El brazo derecho alzado por encima de la cabeza, sujeta con su mano una botella de cristal verde que erguido, espera a que el brazo izquierdo se estire hacia abajo, y se sitúe en el centro del cuerpo, sujetando en su mano, un vaso de fino vidrio inclinado, esperando a que la sidra caiga golpeando el borde del vaso…mientras yo paso la lengua por mis labios, mucho antes de saborear la sidra. Y cuando lo hago, el sonido de las gaitas armonizan con tu voz…”quien estuviera en Asturias, en todas las ocasiones”… te miro y me contagio de tu canto, que me sonríe y vestida de asturiana, bailo feliz y dichosa ante tu mirada, mientras venzo el miedo, la timidez y la vergüenza, y entono “Asturias de mis amores”. El bollo preñao que me sabe a gloria y el verde prado, es el mejor de los escenarios.
La Virgen de Covadonga me descubre la solemnidad de una oración, allí en la cavidad de una roca iluminada por las velas de tantos deseos, peticiones y esperanzas; y donde fuimos tantas veces a rezar.
Un pueblo colorido en sus casas, salpica la escarpada montaña que acaba en el puerto. Huele a mar, y la vista se recrea con la llegada de los barcos, el pescado y el marisco fresco.
Asturias, me descubre y saca lo mejor de mi, invitándome a entender a qué saben los besos de los buenos días y las buenas noches; los abrazos sin razón y el cariño que me entregas sin reservas; mis complejos, defectos que no lo son, cuando me veo reflejada en tu sonrisa… y me siento tan feliz…
La mano sujeta la botella con el brazo alzado, y el otro espera a que vuelva a verterse la sidra…pero hoy parece que la vida se ha congelado; y así ha de quedarse mientras te vas hiendo despacio, sin ruido; soportando el dolor y aguantado la embestida, de quien viene a buscarte con un zarpazo certero.
El mar empuja las palabras y me las devuelve a la boca; me pide que me calle, y escuche como golpea contra el acantilado, levanto la vista y te busco en esa fina linea, que divide el horizonte en dos matices azules; del mar y el cielo. Allí una mano experimentada te coge la tuya y te lleva con él. Y yo estiro el brazo y alargo mi mano, pero ya no estás.
Se paraliza la vida y se rinde; y te vas. Duele el alma y el corazón se angustia, la parca ha venido a buscarte y te lleva. Tu sonrisa transparente, tu alma limpia, la raíz de tu mirada que arranca del corazón; también se van. Y esa venita que adorna el surco entre tu nariz y tu labio… tus manos que son las mías y tú.
Hoy la sidra no se escancia, ni suenan las gaitas, ni canto, ni bailo…pero te pienso y te veo, mientras busco en mi memoria, el consuelo de quien supo mirarme más allá de los ojos, y eso también era amor.
La tierra, los lugares y los momentos son bellos porque quien te los muestra también lo es.
Ya no estás, pero no te vas del todo; porque vas a permanecer en mi; en todos nosotros.