Félix Pinero

Periodista y escritor

            En su quinto mensaje navideño dirigido a los españoles como Rey, Felipe VI ha hecho un llamamiento «a mantener una confianza firme en nosotros mismos y en España» en horas en las que «el mundo no vive tiempos fáciles»; pero justamente por eso, nuestro país «ha sabido abrirse camino cuando hemos afrontado el futuro con responsabilidad, con generosidad y rigor, con determinación, reflexión y serenidad».

            No ha eludido el monarca en su mensaje referirse a las preocupaciones «que provocan en la sociedad inquietud tanto dentro como fuera de nuestro país»: la nueva era tecnológica y digital, el rumbo de la Unión Europea, los movimientos migratorios, la desigualdad laboral entre hombres y mujeres, la manera de afrontar el cambio climático y la sostenibilidad, junto a la falta de empleo entre los jóvenes, las dificultades económicas de muchas familias y el deterioro de la confianza de muchos ciudadanos en las instituciones y Cataluña, «son otras series preocupaciones que tenemos en España».

            Frente a esas realidades que pudieran impacientarnos, el Rey ha hecho un llamamiento a mantenernos unidos en los valores democráticos que compartimos para resolver nuestros problemas, «sin divisiones ni enfrentamientos que solo erosionan nuestra convivencia y empobrecen nuestro futuro» porque, frente a ello, «tenemos un gran potencial como país» y ha invitado «a avanzar con ambición todos juntos», porque «sabemos hacerlo y conocemos el camino».

             En esta hora de España, pendiente de que el Congreso tome la decisión que considere más conveniente para el interés general de los españoles, según las previsiones constitucionales, el Jefe del Estado ha hecho hincapié en que «el progreso de un país depende, en gran medida, del carácter de sus ciudadanos, de la fortaleza de su sociedad y del adecuado funcionamiento de su Estado». En este sentido, el Rey ha recordado que «vivimos en un Estado Social y Democrático de Derecho que asegura nuestra convivencia en libertad y que ha convertido a España en un país moderno, con prestaciones sociales y servicios públicos esenciales como en educación y sanidad, equipado con una gran red de infraestructuras de comunicaciones y transportes de vanguardia y que garantiza la seguridad de sus ciudadanos» y considera por ello pertinente afirmar que «hemos construido juntos, lo que juntos hemos avanzado», aunque avisa de que no por ello «debemos caer en los extremos, ni en una autocomplacencia que silencie nuestras carencias o errores, ni en una autocrítica destructiva que niegue el gran patrimonio cívico, social y político que hemos acumulado».

            El monarca ha deseado encarnar los valores de la sociedad española en los 41 ciudadanos de toda España, algunos extremeños,  condecorados al pasado junio con la Orden del Mérito Civil (la foto enmarcada detrás de él sobre un mueble junto a la de pared), «que son un verdadero ejemplo de dignidad y fiel reflejo de nuestra sociedad», una sociedad –recalcó– que ha experimentado una transformación muy profunda, como jamás antes en nuestra historia; «que vive conforme a valores y actitudes compartidos con las demás sociedades libres y democráticas; que es y se siente profundamente europea e iberoamericana, muy abierta al mundo y plenamente integrada en la sociedad global» una sociedad, en fin, que ha superado en el pasado situaciones muy difíciles con una serenidad y entereza admirables, demostrando una gran resistencia y madurez.

            La pertinencia de cuanto ha dicho no ha esquivado, empero, lo mucho que queda por hacer, por mejorar y renovar. «Para ello, ha dicho, es preciso tener una conciencia clara y objetiva de nuestras fortalezas y debilidades y una visión lo más realista y completa de cómo y hacia dónde va el mundo». El Rey ha subrayado entre los valores reflejados en la Constitución el deseo de concordia, la voluntad de entendimiento, la defensa y el impulso de la solidaridad, la igualdad y la libertad como principios vertebradores de nuestra sociedad, que ha conseguido hacer de la tolerancia y el respeto manifestaciones del mejor espíritu cívico de nuestra vida en común.

            En suma, Felipe VI no ha hecho el discurso esperado por algunos, sino un enhebro de pertinencias adecuadas al momento actual del país, sin inmiscuirse en nada de lo que  lo que no le demandare la Constitución que, por su parte, como siempre, ha cumplido. Ahora, la palabra la tiene el Congreso y los representantes políticos del pueblo español.