Puerto de Béjar, a 1 de Septiembre de 2021.

En 1992 LA IGLESIA propuso a un español, Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del OPUS DEI, como modelo de virtudes. El Papa reinante, gran aficionado a este tipo de liturgias, propuso también como tales a un centenar de víctimas de la Guerra Incivil española, caídos del bando vencedor.
Ambas decisiones concitaron el entusiasmo y la adhesión de una parte del rebaño y la extrañeza y aún la hostilidad de otra.
Para expertos vaticanistas, la beatificación de Escrivá estaba bastante cantada desde 1975, año de su muerte y año en que sus hijos pusieron en marcha una bien pertrechada operación en apoyo al proceso canónico, planeado en propia vida del beato.
La obra, recién elevada a la condición de prelatura personal y recién lograda su independencia de los obispos territoriales, necesitaba un mayor refrendo frente a otros grupos de poder eclesiástico; que, hasta el actual Pontificado, no había ocultado su animadversión a la ideología y a los modos apostólicos de la fundación española.
Desde la llegada al solio del cardenal Boytila, el OPUS le ha ayudado fiel y eficazmente en su “particular contrarreforma” contra los vientos levantados por el Concilio Vaticano II. Y la beatificación ha sido también un reconocimiento a ese apoyo.
El proceso, una vez filtradas sus actas a la prensa, se ha revelado como un caso ejemplar del nepotismo frecuente en este tipo de actuaciones: Desde la elección y la actuación de los jueces, dejando en manos de gente de confianza la instrucción del proceso y negando el acceso al mismo a los que deseaban declarar en contra, a la confección del milagro en el seno de la familia adicta, con los buenos oficios del jefe de la Congregación Romana, asimismo miembro de la obra.
La beatificación ha sido objeto de disputas e incluso de agrias peleas en el Vaticano y se ha convertido en una causa más de la presente decisión en el seno de la Iglesia.
A partir de su nacimiento en medio de la contienda española, la fundación escrivaniana ha evolucionado desde una etapa de búsqueda de la influencia en el mundo civil, económico y político a una mayor participación en el aparato eclesiástico. Y hoy es, sobre todo, un grupo fundamentalista especializado en la definición y control de ortodoxias y apoyado de una escolaridad propia, que es ya la más importante en el catolicismo hispano de clase media.
De Madrid a Chile, de Caracas a Barcelona…los centros de enseñanza del OPUS DEI garantizan a su clientela calidad y seguridad, devoción al Papado y defensa de la tradición.
El OPUS cumple hoy, respecto a la burguesía católica, la misión que hace cincuenta o cien años realizaban los jesuitas, aunque todavía no pueda relevarlos del todo en la burocracia vaticana.
Especial participación están teniendo los hijos de Escrivá en lo que se considera la “niña de los ojos” del desaparecido Papa polaco.
El éxito del OPUS tiene, sin embargo, un contrapunto negativo: Dado que su proselitismo se realiza hoy preferentemente en centros escolares propios, lejanos los tiempos del apostolado universitario, los opudeístas son muy dados a intentar convencer a niños y niñas para que entren en su obra y adopten costumbres y prácticas muy estrictas, sin apenas haber tenido tiempo para considerar otras alternativas…