El Valle del Ambroz es un lugar de contrastes, con montañas que superan los 2.000 metros y tienen nombre propio como el Pinajarro, el Valdeamor o El Camocho, y zonas de vega y dehesa a solo 500 metros de altitud. Con abundancia de agua, gargantas y ríos, la Garganta Ancha, el río Santihervás o el río Ambroz, que da nombre al valle.

Su historia viene marcada también por esas montañas, entre las cuales se abría el paso hacia el norte, y eso facilitó la existencia de muchas vías de comunicación, primero la Vía romana de La Plata, después las cañadas y cordeles, como las Cañadas Reales Soriana Occidental y la Vizana, más tarde la vía del tren, y hoy la carretera nacional 630 y la autovía A-66, siempre ha estado bien comunicado.

En su ir y venir por nuestra piel de toro, las culturas vetonas, celta, o judía fueron dejando su legado, el Toro Celta de Segura de Toro o el Barrio Judío de Hervás son alguno de sus hitos principales. Nuestros antiguos sabían elegir dónde vivir.

Esas montañas han marcado también su paisaje, grandes bosques de castaño y roble en las umbrías, acompañados de terrazas cuajadas de cerezos y ciruelos. Frondosas dehesas de encina y alcornoque en la zona baja del valle, y de cuando en cuando un monumento natural, un Árbol Singular, como los Castaños del Temblar, el Alcornoque de la Fresneda o el Abedular del Puerto de Honduras, verdaderas catedrales de la naturaleza.

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