
Pepe Blanco Bázquez.
Puerto de Béjar, 1 de diciembre de 2024.
La mujer bejarana en la industria textil obliga a realizar un viaje por el pasado de la industria de la ciudad de Béjar, sur de la provincia, y realzar la importancia y el recuerdo de las mujeres en el auge, desarrollo y legado del que fue su motor económico durante siglos.
No son pocas las ocasiones en que nos referimos a las mujeres como las grandes olvidadas de la historia. Desde aquéllas cuya labor fue decisiva en diversos ámbitos de la ciencia y de la investigación; pasando por autoras que debían firmar bajo un pseudónimo masculino para publicar sus creaciones artísticas, hasta obreras que destacaron no sólo en el ámbito de la producción sino también en la lucha de los derechos de las mujeres.
Béjar y la historia de su industria textil sirven de marco empírico donde comprobar la evolución del papel de la mujer en la sociedad; sin olvidar que, aún en este siglo XXI, queda un largo camino por recorrer, para que las mujeres alcancen con plenitud el lugar que les corresponde en todos los estratos de la vida actual.
Cuando viajamos a la memoria textil en esta ciudad, rápidamente acuden a nosotros imágenes de las grandes fábricas, de los imponentes edificios…bajo cuyos techos se daba trabajo a cientos de trabajadores y trabajadoras. También tenemos grabado en nuestras memorias las erguidas chimeneas de carbón, encargadas de mantener el ritmo productivo cuando el río Cuerpo de Hombre – qué nombre tan bonito para un río – era lo suficientemente caudaloso para mantener sin parar a la maquinaria industrial.
Aunque, si seguimos extrapolando este símil al presente, ese enérgico palpitar está lejos del crepuscular pulso actual, que ¡ojalá con el tiempo! retorne pronto hacia el resurgir.
Pero, volvamos al pasado – como se suele decir-, para encontrarnos con las mujeres que dieron vida a la “villa”, que luego pasó a “ciudad” y, más tarde, se ganaría el apelativo de “textil.”
Hablamos primeramente de aquellas mujeres que realizaban las labores de costura en sus casas, que tejían para el autoconsumo, es decir, para realizar los ropajes que ellas y sus familias vestían.
Este fue el germen primigenio que dio la vida a los primeros talleres totalmente artesanales, donde las manos y el buen hacer de las costureras permitía la producción a las incipientes industrias.
Cuenta la reconocida historiadora bejarana, Carmen Cascón, que tareas como el hilado, el escogido de lana o el acabado, se hacían exclusivamente por mujeres. Luego, cargaban sus cestos y traían esa parte del trabajo de su productividad a Béjar de manera diaria. Una actividad que sólo atañía a las mujeres que residían en la ciudad. Pero, no hay que olvidar nunca a las mujeres de la comarca, que también formaban parte de esta curiosa cadena laboral.
Esta industria textil fue “la joya de la corona” para los Duques de Béjar, artífices de grandes avances en la industria y, por consiguiente, del crecimiento de esta rama económica.
Pero no nos dejemos llevar por la etimología masculina de la palabra; porque en la historia, también ellas –las Duquesas-, acometieron avances en el papel que la mujer jugaba en esta industria de aquel entonces.
Termino: mi recuerdo más emocionado, para nuestros queridos hermanos de Valencia, Castilla-La Mancha y Andalucía, a quienes crueles avalanchas de aguas descontroladas, sin límites y sin piedad… se los llevó para siempre, arruinando sus ilusiones, sus medios de subsistencia y sus proyectos de esperanza.
Quiero que todos ellos sepan que, desde este rinconcito de Béjar y Comarca, cuentan con nuestro recuerdo imborrable adherido a lo más profundo de nuestros sentimientos, de nuestros corazones…