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Plasencia se lo merece

Blanca Martín Delgado. Presidenta de la Asamblea de Extremadura

 

Que nadie se alarme a pesar del título de estas líneas. No. No voy a hacer proselitismo, ni voy a acumular premisas erróneas ni tampoco recurriré a consignas vacías, a pesar de que, en según el barrio, sean el pan nuestro de cada día.
Voy a reivindicar a mi ciudad y voy a ser muy poco comedida a la hora de describir lo que he vivido hace unos días. El arte como pretexto, la vida misma y sus sentidos para entender que somos encuentro, acuerdo y que, en la simbiosis de intenciones, descansa el verdadero avance de la humanidad, por más pequeño que nos parezca, en este caso subrayando el dónde, en mi querida Plasencia.
El pasado viernes 29 de abril, tuve el lujo de intervenir en la inauguración de las muestras de pintura de Enrique Jiménez Carrero “Retablo Pasión y Vida” y “El último viaje”, obras pictóricas que pueden verse en La Casa del Dean y el Centro Cultural Las Claras respectivamente.
No veo mejor manera de reivindicar Plasencia durante estos meses como la capital cultural de la región y como referente en España. El magnífico retablo de Enrique Jiménez integra dos generaciones de pintores de gran trayectoria, la de Jiménez y la de Misterpiro.
Este retablo que une tradición y vanguardia, dos generaciones creadoras y a dos artistas de los cuales nos sentimos orgullosos, no es un encuentro ingenuo. Es, a todas luces un encuentro que enriquece, porque el realismo de uno escucha a la abstracción del otro y confluyen en un horizonte mágico de pasión y vida, de sufrimiento y duda.
Y este encuentro de generaciones y estilos va a contramano de la actualidad política. Si mi generación aprendiera que el encuentro y el trabajo a partir de la unidad para afianzar objetivos es la única y definitiva garantía de avance, nos iría mejor, sin duda alguna, al menos en el terreno del debate y de la altura de miras que no es otra cosa que el anteponer el interés general al particular.
Así pues, me enriquece comprobar que dos generaciones y dos estilos, es decir dos formas de entender la creación y, si se quiere el mundo, son capaces de construir unidos, de hablarse en el idioma del encuentro, de la búsqueda de la sinceridad creativa.
Si las y los políticos de hoy volviéramos a hacer lo que líderes de su tiempo y de futuro, como Juan Carlos Rodríguez Ibarra hicieron, sentarse y crear una obra sobre un retablo vacío entre personas de generaciones diferentes y con ideas creativas, en cierto punto antagónicas, para avanzar y llenar de sueños y de pasiones una tierra como la nuestra, nos iría mejor. Toca reivindicar Plasencia como metáfora del encuentro, del arte, de la creación y de la convivencia misma.

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