Hervás, 1 de septiembre de 2021.

Si hay algo de lo que podamos presumir los extremeños, es de la calidad del agua y de la gran cantidad de lugares habilitados que existen, en plena naturaleza y por toda nuestra geografía, para tomar un buen baño.
Como bien es sabido, Extremadura aglutina en sus embalses, distribuidos por las cuencas hidrográficas del Tajo y el Guadiana, en torno al 25% del agua dulce almacenada de España.

Pantanos como Gabriel y Galán, Alcántara, Valdecañas, Cijara, García Sola, Serena u Orellana entre otros muchos, acumulan el agua del Tajo y Guadiana con carácter multifuncional, esto es, ofrecen aprovechamientos muy diversos con fines productivos, económicos, sociales, ambientales o recreativos.
Al suministro de agua de riego y abastecimiento, para cultivos y poblaciones, se le unen funciones trascendentales como la de generación eléctrica, habilitación de espacios de pesca, propiciar el baño de personas o servir como escenario natural donde practicar deportes acuáticos como la vela, piragüismo y todo tipo de actividades relacionadas con las embarcaciones de recreo.
Esta sería la cara más conocida, fuera de nuestros límites administrativos, de los espacios naturales extremeños de agua dulce, si bien es cierto, que hay otra realidad que conviene destacar igualmente y que se encuentra íntimamente ligada con los núcleos rurales, la vegetación autóctona de monte mediterráneo y los cursos fluviales de nuestras cabeceras de cuenca, como son, las piscinas naturales.


Para quien no tenga la suerte de conocerlas o no haya gozado de la experiencia de un buen chapuzón en plena naturaleza, las piscinas naturales extremeñas, no son otra cosa que pequeños tramos de río ubicados en enclaves de singular belleza, a los que se les ha implementado un pequeño dique de contención, que permite el embalsamiento del agua, habilitando el baño y continuando el curso del río aguas abajo del dique.
Las piscinas naturales extremeñas, arrojan multitud de beneficios para el territorio en el que se encuentran, esto es, aportan lugares de recreo y recursos económicos a las poblaciones donde se encuentran ubicadas, dando a conocer igualmente nuestro patrimonio natural y proyectando al exterior un recurso turístico desconocido cada vez por menos personas.
Las piscinas naturales, son a la vez y gracias a sus restaurantes y chiringuitos asociados, un buen lugar donde degustar la rica y variada gastronomía extremeña, así como el mejor espacio donde tonificar el cuerpo con agua fresca en medio de un entorno incomparable.
Son igualmente, un sitio mágico donde compartir experiencias con familiares y amigos, descubriendo a la vez la variedad y riqueza de la geografía de nuestra Región.
Otra faceta importante que ofrecen, es la de protección de los recursos naturales ya que, gracias a disponer de una cantidad importante de agua embalsada, conforman puntos accesibles y localizados tanto para helicópteros como para camiones motobomba de extinción de incendios forestales, que no estarían habilitados si el curso del río siguiese su recorrido tradicional durante los meses de verano.
Comarcas como Sierra de Gata, Las Hurdes, el Valle del Ambroz, Valle del Jerte o La Vera, donde los flujos de agua son más rápidos y escarpados, aglutinan en número y diversidad, el grueso de las piscinas naturales extremeñas, si bien es cierto que se pueden encontrar enclaves igualmente bellos donde tomar un baño, dispersos por toda la geografía de la Región, como ocurre por ejemplo, en Castañar de Ibor, Cañamero o el curso alto del Río Gévora a su paso por La Codosera.
Las piscinas naturales extremeñas, como el gran activo y reclamo que representan en la actualidad, deberían recibir mayores inversiones y ser aún más impulsadas si cabe.
Convendría identificarlas y referenciarlas debidamente en planos, catálogos y páginas web, así como incluirlas dentro de una red oficial actualizada de piscinas, que facilite su ubicación y acceso al conocimiento de infraestructuras y servicios ofrecidos en el entorno de la misma.
Pozas de montaña como Los Pilones del Jerte y el Trabuquete en Guijo de Santa Bárbara, o piscinas naturales como las de Casas del Monte, Acebo, Gata, Descargamaría o Pinofranqueado, entre un sinfín de lugares obligados para el baño, deberían gozar de un mayor reconocimiento popular y administrativo.
Nuestras piscinas naturales no aportan sino beneficios, elevando a nuestros ríos y pantanos, a los altares de nuestras orgullosas playas de interior.