Marciano Martín Castellano
Editor y Director de La Aldaba

La portavoz del Grupo Parlamentario del Partido Popular en el Congreso de los Diputados, Cayetana Álvarez de Toledo, pasó la línea de lo admisible en la política española acusando al padre del vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias, de ser un terrorista. Para estas acusaciones el electorado español no ofrece a ningún partido sus votos. Estas formas no pertenecen a una Democracia moderna.
Tampoco creo que sea normal para la higiene de nuestra Democracia dirigirse a la señora Álvarez de Toledo, por su tratamiento de noble en sede Parlamentaria. Esto es una forma de calentar más la situación. Con estos descalificativos entre unos y otros no son fórmulas para trabajar de forma conjunta en contra del coronavirus. Ahora es tiempo de aunar esfuerzo entre todos, tanto desde el Gobierno como desde la oposición, como lo están haciendo nuestros vecinos los portugueses. Un claro ejemplo de unión y de lucha por los intereses del pueblo portugués, no como aquí en España, que sólo son recriminaciones al Gobierno sin aportar nada a cambio. Esto significa que el rencor por parte de algunos políticos está presente.
Para poder criticar hay antes que tener iniciativas para comparar, pero la oposición todavía no se ha enterado que la soberanía popular en su mayoría no los apoyó para dirigir los próximos años este país.
Lo primero que hay que tener para poder llegar a acuerdos y velar por los intereses de la ciudadanía es tener educación, no sólo en la oposición, sino también en el Gobierno. Con descalificativos no vamos a ningún sitio, todo lo contrario. Evitemos, por favor, los espectáculos bochornosos que estamos viviendo en los últimos días en Sede Parlamentaria.