del municipio serrano de La Garganta, conocidos cariñosamente por el apelativo de paporros son un pueblo de tradiciones, amabilidad y hospitalidad, y lo vuelven a demostrar años tras año, en la celebración de la su romería, la de la Virgen del Castañar, donde comparten viandas y licores con los habitantes de la ciudad de Béjar (Salamanca) y con numerosos invitados.
La tradición cuenta que en 1450 la Virgen del Castañar se les apareció a dos pastores de La Garganta para curar a sus familias de la grave peste que en aquellos años hacía mella entre los vecinos ganaderos de estas tierras del antiguo Ducado de Béjar.
La romería de “Los Paporros” es uno de los actos de convivencia más antiguos de Extremadura, los inicios de esta romería se remonta al año 1450, en época de Juan II de Castilla, cuando la Santísima Virgen del Castañar se les apareció a dos pastores de la población cacereña de La Garganta.

Los vecinos de este pueblo cacereño, con motivo del aniversario de la aparición y de sus fiestas patronales, se acercarán a Béjar para homenajear a la Virgen. Una peregrinación que lleva a cientos de personas al Santuario del Castañar, una tradición que cuenta con más de 565 años de antigüedad.
Por la mañana y como manda la tradición a las doce, los paporros son recibidos, en la curva de la Herradura, por el alcalde de Béjar, Alejo Riñones Rico y sus concejales, junto al Cura y al Abad del monasterio.
Gran parte de los participantes llegados de La Garganta, fueron a lomos de sus caballos, los vecinos más mayores lo realizaban en coches.

 

El alcalde de La Garganta insta a las administraciones a

que le otorguen un sello turísitico por los más de 565 años de romería

Seguidamente se procedía al tradicional cambio de varas entre los alcaldes de Béjar y La Garganta. Una vez realizado el traspaso de poderes se encaminan al templo donde se celebró la misa en honor a la Patrona de ambas localidades, amenizada por el coro de la población extremeña.
La tradición cuenta que, en el siglo XV, dos pastores y sus familiares estaban enfermos de peste. La Virgen se les apareció y les curó. Desde entonces, este pequeño pueblo honra a la Virgen por el milagro. Cientos de vecinos sanaron tras la aparición de la Santísima Virgen.
Tras los actos religiosos ambas comunidades de vecinos se reunieron a comer las típicas calderetas de cabrito, la leche frita y algunas que otras viandas, todas preparadas para esta gran ocasión.
La población cacereña continúa luchando porque alguna administración, les declare los actos festivos de Fiestas de Interés Cultural o Turístico, ya que se llevan celebrando desde 1450 sin fallar un año, afirman los protagonistas de la fiesta.