Blanca Martín Delgado Presidenta de la Asamblea de Extremadura

El Pacto Contra la Violencia de Género fue un hito para los acuerdos alcanzados en el Congreso. Un hito y una esperanza para millones de víctimas –mujeres, sus hijas, sus hijos y familias- y para la inmensa mayoría de una sociedad harta de la lacra machista y dispuesta a todas las medidas necesarias para acabar con este lastre que nos ensucia cada día.
Pero firmar un gran pacto es una mera declaración de intenciones sino se tiene la voluntad sincera de avanzar para construir un país serio en materia de lucha contra la violencia de género. A partir de allí, de ese histórico comienzo, tenemos que construir un marco de actuación que arrincone definitivamente al machismo.
Y no, no fuimos ingenuos al pensar que se podía elaborar una gran barricada contra el machismo firmando un documento con otras fuerzas políticas. Fuimos, por el contrario, conscientes de que nada sólido se puede construir sin consenso entre sensibilidades diferentes porque una democracia madura se basa en su capacidad de acuerdos.
A la hora de acordar todos renunciamos a categorizaciones maximalistas. Por el contrario, el consenso nos fortifica ante todas las debilidades que se generan cuando cada uno va por su lado, porque, sin la menor duda, y ante temas de estado, la atomización debilita.
Es imprescindible hacernos fuertes en conjunto porque el machismo no es ni una cuestión de excepciones, ni una cuestión doméstica. El machismo es una ideología que mata en su última faceta, una ideología que controla, domina y condiciona todas las formas de relación en nuestra vida cotidiana y en la edificación de un sistema que sigue obedeciendo a estructuras patriarcales en tanto y en cuanto no nos igualamos en salarios, ni en derechos, ni conciliamos la vida familiar con la laboral.
Avanzamos pero no es suficiente, porque el avance definitivo en esta materia debe contar con acuerdos de calado y con una dotación económica lo suficientemente importante como para ser capaces de garantizar una lucha eficaz contra el acoso, la violencia y la barbarie machista.
En consecuencia, vamos a seguir trabajando para multiplicar voluntades que normalicen la vida de las víctimas y de sus familias y que el aislamiento sea para los verdugos que dañan a una sociedad, la nuestra, que no puede seguir viviendo con cifras de escándalo en tanto y en cuanto nos matan por ser mujeres.