Una copa de vino

Rosa Sánchez de la Vega

La mañana se le estaba haciendo muy larga. Miguel miraba su reloj a cada instante; el restaurante abría cocinas a partir de las doce. A las doce y un minuto, Miguel marcaba el número que había visto en el google de su teléfono; porque mirarlo en el portátil del trabajo, siempre podría descubrirse y servir de mofa a los compañeros.
-Buenos días Restaurante ”El bacanal “¿en qué puedo ayudarle?
-Buenos días, quería reservar una mesa para dos personas, para el próximo viernes por la noche. Por favor, que sea una mesa en el reservado.
-¡Perdón!, no le oigo.
Miguel soltó la frase completa de todo cuanto necesitaba para la reserva, en un tono muy bajo, para que nadie de la oficina pudiera enterarse.
La camarera apenas pudo entender nada. Así que ella misma alzó la voz, repitiendo los datos de la reserva.
A las nueve de la noche, allí estaba con el mejor de sus trajes, perfumado, recién afeitado y nervioso; muy nervioso.
Desde la barra, la camarera le miraba con una sonrisa burlona en los labios; ante un manojo de nervios, de lo que era sin duda una primera cita.
Los primeros veinte minutos transcurrieron con mucho trabajo; el restaurante estaba lleno y Miguel tenía el privilegio, de estar aislado de la gente y el ruido de quien se relaja al final de la semana, tomando una cerveza o cenando algo distendido sobre la barra. Por suerte el reservado, era justamente eso.
Mientras ella atendía otras mesas, le observaba inmóvil; desde que se había sentado de espaldas a la entrada; tal vez para evitar mirar constantemente a la puerta y disfrutar del factor sorpresa cuando su invitada llegara.
-¿Quiere beber algo; un vino, una cerveza?-para entonces ya habían transcurridos treinta minutos sin que “ella” hubiera aparecido.
-Hola, sí la verdad me vendría bien beber algo.
-Vale, te voy a traer un buen vino.
-Gracias- Miguel contestó cohibido.
La copa de vino sigue tal cual; Miguel ni si quiera ha acercado sus labios al fino cristal. Para entonces, ha pasado cerca de una hora.
-¿Puedo sentarme, o prefieres seguir esperando? Miguel.
-Él la mira sorprendido de que sepa su nombre, y ella se sienta; mientras se quita el delantal, se recompone el vestido y se atusa el pelo.
-¿Te tomas ese vino conmigo? le pregunta mientras le mira, humedeciendo sus labios con la lengua.
-En una imitación involuntaria él hace lo mismo, mientras se cuela por el escote de la blusa y le sirve el vino. Al tiempo que ella exagera un suspiro y mueve su pecho.
-Avergonzado, acierta a decir: Pero ….. ¿ahora?
-Una copa de vino, puede beberse a cualquier hora; se ha de saborear apreciando todos sus matices, su aroma, el gusto, la textura.
Miguel está embobado mirando a la camarera, nervioso se lleva la copa a los labios y comienza a beber.
Ella le detiene tocando suavemente su mano:
-Si la bebes de un trago, toda la botella de una vez, te habrás emborrachado pero no habrás sabido apreciar ninguno de sus matices.
Ella se levanta y besa sus labios con sabor a vino, y le susurra al oído: así es como entiendo que debe ser. Siempre con ganas de más…
Hipnotizado contempla como se contonea mientras ella se aleja. Miguel se levanta y va tras ella.
Mientras… dos copas teñidas de un matiz rojo, son los únicos testigos de tanto deseo contenido.