El pasado 21 de marzo, se conmemoró una nueva edición del Día Forestal Mundial. Una fecha, que gran parte de la sociedad asocia con el comienzo de la Primavera, pero que en el contexto actual del estado en el que se encuentra nuestro planeta, alberga otros motivos de celebración, debate y por supuesto de reflexión.
En anteriores artículos, he destacado la importancia que para una Comunidad Autónoma como la extremeña, ejerce o debería ejercer, el sector forestal. Y es que, nada más y nada menos que el 68% de la superficie de Extremadura, se encuentra ocupada por terreno forestal, con lo que ello conlleva.
Como responsable en materia forestal del anterior equipo de Gobierno extremeño, tuve la oportunidad de trabajar conjuntamente con la Sociedad Española de Ciencias Forestales y con el Ayuntamiento de Plasencia, entre otras entidades, en la consecución de la celebración de la VII Edición del Congreso Forestal Español y que bajo el lema “Gestión del monte: Servicios ambientales y Bioeconomía”, se desarrollará durante los próximos 26 y 30 junio, en la Capital del Valle del Jerte.
Un Congreso que, todo sea dicho, seguirá su curso gracias a la acertada apuesta por la continuidad de los actuales responsables autonómicos en materia de medio ambiente.
La economía extremeña, tiene en la agricultura y la ganadería, dos de los pilares más importantes de su desarrollo. Pilares labrados y ganados a pulso, gracias a la riqueza e intensidad productiva del territorio, a la importante distribución de embalses y red de riego existente en nuestra región y como no, al extraordinario nivel de profesionalización y sacrificio de los agricultores y ganaderos extremeños.
Extremadura es campo, es cierto; pero también es dehesa, monte, pastizal y matorral. Al menos, así lo atestiguan las casi 3 millones de hectáreas de superficie forestal que ocupan la mayor parte del suelo extremeño. Basta un dato para demostrar tal importancia, pues, una de cada dos hectáreas de territorio extremeño está cubierta de monte adehesado o compuesta por especies frondosas, coníferas u otras formaciones forestales de porte arbóreo.
Pero a pesar de lo que pueda parecer, ocupando la mayor parte de nuestro territorio, el sector forestal extremeño no termina de despegar a pesar de los recursos y el potencial natural que atesora. Un sector, condicionado y dependiente en gran medida de la inversión en materia forestal que realiza la administración pública, a través de programas de ayudas o inversiones, procedentes en su mayoría de fondos europeos.
Tampoco contribuye al desarrollo, la escasez en nuestra Región, de industrias de primera y segunda transformación de cualquiera de los múltiples productos forestales, que de forma natural se generan dentro del territorio extremeño.
La industria del corcho, localizada mayormente en San Vicente de Alcántara, el aprovechamiento del carbón vegetal, más propio de las poblaciones ligadas a las dehesas del Suroeste extremeño, los pinares de resinación de Gata y Siberia, así como algún aserradero de pequeñas dimensiones,o planta de astillado de madera para biomasa, son algunos ejemplos, aunque todavía insuficientes, de los múltiples recursos naturales que ofrece nuestro vasto territorio, para dotar de valor añadido y comercializar de forma ordenada y respetuosa nuestros productos.
Extremadura, gracias al trabajo de los últimos años, dispone de montes públicos y privados, con instrumentos de ordenación aprobados y certificados bajo un sello de gestión sostenible. Los montes extremeños albergan miles de toneladas de madera, biomasa, corcho, leña, carbón, piñas, resina, miel, polen, setas, castañas,etc,.. que, de forma responsable y respetuosa con el medio ambiente, pueden ser aprovechados generando empleo, fijando población en los núcleos rurales y disminuyendo el riesgo de incendios forestales.
Extremadura dispone a la vez de grandes profesionales con experiencia en el sector, dentro y fuera de la administración pública, así como de una Universidad que forma una hornada de nuevos profesionales cada año.
Únicamente falla el eslabón que conecta los recursos, con la sostenibilidad y el trabajo de los profesionales del sector.
Más de 700 expertos en la materia, debatirán en Plasencia, durante una semana, sobre el futuro de un sector que con multitud de recursos, no termina de encontrar el equilibrio de un desarrollo socioeconómico sostenible, a través del uso eficiente de los recursos naturales. Un equilibrio con el que sí cuentan otros sectores primarios como son la agricultura o la ganadería.
Esperemos, por el bien de todos, que con la organización del VII Congreso Forestal, encontremos el equilibrio, o lo que es lo mismo, el eslabón perdido de un sector tan bello como necesario.