Desde que asumí la presidencia de la Asamblea de Extremadura opté por abrir las puertas y las ventanas de la casa de todas y todos los extremeños para que la institución sirviera como amparo y fortaleza de todas aquellas reivindicaciones que tuvieran como objetivo la igualdad.
Lo de abrir las puertas y las ventanas era, lisa y llanamente, una cuestión de higiene democrática a través de la cual la sociedad entrara a su casa y sintiera como propio nuestro trabajo parlamentario porque aquí, en esta Asamblea, se dirimen temas trascendentes para la vida de las y los extremeños.
Me parece oportuno citar a Mark Zuckerberg cuando expresó que al dar a las personas “el poder de compartir, hemos hecho del mundo un lugar más transparente”. En política, en gestión pública, compartir también es esencial para que la ciudadanía se reconozca en lo que hacemos porque lo que hacemos tiene a la gente como destinataria exclusiva de nuestra labor.
Que la Asamblea sea el hogar político de Extremadura, es uno de los grandes objetivos y, para ello, volcamos todos nuestros esfuerzos en un mayor grado de transparencia para exponer, mostrar, compartir y comunicar todo lo que aquí hacíamos, hacemos y seguiremos haciendo.
La política, con ejemplos poco reconfortantes para los políticos en particular, la sociedad y el sistema en general, requiere medidas que puedan incorporarse a la cotidianeidad del ciudadano inquieto y deseoso de controlar a sus representantes.
Por ello, la transparencia es una conducta que reconcilia a la ciudadanía con la política, y en este sentido, valoramos positivamente que en dos años hayamos subido 17 puntos en el Índice de Transparencia de los Parlamentos (IPAR), de Transparencia Internacional España.
El sexto lugar que ocupamos es un puesto que nos empuja a seguir adelante para mostrar y mostrarnos, lo que hacemos y cómo somos ante las y los extremeños.
Repito, la transparencia en la gestión es imprescindible para que la población sepa que sus representantes velan, con honestidad y dedicación, por mejorar sus vidas y el futuro de esta región y, por tanto, el de las generaciones futuras.
La transparencia, por el contrario, desde las instituciones, debe plasmar el sentir ciudadano, ser parte de los problemas de la gente y protagonista de la solución de los mismos. No cabe duda que ser transparentes es una obligación pero también una herramienta para construir una democracia mejor, más fuerte y, sobre todo, más igualitaria.